Corteza Prefrontal: el director de orquesta

Introducción

A lo largo del día estamos continuamente planificando las cosas que tenemos que hacer, organizando nuestro tiempo y resolviendo problemas cotidianos.

¿Qué es la corteza prefrontal?

Cuando hablamos de este término hacemos referencia a la parte anterior del lóbulo frontal y se extiende por la zona lateral, inferior y medial de dicho lóbulo [1]. En Neuropsicología se ha considerado como el director de orquesta ya que sus funciones pueden considerarse como los elementos más diferenciales entre el ser humano y el resto de animales. Además podemos afirmar que se trata de una zona de asociación, ya que integra información de diferentes áreas cerebrales y a su vez envía información a otras regiones dadas sus conexiones con el resto del cerebro.

La corteza prefrontal es el sustrato anatómico de las funciones ejecutivas. Éstas vienen a formar un constructo teórico que engloba una serie de procesos cuyo objetivo es la conducta dirigida a una meta y la consecución de un fin mediante el control y la regulación de dichas conductas.

Entre los procesos que podemos englobar dentro de la categoría de funciones ejecutivas encontramos la planificación, la selección de metas, autorregulación de la actividad, anticipación de consecuencias futuras, flexibilidad cognitiva, inhibición de conductas no requeridas en el momento, inicio y control de la actividad. [2] Todas ellas juegan un papel esencial en nuestro funcionamiento cognitivo y conductual, en la regulación emocional y de la conducta social.

Centrándonos en la organización anatómica de la corteza prefrontal, debemos hacer referencia a sus 3 partes principales: el área prefrontal dorsolateral, el área medial y el área orbitofrontal. Cada una de ellas está especializada en un tipo diferente de función, si bien debemos considerarlas como un todo que trabaja de forma organizada y coordinada. Veamos a continuación las principales funciones de estas tres partes de la corteza prefrontal. 


Área prefrontal dorsolateral.

Es la parte que ocupa el área lateral del córtex prefrontal. Es la mayor de las tres y la más nueva filogenéticamente hablando y se relaciona con los procesos cognitivos más complejos. Entre sus funciones destacan la memoria de trabajo, la flexibilidad cognitiva, la secuenciación temporal de las acciones, planificación y la solución de problemas. El control atencional, la formación de conceptos y el razonamiento también son funciones llevadas a cabo por este área [1,2].

Área prefrontal mesial

Situada en la parte interna del córtex prefrontal es la base anatómica de las funciones relacionadas con la inhibición conductual, la atención y la regulación de estados motivacionales.

Área prefrontal orbitofrontal

Situada sobre las órbitas de los ojos (de ahí su nombre), en ella se asientan los procesos cognitivos y emocionales que subyacen a las interacciones sociales. Está involucrada en detectar conductas potencialmente peligrosas y en la toma de decisiones en base a yuxtaposiciones de procesos emocionales y racionales [2]


Síntomas asociados a un mal funcionamiento de la corteza prefrontal

Una vez comentadas las diferentes partes que podemos encontrar en la corteza prefrontal, así como las principales funciones asociadas a cada una de ellas, ¿qué podemos observar si se produce un daño o lesión en alguna de las 3 partes principales? En la literatura, el síndrome disejecutivo ha hecho referencia a los signos más cognitivos de una alteración frontal y también se ha considerado como el término que engloba las tres alteraciones que vamos a ver a continuación:

Síndrome disejecutivo

Se produce como consecuencia de un daño en la corteza prefrontal dorsolateral. Si relacionamos lo anteriormente expuesto con la lesión de esta zona, deducimos que lo que se verá afectado principalmente serán los procesos ejecutivos “frios» o más puramente racionales. La memoria de trabajo, la flexibilidad cognitiva (el sujeto se muestra muy rígido y perseverant, no planifica su conducta entre otras (el sujeto no hace ensayos mentales de como va actuar ante una situación nueva antes de llevarla a cabo por lo que no puede predecir las consecuencias de la [4] además, su lesión provoca apatía y pérdida de la conducta autoiniciada.

Síndrome orgánico de la personalidad

En segundo lugar encontramos la lesión en el área orbitofrontal, que da lugar al síndrome orgánico de la personalidad, subtipo desinhibido. Ejemplo de ello es el caso de Phineas Gage, quien sufrió una lesión con una barra de acero que dañó el área orbitofrontal izquierda. Tras esta lesión sufrió un cambio en su personalidad. Este cambio derivó en una personalidad despreocupada, irresponsable e imprudente, inestable emocionalmente, desinhibido e impulsivo, egocéntrico y carente de empatía hacia los demás [3].

Mutismo acinético

Por último y haciendo referencia a la tercera de las partes en las que hemos dividido el córtex prefrontal, encontramos la lesión en la zona mediaSi ésta se encargaba de la atención y estados motivacionales, su lesión puede provocar mutismo acinético, un cuadro muy grave cuyos síntomas son apatía y pérdida de iniciativa (en un grado mucho mayor que la apatía que puede encontrarse en la lesión dorsolateral), desinterés ante todo tipo de estímulos, y ausencia de actividad espontánea tanto verbal como motora.

Conclusiones

La lesión en el córtex prefrontal supone el mal funcionamiento del sujeto en tareas que precisan de las funciones ejecutivas. Hemos visto cómo diferentes partes se encargan de funciones diferentes y que su lesión da lugar a distintos síndromes. Sin embargo, en la clínica es muy difícil encontrarnos con casos puros, por lo que necesitamos ser cautos a la hora de afirmar que la lesión en una zona concreta dará lugar a unos síntomas específicos. De lo único que no cabe duda es que las funciones ejecutivas se localizan en el lóbulo prefrontal y que sin ellas funcionando en su nivel óptimo, el sujeto tendrá grandes dificultades para el funcionamiento individual y social.


Referencias bibliográficas

  1. García-Molina, A., Enseñat-Cantallops, A., Tirapu-Ustarrioz, J., Roig-Rovira, T. (2009). Maduración de la corteza prefrontal y desarrollo de las funciones ejecutivas durante los primeros cinco años de vida. Revista de Neurología, 48, 435-440.
  2. Lozano, A., Ostrosky, F. (2011). Desarrollo de las funciones ejecutivas y de la corteza prefrontal. Revista de Neuropsicología, neuropsiquiatría y neurociencias, 11 (1), 159-172
  3. Navas, E., García, J.J. (2004). El síndrome disejecutivo en la psicopatía. Revista de Neurología, 38 (6), 582-590.
  4. Pararda, M., Corral, M., Fernández, M.C, Fernando, M. (2007). Rendimiento de los pacientes alcohólicos en la evaluación comportamental del Síndrome Disejecutivo (BADS). Mapfre Medicina, 18 (1).
María José Vega Pedrero

María José Vega Pedrero

Psicóloga especialista en Neuropsicología.

Cinco hábitos que mejorarán tu memoria

Introducción

Todos nos hemos quejado alguna vez de nuestra memoria. Dónde pusimos las llaves, cómo se llama la calle por la que pasamos a diario o cual es la contraseña de una de nuestras cuentas suelen ser olvidos frecuentes que nos frustran, nos preocupan y a menudo nos hacen pensar que no podemos hacer nada para combatirlos.

Por fortuna, existen estrategias y hábitos de vida con los que se ha demostrado que podemos mejorar nuestra memoria a corto y a largo plazo y con los que lograremos ejerceremos un importante control sobre ella. Aquí hemos seleccionados algunos de estos hábitos a adquirir y con los que puedes empezar hoy mismo.


Relaciona la nueva información con lo que ya conoces

Una de las estrategias más eficaces y a la vez antiguas para potenciar la memoria es el método de loci. Conocido ya desde la época de los griegos y los romanos este método consiste en relacionar la información a aprender con un entorno familiar.

Por ejemplo, si queremos memorizar un número de teléfono, nos imaginaremos caminando por cada una de las habitaciones de nuestra casa, viendo a los números en algún lugar de éstas (el 6 en el recibidor, el 9 en la cocina, y así). Si estás pensando que esta estrategia requiere esfuerzo estás en lo cierto. Al principio te costará comenzar a usarla, pero una vez te acostumbres la emplearás casi sin darte cuenta.

De hecho, el 90% de los participantes en campeonatos de memoria a nivel internacional confiesan utilizar esta estrategia. Además, gracias a la resonancia magnética funcional se sabe que la actividad cerebral en regiones involucradas en la navegación y la memoria espacial es mayor en estos participantes en relación a los que no lo son [5].

No te saltes una noche de sueño, y si lo haces duerme siesta

Muchas son las evidencias que indican que el sueño es un estado óptimo para la consolidación de lo aprendido durante el día [8]. La forma en la que esto sucede es por una parte, gracias a que durante el sueño se produce una activación espontánea de la actividad neural que tuvo lugar durante el aprendizaje y por otra parte, mediante la transferencia de la información reactivada a diferentes regiones de la corteza para su integración con otras memorias [2].

Un estudio publicado en 2016 se observó que dormir 5 horas al día suponía alteraciones en la memoria debido a una disminución de la longitud y densidad de las dendritas (ramificaciones de la neurona encargadas de recibir información proveniente de otras neuronas) en el hipocampo, una de las regiones más importantes para la formación de memorias. Por suerte, una siesta de 3 horas revirtió los efectos de la privación de sueño y permitió que las dendritas volvieran a su estructura normal [4].


Elige chocolate negro en lugar de blanco

Para alegría de muchos, el cacao ha demostrado ser un potente aliado de la memoria. Un estudio en personas jóvenes en el que se les suministraba una barra de chocolate negro o blanco a las 9 de la mañana y se les realizaban pruebas cognitivas 2 horas después, demostró que solamente aquellos individuos que tomaron el chocolate negro incrementaron significativamente sus puntuaciones en los test de memoria [3].

Los beneficios asociados al chocolate negro se cree que son debidos principalmente a los flavonoides, una sustancia antioxidante que también se halla en las frutas. Aunque todavía no se conoce con exactitud el mecanismo de acción de los flavonoides parecen estar involucrados en la dilatación de los vasos sanguíneos, la disminución de la neuroinflamación, la protección de las neuronas más vulnerables y el incremento de su función.

Teniendo esto en cuenta, no sorprende que los fallos de memoria asociados a la edad también se vean amortiguados por el consumo de flavonoides. Un estudio descubrió que la ingesta de una bebida alta en flavonoides provenientes del cacao durante 3 meses incrementó la memoria de un grupo de personas mayores así como la actividad metabólica en el giro dentado, un área de la formación del hipocampo [1].

Mantente activo y aprende caminando

El mero hecho de caminar a la vez que se aprender beneficia a la memoria. Un estudio confirmó que las personas de entre 18 y 30 años que escuchaban vocabulario de otra lengua mientras caminaban al ritmo que ellos elegían recordaban un mayor número de palabras que los que lo hicieron sentados un día más tarde (7).

Las regiones del cerebro que reaccionan en mayor medida a la actividad física son las mismas que se ven afectadas por el consumo de flavonoides o a la restricción de sueño. Así, las personas jóvenes con alta capacidad aeróbica tienen un mayor volumen en regiones de la formación hipocampal (9). Ello supone una excelente protección a enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer, cuya patología comienza precisamente en dichas regiones.

Focaliza tu atención, una cosa por vez

El requisito indispensable para aprender y posteriormente recordar algo es haberle prestado atención en primer lugar. Tan obvia como resulta esta afirmación es su dificultad para cumplirla. Hoy en día parece casi imposible fijar nuestra atención en una sola cosa cuando al mismo tiempo que estamos leyendo, miramos las últimas actualizaciones en nuestras redes sociales, por ejemplo.

Una forma de mejorar nuestra memoria es aumentando la capacidad para concentrar nuestra atención. Entre las estrategias que mejores resultados muestra es la práctica de mindfulness o consciencia plena. Se ha comprobado que un curso de tan solo 2 semanas de duración es suficiente para disminuir las distracciones y mejorar el rendimiento cognitivo [6].


Referencias bibliográficas

  1. Brickman, A.M., Khan, U.A., Provenzano, F.A., Yeung, L.-K., Suzuki, W., Schroeter, H., Wall, M., Sloan, R.P., Small, S.A., 2014. Enhancing dentate gyrus function with dietary flavanols improves cognition in older adults. Nature Neuroscience 17, 1798-1803.
  2. Diekelmann, S., Born, J., 2010. The memory function of sleep. Nature Reviews: Neuroscience 11, 114-126
  3. Field, D.T., Williams, C.M., Butler, L.T., 2011. Consumption of cocoa flavanols results in an acute improvement in visual and cognitive functions. Physiology and Behavior 103, 255-260.
  4. Havekes, R., Park, A.J., Tudor, J.C., Luczak, V.G., Hansen, R.T., Ferri, S.L., Bruinenberg, V.M., Poplawski, S.G., Day, J.P., Aton, S.J., Radwańska, K., Meerlo, P., Houslay, M.D., Baillie, G.S., Abel, T., 2016. Sleep deprivation causes memory deficits by negatively impacting neuronal connectivity in hippocampal area CA1. eLife 5, e13424.
  5. Maguire, E.A., Valentine, E.R., Wilding, J.M., Kapur, N., 2003. Routes to remembering: the brains behind superior memory. Nature Neuroscience 6, 90-95.
  6. Mrazek, M.D., Franklin, M.S., Phillips, D.T., Baird, B., Schooler, J.W., 2013. Mindfulness training improves working memory capacity and GRE performance while reducing mind wandering. Psychological Science 24, 776-781.
  7. Schmidt-Kassow, M., Deusser, M., Thiel, C., Otterbein, S., Montag, C., Reuter, M., Banzer, W., Kaiser, J., 2013. Physical Exercise during Encoding Improves Vocabulary Learning in Young Female Adults: A Neuroendocrinological Study. PloS One 8, e64172.
  8. Stickgold, R., Walker, M.P., 2013. Sleep-dependent memory triage: evolving generalization through selective processing. Nature Neuroscience 16, 139-145.
  9. Whiteman, A.S., Young, D.E., Budson, A.E., Stern, C.E., Schon, K., 2016. Entorhinal volume, aerobic fitness, and recognition memory in healthy young adults: A voxel-based morphometry study. Neuroimage 126, 229-238.
Laura Prieto del Val

Laura Prieto del Val

Doctorando en Neurociencia.

Aarón del Olmo: el neuropsicólogo debe trabajar el lenguaje junto al logopeda

El mundo 2.0 te permite conocer gente fascinante que día a día lucha por el avance de la disciplina y, en alguna que otra ocasión, quedan tras el anonimato, como muchos otros investigadores en nuestro país. En esta ocasión tenemos entre nosotros a Aarón del Olmo.


¿Quién es Aarón del Olmo?

Pues un apasionado de la ciencia y del cerebro. Desde que tengo uso de razón he admirado a científicos y filósofos que se hacían preguntas que a veces nadie se planteaba y que encima, iban y se dedicaban a intentar responderlas.

Una de esas preguntas que ha marcado mi desarrollo profesional ha sido la de cómo funciona nuestro cerebro y, el tratar de sacar algunas respuestas parciales, lo que me ha ido llevando de un sitio a otro hasta terminar ejerciendo de Neuropsicólogo Clínico y me ha dado la oportunidad de poder trabajar ayudando a aquellas personas que tienen un daño cerebral a rehabilitarse.

Trayectoria profesional

A continuación, con el fin de que el lector conozca algo más sobre su trabajo, le realizaré una serie de preguntas.

¿En qué está trabajando actualmente?

Actualmente trabajo en la Asociación para la Rehabilitación y Prevención de la Afasia, dedicándome a la rehabilitación de personas que por diversos tipos de daño cerebral adquirido han desarrollado una Afasia.

También me dedico a temas de investigación, estudiando cómo funciona la reserva cognitiva en personas mayores, o al estudio de algunos paradigmas de atención en Psicología Comparada. Y a la docencia… ¡cuando me dejan!

¿Cuáles son sus futuros proyectos? o ¿qué proyectos le gustaría emprender?

La verdad es que me gustaría realizar algo de investigación sobre la rehabilitación en pacientes crónicos de Afasia, es decir, aquellos que han superado un periodo de uno o dos años tras la lesión cerebral.

Hay algunas ideas arraigadas en muchos profesionales, como considerar que tras este periodo no hay margen de mejora, que muchos pacientes con los que trato en el día a día se empeñan en demostrarme que no son del todo correctas.


Algunos apuntes sobre Neuropsicología

Como neuropsicóloga son bastantes las cuestiones que me gustaría plantearle. No obstante, debido a la escasez de tiempo, le plantearé algunas preguntas que a mi parecer podrían ser interesantes para el lector.

Como experto en patologías relacionadas con el lenguaje, ¿cree que el neuropsicólogo juega un papel clave en el proceso de rehabilitación de este tipo de patologías?

En mi opinión, tiene un papel muy importante y necesario en el proceso de rehabilitación. Primero, porque el lenguaje es una función cognitiva, ámbito natural de actuación del neuropsicólogo.

En segundo lugar, porque tal y como funciona el cerebro, no se puede (¡ni se debe!) concebir el lenguaje como una función aislada del resto de funciones cognitivas.

Es justo al revés, el lenguaje puede verse afectado por alteraciones en otras funciones, y si no se sabe evaluar puede reducirse mucho el efecto positivo que un programa de rehabilitación puede tener sobre la persona.

Hablar parece fácil, todos lo hacemos a veces casi sin pensar en cómo lo hacemos, pero sin embargo ponen en marcha a muchísimos procesos y funciones cognitivas que hay que controlar muy bien para entender cómo podemos ayudar al paciente.

¿Cómo distinguiría la labor del neuropsicólogo en este sentido de la del logopeda?

Esa pregunta siempre es polémica. Y creo que siempre es polémica porque lo que parece es que hablamos de cambiar uno por otro, cuando sin embargo ambos deben trabajar juntos cuando nos encontramos ante una afasia.

El neuropsicólogo tiene, como decía antes, una formación específica en el funcionamiento cognitivo que le permite valorar si las alteraciones del lenguaje que presenta un paciente derivadas por un daño cerebral son primarias o bien, secundarias a la alteración de otra función. Esa información es vital para decidir cómo programar la rehabilitación del paciente.

Sin embargo, también hay una serie de conocimientos que posee el logopeda que el neuropsicólogo desconoce por formación y que son básicos también para la valoración, como pueden ser aspectos más relacionados con el habla y muchos otros. De igual manera, esos conocimientos son dos perspectivas que se necesitan integrar durante el propio proceso de rehabilitación.

¿Qué les diría a todos aquellos que piensan que este tipo de actividades constituye un intrusismo laboral?

Pues que mientras el lenguaje sea considerado una función cognitiva, entra dentro del ámbito del trabajo del neuropsicólogo, por lo que el término intrusismo se estaría utilizando de forma incorrecta.

De hecho, a veces está mal visto que un neuropsicólogo tenga conocimientos en profundidad sobre el lenguaje, cuando es fundamental para poder valorar otra funciones cognitivas.

Creo que en gran parte, el problema se debe al desconocimiento de lo que hace el neuropsicólogo, no solo entre la gente de a pie, sino incluso entre profesionales de otros ámbitos que solo se quedan con eso de “el que pasa pruebas” o “el que se encarga el área emocional” (esto nunca lo he entendido, la verdad).

Supongo que resulta fácil acusar de intrusismo sin conocer el verdadero papel del neuropsicólogo. Lo que está claro es que ni el neuropsicólogo, ni el logopeda ni otros profesionales de la rehabilitación deben considerarse como “el único y necesario” para “curar” a un paciente, porque cuando varias disciplinas se coordinan para abordar un caso, los resultados para la persona son mejores. Y es eso lo que importa, a fin de cuentas.


El futuro de la Neuropsicología

En la actualidad, el futuro de la Neuropsicología es uno de los temas más controvertidos. Nos gustaría conocer su opinión al respecto.

¿Qué piensa sobre el futuro de la disciplina?

Opino que tiene mucho camino por delante que recorrer. Como disciplina relativamente joven aún tiene que vencer mucho escepticismo que surge desde fuera, que creo es fruto de la desinformación.

Pero soy bastante optimista. A nivel hospitalario, aunque no sea a través de un sistema de oposiciones, la figura del neuropsicólogo se va instalando poco a poco y raro es ver equipos de trabajo que de una forma u otra no cuenten con uno.

Aunque todo eso debe ser regulado. También veo muy importante el papel del neuropsicólogo en los colegios, para la identificación de alteraciones cognitivas en el desarrollo y la creación de programas que permitan superarlas.

Sí, yo veo que la Neuropsicología es muy útil en muchos ámbitos, que ya lo ha demostrado y lo sigue demostrando, y que al final, lo que es útil, prospera.

¿Qué opina de las de las acreditaciones en Neuropsicología?

¿No hay preguntas fáciles hoy? Lo primero de todo, que es necesaria. Sin una acreditación, cualquiera puede decir que es neuropsicólogo sin tener la formación adecuada y echar por tierra el trabajo que otros neuropsicólogos llevan realizando años para demostrar que es una profesión necesaria para la rehabilitación del daño cerebral.

Es necesaria también para que otras personas, de otras disciplinas que no tienen formación en el funcionamiento cognitivo no decidan que pueden trabajar valorando y rehabilitando estas funciones. El problema no es que no sea necesario.

El problema es cómo se lleva a cabo para que sea ajustada a la realidad formativa, profesional y laboral de nuestro país.

Ya existen unos criterios para la acreditación en neuropsicología, pero son una base, ya que quedan aristas que pulir.

Uno de los grandes problemas ahora mismo es si es necesario ser psicólogo general sanitario para poder acreditarse como neuropsicólogo.

O lo que es lo mismo, si hay que ser psicólogo clínico para ser neuropsicólogo. Aún hay mucho debate abierto y sinceramente, a los que menos beneficia es a los que están empezando a formarse e invierten su tiempo y dinero sin tener claridad de que esa inversión va a permitirles ejercer como neuropsicólogos.

¿Cuál es, en su opinión, el gran reto al que nos enfrentamos hoy en día los Neuropsicólogos?

Creo que el gran reto es irse adaptando a los nuevos cambios que van provocando los avances de la neurociencia. Adaptarse para el papel que un neuropsicólogo puede desempeñar en equipos de trabajo que implementen nuevas técnicas en rehabilitación como las que se van desarrollando.

Creo que la neuropsicología surgió como respuesta a preguntas que la neurociencia iba respondiendo sobre cómo funcionaba el cerebro, y que todas las respuestas que van a ir viniendo en los próximos años, cada vez de forma más acelerada, van a ir transformando la percepción que se tiene del neuropsicólogo y perfilando diferentes entornos donde se va a considerar como imprescindible.

Y para ello también es necesario que sepamos transmitir y defender nuestra utilidad.

Agradecimientos

Desde aquí me gustaría agradecer publicamente a Aarón del Olmo su entrega y disponibilidad con todo el equipo de Hablemos de Neurociencia, en especial, conmigo.

Gracias por su confianza, su tiempo y esfuerzo

Carla Andreia Carvalho Gómez

Carla Andreia Carvalho Gómez

Grado en Psicóloga. Formación en Neuropsicología

La unidad neurovascular: el cerebro mucho más que neuronas

Introducción

En la comunidad científica, y en el público en general, existe una fuerte asociación entre la neurociencias y el estudio del cerebro, con un énfasis particular: las neuronas. Si preguntamos a cualquier persona ¿cuáles células conforman el cerebro?, responderán sin dudarlo: las neuronas. Efectivamente, las neuronas son el miembro más conocido del sistema nervioso central (SNC) y sus propiedades han sido ampliamente estudiadas durante el último siglo. Por esta razón, son ampliamente conocidas sus funciones en diversas actividades humanas como el movimiento, la sensación y la cognición.

Sin embargo, incluso los neurocientíficos parecen olvidar que el cerebro está constituido de mucho más que neuronas. El año pasado se celebró en Dinamarca la Conferencia Europea para Estudiantes de Neurociencias (ENCODS 2016), que este año se celebrará en Alicante, España, donde observé una cuestión particular. De la muestra de casi cien estudiantes doctorales de toda Europa, alrededor del 90% de ellos estudiaban neuronas. ¿Qué pasa con las células endoteliales, los astrocitos, los oligodendrocitos, las microglías, los pericitos, y las células de Schwann, entre otras? Solamente dos de los estudiantes, incluyéndome, nos dedicábamos a estudiar los astrocitos, por ejemplo, a pesar de que este tipo de célula glial dobla en número a las neuronas en el cerebro humano.

El panorama en el campo de la Neurociencia en general no es muy diferente. La mayoría de los esfuerzos por entender el cerebro se enfocan en el estudio de diversas propiedades de las neuronas. No obstante, algunos tenemos la expectativa de que este panorama cambie en los próximos años. Desde hace por lo menos dos décadas, puede encontrarse literatura neurocientífica haciendo uso del concepto de Unidad Neurovascular (NVU, por sus siglas en inglés) [2] o incluso Unidad Neurogliovascular [5].


Un nuevo concepto integrativo en la Neurociencia: La unidad neurovascular

El concepto de unidad neurovascular nos recuerda que el cerebro está compuesto por una comunidad celular diversa que opera coordinadamente. Fenómenos como la consciencia, el sueño y la vigilia, la percepción, y el movimiento no son solo producto de la actividad neuronal, por el contrario, son el resultado de la acción organizada de decenas de células y factores que dirigen el funcionamiento cerebra en condiciones de salud o patológicas.

En general, puede decirse que la unidad neurovascular está compuesta por al menos ocho miembros: microglías, oligodendrocitos, pericitos, astrocitos, neuronas, matriz extracelular, células endoteliales y células del sistema inmune [2]. La arquitectura de este conjunto es el resultado de cascadas genéticamente programadas que se desarrollan durante la embriogénesis. Gracias a sus orígenes comunes en el embrión, las células que componen la NVU son susceptibles a los mismos factores de crecimiento, y comparten diversas estructuras y funciones que les permite trabajar de manera organizada y recíproca. Aunque podrían indicarse roles individuales para cada uno de los componentes, es difícil definir roles precisos y únicos para cada tipo celular, debido a gran parte de sus funciones están interrelacionadas [6].

Astrocitos, Matriz Extracelular

Los astrocitos son la principal población celular en el SNC, doblando a las neuronas en el humano y un tercio en el ratón. En general, podría decirse que los astrocitos mantienen una interacción indirecta con todo el SNC a través de la expresión de una amplia gama de receptores para neurotransmisores, citoquinas y toxinas, y a través de la liberación de moléculas de la matriz extracelular para regular el agua extracelular, el PH el tejido, y la disponibilidad de metabolitos, entre otros. Del mismo modo, tienen contacto directo con el sistema vascular y neuronal, envolviendo las vasos sanguíneos para controlar el flujo sanguíneo y liberando trasmisores en la hendidura sináptica [1].

Los principales factores que secretan los astrocitos son las moléculas de la matriz extracelular (ECM, por sus siglas en inglés). La ECM es un compuesto de alrededor de 300 proteínas que se encuentran organizadas tridimensionalmente en el espacio extracelular y que constituyen el ambiente extracelular en todos los tejidos mamíferos. Aunque su principal fuente son los astrocitos, las moléculas de la ECM pueden ser secretadas por neuronas y otras células gliales, y su función es modular dinámicamente todo el espectro de funciones celulares, incluyendo la integridad y arquitectura del tejido cerebral mecánicamente o a través de señalización [3]. Particularmente, después de una lesión, las moléculas de la ECM, especialmente la Tenascina-C y el neurocan, son las encargadas de regular las señales inflamatorias del tejido y de conformar la cicatriz fibrótica en el foco de la lesión.

Microglías y células del sistema inmune

Las microglías son una población celular derivada del sistema inmune que constituyen aproximadamente el 20% de la población celular del SNC. Al igual que las células del sistema inmune como las células T, las microglías juegan un papel fundamental durante lesiones del SNC, donde sobre expresan receptores de membrana conocidos como los Toll-like receptors (TLRs), que juegan un papel decisivo en las cascadas patofisiológicas. Las funciones de las microglías y las células del sistema inmune están ligadas a la liberación de citoquinas que llevan a la inflamación del tejido, la muerte celular y disfunción de la berrera hematoencefálica (BBB, por sus siglas en inglés). De la misma manera, las microglías expresan canales de potasio, sodio y calcio que están relacionados con la proliferación, mantenimiento del potencial de membrana, regulación del PH y control del volumen celular [5].


Células endoteliales y pericitos

Las células endoteliales juegan un papel crítico en la conformación y funcionamiento de la BBB, a través de las tight junctions, complejos que regulan el intercambio de compuestos desde y hacia el exterior del SNC. Del mismo modo, la BBB controla el suministro de nutrientes y la eliminación de componentes tóxicos potenciales del cerebro. Sin embargo, es también la responsable de evitar que potenciales componentes terapéuticos entren al cerebro. Por este motivo, investigar los mecanismos y propiedades permeables de la BBB es un punto fundamental para el desarrollo de componentes terapéuticos para tratar diversas patologías [4].

Finalmente, los pericitos, menos conocidos, son células contráctiles unidas a los vasos capilares, cuya función principal es la conformación y regulación de la BBB y el flujo sanguíneo. En este aspecto, se ha observado que una localización coherente de proteínas endoteliales se logra solo en co-cultivo con pericitos. Es de resaltar, que la función de los pericitos en el SNC sano y patológico ha empezado a ser explorada solo recientemente, por lo que constituye un campo novedoso de investigación en Neurociencia. Se ha descubierto, que a través de su comunicación con otras células de la NVU, los pericitos contribuyen a la regulación del acoplamiento neurovascular, a la entrada de células inmunes al SNC después de una lesión, la regulación de angiogénesis y la formación de la cicatriz glial [4].


Conclusión

No hay evidencia que indique que las neuronas son el principal componente de la unidad neurovascular, ni razones claras que permitan entender por qué la gran parte de la investigación neurocientífica se enfoca en ellas. Tal vez, es solo cuestión de costumbre y de seguir un paradigma dominante sin sentarse a observar el cuadro completo.

En la presentación oral que realicé en ENCODS 2016, argumenté ante un atónito público de estudiantes de neurociencias que las neuronas no son ni de lejos el componente más importante del SNC, y que el funcionamiento de la unidad neurovascular tiene como eje a los astrocitos.

Homeostasis

La homeostasis del tejido en general y múltiples funciones de todos los tipos celulares, están guiadas por los astrocitos y sus moléculas secretadas. Al principio, por supuesto, los investigadores se inclinan por la defensa de las bien conocidas y ampliamente estudiadas neuronas.

Pero cuando se pone sobre la mesa el hecho de que los astrocitos son viables sin neuronas, pero las neuronas no lo son sin los astrocitos; y que los astrocitos están en la capacidad de soportar estrés metabólico y proveer soporte a otras células, mientras que las neuronas son débiles y egoístas (no hay evidencia que soporte que la función de las neuronas ayuda a la viabilidad de otras células), el panorama se pinta distinto.

Aún me pregunto por qué en diversidad de estudios sobre patologías cerebrales se sigue intentado salvar a las neuronas y no a los astrocitos, por ejemplo, que son más útiles para el estado de salud general del tejido.

Lo cierto es, por el momento, que el estudio de la NVU en su conjunto está en sus inicios, y que el concepto en sí mismo planeta una visión mucho más integrada del funcionamiento del SNC. Si alguna vez lograremos desentrañar toda su complejidad, es algo que los libros de historia del futuro nos dirán.

Referencias

  1. Anderson, M. A., Ao, Y., & Sofroniew, M. V. (2014). Heterogeneity of reactive astrocytes. Neuroscience Letters, 565, 23–29. https://doi.org/10.1016/j.neulet.2013.12.030
  2. Dirnagl, U. (2012). Pathobiology of injury after stroke: The neurovascular unit and beyond. Annals of the New York Academy of Sciences, 1268(1), 21–25. https://doi.org/10.1111/j.1749-6632.2012.06691.x
  3. Dzyubenko, E., Gottschling, C., & Faissner, A. (2015). Neuron-Glia Interactions in Neural Plasticity : Contributions of Neural Extracellular Matrix and Perineuronal Nets. Neural Plasticity, 2016, 498037. https://doi.org/10.1155/2016/5214961
  4. Hawkins, B. T., & Davis, T. P. (2005). The Blood-Brain Barrier / Neurovascular Unit in Health and Disease. Pharmacological Reviews, 57(2), 173–185. https://doi.org/10.1124/pr.57.2.4.173
  5. Khanna, A., Kahle, K. T., Walcott, B. P., Gerzanich, V., & Simard, J. M. (2014). Disruption of Ion Homeostasis in the Neurogliovascular Unit Underlies the Pathogenesis of Ischemic Cerebral Edema. Translational Stroke Research, 5(1), 3–16. https://doi.org/10.1007/s12975-013-0307-9
  6. Muoio, V., Persson, P. B., & Sendeski, M. M. (2014). The neurovascular unit – concept review. Acta Physiologica, 210(4), 790–798. https://doi.org/10.1111/apha.12250
Daniel Manrique Castaño

Daniel Manrique Castaño

Doctorando Graduate School of Biomedical Science.

¿Existe el sexo femenino y masculino?

Introducción

Desde los inicios de la civilización el ser humano ha distinguido y establecido diferentes roles a las personas atendiendo al sexo, a la cultura en concreto de la región y al momento histórico específico que se analice. Con respecto a estas circunstancias, se ha establecido lo que se conoce como género. Es importante poder distinguir claramente entre sexo y género porque, aunque puedan parecer que son lo mismo, en realidad no.


¿A qué hacemos referencia cuando hablamos de sexo y género?

Con respecto al sexo, este concepto hace referencia a la configuración genital de los individuos de la especie en concreto, siendo la norma general (exceptuando casos como el del hermafroditismo, por ejemplo) el hecho de que uno de los dos sexos (el masculino) genera espermatozoides y el otro (el femenino) genera óvulos, siendo ambos tipos de células las encargadas de formar un nuevo individuo producto de su unión.

Con respecto al género, este concepto es mucho más social y cultural, ya que hace referencia a la identidad del individuo como integrante de su entorno social. En este concepto se engloban tres ideas: rol de género, identidad de género y orientación de género.

Rol de género

El rol de género hace referencia a las ideas, expectativas y papel que se espera que cumplan los individuos de determinado género en su sociedad; en la segunda idea, la identidad de género, se hace referencia a cómo se percibe un individuo concreto en su realidad en el entorno social que le toca vivir y la tercera idea, orientación de género, está relacionada con la atracción sexual que un individuo en concreto tenga hacia uno o más géneros.

En la mayor parte de culturas del mundo se ha establecido, salvo anomalías genéticas y casos concretos como la tratable disforia de género, históricamente por defecto que el sexo masculino corresponde al género hombre y el sexo femenino corresponde al género mujer. No obstante, existen casos particulares de géneros que están moldeados por el entorno cultural concreto, por ejemplo: En La India existe un “tercer género” llamado “hijra” cuyos individuos pueden ser sexualmente masculinos o femeninos pero se identifican con este género, y va al margen de qué etnia o religión profesen; en la tribu americana navajo existen el hombre masculino, el hombre femenino, mujer femenina y mujer masculina además del caso del hermafrodita “nadle” [8-12].


¿Existen realmente un cerebro masculino y femenino?

Una vez presentados y explicados estos conceptos, el siguiente paso consiste en intentar responder a la pregunta que se plantea en el título del artículo, y para ello es importante hacer hincapié en una de las ideas explicadas en el párrafo anterior: El rol de género. En multitud de ocasiones, esta idea ha estado condicionada por factores fisiológicos evidentes, tales como las diferencias físicas derivadas del sistema hormonal (mayor masa muscular en el caso masculino, fertilidad más limitada con la edad y condicionada por ciclos menstruales en el caso femenino, por ejemplo), y la cuestión es: ¿condiciona el sexo nuestro sistema nervioso? [1]

Para empezar a responder a la pregunta, hay que hacer referencia a ciertas afirmaciones que se pueden escuchar tanto en círculos académicos y profesionales relacionados con la neurociencia como en círculos más informales de forma bastante frecuente: Los hombres tienen mejor capacidad de orientación viso-espacial, los hombres son más directos hablando, los hombres tienen una mayor y mejor capacidad de razonamiento lógico, las mujeres tienen una gran agudeza visual para discriminar entre gamas cromáticas de colores, las mujeres son menos directas hablando o las mujeres tienen una mejor gestión y diferenciación de las emociones, por ejemplo.

¿Tienen base científica semejantes afirmaciones?

En algunos casos sí: En el caso de la discriminación cromática femenina, se conoce por estudios experimentales que por norma general sus conos (células de la retina encargadas de la discriminación del espectro cromático y el movimiento) tienen una agudeza y una precisión mayores, lo que les proporciona una vista más precisa que en el caso masculino.

Caso masculino

En el caso masculino, la más clara de las citadas anteriormente en cuanto a nivel de estudios realizados es la de la capacidad viso-espacial, ya que se conoce a nivel experimental que su configuración visual y cerebral por norma general propicia una mejor habilidad para observar el entorno y poder hacer estimaciones acerca de cómo alcanzar cierto objeto o calcular cómo arrojar un objeto para alcanzar a un objetivo concreto en su ubicación.

Caso femenino

Con respecto al tema de hablar más o menos, atribuido a mujeres y hombres respectivamente, hay cierta evidencia que apoya esta teoría: Durante el acto del habla se activa una región conocida como “Área de Broca” (región de Brodmann número 44) para poder llevar a cabo dicho acto. Diversos estudios de neuroimagen han revelado que durante el habla una diferencia relevante entre sexos es que mayoritariamente en el caso femenino hay activación bilateral, estando los dos hemisferios activos, mientras que en el caso masculino mayoritariamente lo que ocurre es que sólo está activo el hemisferio izquierdo, el hemisferio encargado normalmente de ser el que trabaja con material verbal [2, 5, 6, 7].

Tras estos ejemplos citados anteriormente, puede dar la impresión de que todos y cada uno de los procesos psicológicos básicos que posee el ser humano están condicionados por su sexo biológico y, por ende, a cada sexo hay que atribuirle una serie de roles característicos que se ajusten a sus capacidades físicas y psicológicas.

¿Es esto cierto?

No. Esta afirmación no es cierta por una serie de cuestiones que se citan a continuación: La gran variabilidad individual de unos individuos a otros, el momento social e histórico que cada pueblo vive o la cantidad de similitudes que tienen los cerebros masculino y femenino. Aunque se han citado diferencias entre cómo son ciertos procesos cognitivos en función del sexo, no deja de ser cierto que existen muchas similitudes debido a que forman parte de la misma especie.

Por ejemplo, tanto en el caso masculino como en el femenino ocurre de forma similar la activación de la corteza cingulada anterior ante un estímulo concreto (imágenes de la persona amada), que la capacidad para percibir sonidos se procesa en el lóbulo temporal del mismo modo o que las vías visuales (vía del qué y vía del dónde) transcurren por los mismos recorridos corticales con independencia del sexo.


Conclusiones

Una vez desarrollado todo este tema, la cuestión de si existe cerebro masculino y cerebro femenino puede decidirse mejor: No existe en tanto que sean cerebros que presenten claras diferencias anatómicas, sino que existen procesos que en el caso masculino y en el caso femenino pueden desenvolverse de modo diferente dadas sus características biológicas y sus diferencias individuales. Por todo esto, hay que tener en cuenta multitud de factores a la hora de realizar ciertas afirmaciones [3, 4].

Referencias bibliográficas

  1. Alcántara, E. (2013). Identidad sexual/rol de género. Debate feminista, 47, 172-201.
  2. BioMed Central Limited. (2012, September 3). The eyes have it: Men and women do see things differently, study of brain’s visual centers finds. ScienceDaily.
  3. De Vries, G. J., & Boyle, P. A. (1998). Double duty for sex differences in the brain. Behavioural brain research, 92(2), 205-213.
  4. Field, T. (2016). Romantic Love. Int J Behav Res Psychol, 4(3), 185-190.
  5. Harasty, J., Double, K. L., Halliday, G. M., Kril, J. J., & McRitchie, D. A. (1997). Language-associated cortical regions are proportionally larger in the female brain. Archives of Neurology, 54(2), 171-176.
  6. Ingalhalikar, M., Smith, A., Parker, D., Satterthwaite, T. D., Elliott, M. A., Ruparel, K., … & Verma, R. (2014). Sex differences in the structural connectome of the human brain. Proceedings of the National Academy of Sciences, 111(2), 823-828.
  7. Lurito, J. T., Phillips, M., Dzemidzic, M., Lowe, M. J., Wang, Y., & Mathews, V. P. (2000). Men do hear—but differently than women, brain images show. In 86th Scientific Assembly and Annual Meeting of the Radiological Society of North America (RSNA), Chicago.
  8. Morris, J. A., Jordan, C. L., & Breedlove, S. M. (2004). Sexual differentiation of the vertebrate nervous system. Nature neuroscience, 7(10), 1034-1039.
  9. Nanda, S. (1999). The hijras of India: cultural and individual dimensions of an institutionalized third gender role. Culture, society and sexuality: a reader. University of California Press, Berkeley, 226-238.
  10. Schilt, K., & Westbrook, L. (2009). Doing Gender, Doing Heteronormativity: “Gender Normals,” Transgender People, and the Social Maintenance of Heterosexuality. Gender & Society, 23(4), 440-464.
  11. Suárez, A. G. (2010, September). Etnicidad y tercer género. In XIV Encuentro de Latinoamericanistas Españoles: congreso internacional (pp. 2385-2399). Universidade de Santiago de Compostela, Centro Interdisciplinario de Estudios Americanistas Gumersindo Busto; Consejo Español de Estudios Iberoamericanos.
  12. Swaab, D. F. (2004). Sexual differentiation of the human brain: relevance for gender identity, transsexualism and sexual orientation. Gynecological Endocrinology, 19(6), 301-312.
Germán Albeleira

Germán Albeleira

Licenciatura en Psicología. Máster en Neurociencias.

¿Qué es la Reserva Cognitiva?

Introducción

La reserva cognitiva es un término neuropsicológico que se refiere a la capacidad de tolerar los cambios en las estructuras cerebrales. Cambios que pueden ser causado tanto por la edad como por alguna patología sobrevenida y que se manifiestan en la propia estructura del cerebro o en las formas de procesamiento de la información.

El término de reserva cognitiva (también denominado reserva cerebral), se acuñó a partir de varias observaciones repetidas donde no existía una relación directa entre la severidad del daño cerebral y el grado de afectación a la hora de la realización de una actividad o tarea, ni con las características clínicas de los pacientes [1].


¿Cómo se produce la reserva cognitiva?

Esta capacidad cognitiva e intelectual, la ha ido acumulando la persona a lo largo de su vida mediante los conocimientos culturales, estudios académicos, actividades de ocio (lectura, juegos, idiomas,etc.) y actividades lúdicas o deportivas que trabajen la psicomotricidad (bailar, hacer deporte, etc.). Además, influyen también las capacidades innatas y los factores genéticos, lo que explicaría la variabilidad individual [3, 4]. El tamaño cerebral ha sido corroborado como variable de reserva en algunos estudios, pero no en todos ha dado una relación positiva [1].

En relación a esto, se sabe que la participación en actividades cognitivamente estimulantes contribuye a la reserva cognitiva. De hecho, el abordaje frecuente de tareas que impliquen un reto intelectual, estaría asociado con un nivel de reserva cognitiva más alto [5].

¿Qué relación existe entre la reserva cognitiva y el deporte?

Además, una de las actividades de ocio más estudiadas es el ejercicio físico. Se ha demostrado una asociación positiva entre la actividad física y el funcionamiento cognitivo en personas mayores. Esto se explicaría porque dicha actividad estimula los factores tróficos y el crecimiento neuronal, posiblemente proporcionando una reserva contra la degeneración y la demencia. Algunos estudios relacionan la actividad física en las primeras etapas de la vida, independientemente de la actividad física actual, con la velocidad de procesar información. Esto sugiere que los individuos físicamente activos en las primeras etapas de su vida pueden beneficiarse de una mayor velocidad de procesamiento de la información en la vejez [5].

También se ha demostrado que la actividad física mantiene y estimula el flujo sanguíneo cerebral, lo que puede provocar una mejora en la capacidad aeróbica y la llegada de nutrientes al cerebro. Además de los cambios estructurales en el cerebro (reserva cerebral), la actividad física en las primeras etapas de la vida puede aumentar la capacidad funcional del cerebro (reserva cognitiva), al aumentar la eficacia nerviosa [5].


¿Qué relación existe entre la reserva cognitiva y determinadas patologías?

La reserva cognitiva actúa como factor protector de la aparición de los síntomas de la demencia. Sin embargo, no detiene las patologías neurodegenerativas cuando están muy avanzadas. Probablemente lo que la reserva cognitiva potencia es la plasticidad y conectividad de las redes neuronales. Una persona con gran reserva cognitiva, tiene su sistema nervioso acostumbrado a adaptarse a los cambios y a usar circuitos neuronales alternativos cuando algún circuito queda dañado. Por ello, las personas con alta capacidad intelectual retardan la evidencia de una demencia, potenciando y usando vías neuronales alternativas cuando la vía principal ha resultado significativamente deteriorada [3].

Existe una hipótesis alternativa denominada “Brain Battering”, que se refiere a que los sujetos con un alto nivel educativo y estatus socioeconómico elevado, tienen una menor exposición a distintas agresiones contra la salud, ya que tienen un estilo de vida más saludable, cuidados médicos de más calidad, etc. Por todo ello, se postula que tendrían menos lesiones de pequeño vaso, los cuales se consideran grandes contribuyentes a la Neurodegeneración [6].

Enfermedad de Alzheimer

Una de las enfermedades neurodegenerativas con las que más se ha estudiado la relación, es con la enfermedad de Alzheimer. Uno de los resultados obtenidos demuestra que, a mayor reserva cognitiva, mayor avance de la patología y mayor tasa de mortalidad. Es decir, los pacientes con mayor reserva cognitiva sobreviven por un periodo de tiempo más corto, pudiendo experimentar un mayor y más rápido deterioro cognitivo aumentando la mortalidad de los mismos frente a los que tienen baja reserva cognitiva. Esto se explica a través de la teoría de la discontinuidad que defiende que no hay continuidad entre patología y severidad manifestada, ya que la reserva cognitiva provoca esta discontinuidad al modular la sintomatología y retrasar su aparición [2,5,6].

El principal teórico de la reserva cognitiva, Yaakov Stern, recopila información a través de las técnicas de neuroimagen, para proponer su modelo que explica los mecanismos estructurales y funcionales cerebrales asociados a la reserva cognitiva en el envejecimiento y en la enfermedad de Alzheimer. A través de su modelo, Stern define un primer componente pasivo y un segundo componente activo o funcional [1].

El primer componente hace referencia a la influencia de las estructuras cerebrales y al número de neuronas o contacto sináptico entre ellas, mientras que el componente activo resalta la eficiencia del procesamiento sináptico, que permitiría seguir funcionando a un determinado nivel clínico o cognitivo ante el avance de una determinada patología cerebral. El estudio de este componente activo, no pretende saber las características estructurales cerebrales que posee el paciente con una mayor reserva cerebral, sino cómo funciona su cerebro y qué estrategias alternativas utiliza para que el paciente pueda seguir rindiendo a nivel clínico o cognitivo a pesar del daño o la patología [1].


Referencias bibliográficas

  1. Bosch Capdevilla, B. (2010). Influencia de la reserva cognitiva en la estructura y funcionalidad cerebral en el envejecimiento sano y patológico. Barcelona: Universidad de Barcelona.
  2. De la Vega, R. y Zambrano, A. (2003). Entrevista temática con el Profesor Yaakov Stern: la reserva cognitiva. La Circunvalación del hipocampo. Extraído de:
  3. Montañés Ibáñez, A. (2012). Enfermedad de Alzheimer y Reserva cognitiva. Publicaciones didácticas.
  4. Redolat, R. y Carrasco, M.C. (1998) ¿Es la plasticidad cerebral un factor crítico en el tratamiento de las alteraciones cognitivas asociadas al envejecimiento? Anales de psicología, 14, 45-53
  5. Rodríguez Álvarez, M. y Sánchez Rodríguez, J.L. (2004). Reserva cognitiva y demencia. Anales de psicología, 20 (2), 175-186.
  6. Sánchez Rodríguez, J.L. y Vecilla Bravo, Y. (2009). Enfermedad de Alzheimer: factores implicados en la reserva cognitiva. Salamanca: Universidad de Salamanca.
Sandra Rodríguez Chinea

Sandra Rodríguez Chinea

Trabajadora social. Grado en Psicología.

¿Qué es el Síndrome de X Frágil?

Introducción

El síndrome de X Frágil (SXF) es el trastorno genético hereditario causante de discapacidad intelectual más frecuente, precedido solamente por el Síndrome de Down.

Está relacionado con alteraciones en el cromosoma X por lo que su prevalencia y manifestación es mayor en varones (1 por cada 4000) que en mujeres (1 por cada 6000) ya que las segundas compensan parte de los déficits al tener dos cromosomas X [3,5]. Se manifiesta con una alta variabilidad intersujetos de alteraciones físicas, cognitivas y conductuales.

Las primeras referencias descriptivas acerca de varones con el fenotipo del SXF se relacionan con Richerand (1800) que señalaba la triada: retraso mental, macroorquidia y dismorfia craneofacial; y con Martin y Bell (1943), por cuya definición este síndrome también fue denominado como de Martin-Bell.

Sin embargo, su nombre actual se debe a Lubs (1969) el cual encontró la zona frágil del cromosoma X relacionada con las alteraciones descritas por los autores anteriores. Así, el SXF es producto de una mutación que provoca que una parte de ADN esté metilada y expandida en exceso [3,6].


Base genética

Concretamente, esta mutación afecta al gen FRM1, del brazo largo del cromosoma X (Xq 27.3), donde se observa un aumento del número de repeticiones del trinucleótido CGG (citosina-guanina-guanina).

Este exceso de repeticiones impide la expresión del gen y por lo tanto la producción de la proteína FMRP1 relacionada con el origen y el desarrollo de nuevas sinapsis [5].

Para que se produzca la proteína FMRP1 el número de repeticiones del CGG tiene que encontrase por debajo de 200. En población normal suele estar entre 20 y 30, en personas portadoras de la mutación entre 50 y 200 (premutación) y en personas con SXF entre 200 y 2000 (mutación completa).

Así, cuando el número de repeticiones es mayor de 200 el gen se inactiva dejando sin producir la proteína que provocará el síndrome [1,3].

Los sujetos que portan los genes (premutados) han sido estudiados debido a la forma en la que se hereda el SXF. Las portadoras transmiten un número de repeticiones del CGG aumentado a su descendencia lo que conlleva que los herederos puedan acabar alcanzando un número mayor a 200.

Dichos datos han fomentado que también se investigue la expresión del fenotipo en premutados ya que se pensaba que no presentarían manifestaciones[1].

Manifestaciones clínicas

En los varones que expresan el fenotipo de la mutación completa se observan unas características faciales típicas, de las cuales se sabe alrededor de un tercio de ellos no las manifiestan y que en las mujeres con la misma condición genética se desarrollan de forma más atenuada y variable.

Dichas características pueden ser: macrocefalia, cara alargada, frente, mentón y orejas prominentes, prognatismo (mandíbula más adelantada), oclusión dental alterada y pliegue del párpado superior acentuado (epicanto).

Asimismo pueden presentar problemas endocrinos (macroorquidia pospuberal); oftalmológicos (estrabismo, miopía, hipermetropía o astigmatismo; nasoauditivos (otitis media y sinusitis recurrentes); del tejido conectivo (hiperlaxitud articular, escoliosis, pies planos); cardíacos (prolapso mitral o dilatación aórtica); y neurológicos (hipotonía y torpeza motora, crisis epilépticas, insomnio y apnea obstructiva) [1,3,4,5].

Las personas portadoras pueden mostrar algunos de estos rasgos físicos de manera atenuada y característicamente sufren mayor riesgo de padecer en la mediana edad fallo ovárico precoz y el síndrome de temblor y ataxia, ambos asociados al SFX [1,3,4].

Discapacidad intelectual

El grado de discapacidad intelectual puede variar desde grave a leve y está relacionado directamente con la expansión de repeticiones de CGG.

A mayor número de repeticiones mayor expresión de este déficit [4]. De esta manera, entre sujetos con mutación completa, los varones (80-90%) presentan grados mayores de discapacidad intelectual en comparación con las mujeres que se ven beneficiadas por su otro cromosoma X que compensa parte de la producción de la proteína. Se estima que alrededor del 70% de éstas manifiestan un déficit intelectual entre límite y leve [1,4]. 


Manifestaciones cognitivas

El SFX expresa un patrón de disfunciones cognitivas y conductas típicas que varían en función del grado de afectación que se expresan en problemas: de integración sensorial, atencionales- ejecutivos, lingüísticos, conductuales, ansiedad social, hiperactividad y rasgos autistas [1,4,5].

Hipersensibilidad

Las personas con SFX presentan una alta sensibilidad ante los estímulos sensoriales, de dolor y de temperatura, acompañada de un déficit en la integración e interpretación de dicha información sensorial.

Este hecho va a desencadenar que perciban dichos estímulos con mayor intensidad y ansiedad dando lugar a que manifiesten distintas reacciones conductuales.

Algunas de ellas pueden ser parte de su repertorio autístico (estereotipias, aleteos, autoestimulación), otras de evitación (por ejemplo del contacto ocular o físico) y otras puramente reactivas (gritos, autoagresión, etc.).

Debido a ello pueden mostrar las mismas conductas y ansiedad ante situaciones en las que la cantidad de estímulos percibidos es elevada (concentraciones de personas, mucho ruido, olores fuertes, etc.) y durante las interacciones sociales ya que muchos de ellos sufren ansiedad social [1,4].

Función ejecutiva

En relación al funcionamiento ejecutivo presentan mucha dificultad a la hora de regular o inhibir su conducta (hiperactividad e impulsividad) y baja flexibilidad cognitiva que se expresa tanto en perseveraciones motrices como lingüísticas.

Son más diestros en la capacidad de mantener la atención pero presentan peor ejecución en atención selectiva, alternante y dividida.

Tienden a perseverar en un estímulo y son poco flexibles a la hora de cambiar el foco atencional, se ven más influidos por los distractores y no planifican a la hora de realizar las búsquedas del estímulo objetivo.

También se ha observado menor capacidad de la memoria de trabajo y de planificación. Aunque en menor y mayor grado estos déficit se dan tanto en mujeres como en hombres con SXF [1,4].

Lenguaje

El desarrollo del lenguaje, al igual que el de la marcha, son los primeros indicadores del síndrome en edades tempranas.

Existen diferencias entre sexos ya que las mujeres muestran un retraso menor en dicha adquisición con respecto a los hombres que tardan más tiempo en manifestarla [1,3,4].

En los primeros años de habla, el lenguaje comprensivo supera al expresivo, sin embargo la comprensión empieza a verse afectada cuando las oraciones son más complejas en su significación.

En cuanto a la fonética, existen problemas para articular los fonemas correctamente, y en cuanto a la fonología, los problemas de procesamiento secuencial se ven suplidos en el habla oral por la gran capacidad de imitación verbal manifestándose más a la hora de escribir.

La mayor dificultad lingüística se observa en la pragmática debido a la ansiedad social. En las interacciones sociales tienden a ponerse nerviosos y se expresan con repeticiones de las mismas palabras o frases, sólo hablan de un tema o saltan de un tema a otro y no mantienen el turno de palabra. Así mismo, dicha ansiedad social puede provocar mutismo en determinados contextos [2,4].

A pesar de que la mayoría de pacientes con SXF presentan sintomatología autista algunas de las características que acabamos de ver son específicas del X frágil como por ejemplo la compresión del lenguaje y la imitación, o el hecho de que aunque las personas con SXF evitan el contacto ocular, físico y social debido a las sensaciones que les provocan, a diferencia de las personas con autismo, si muestran un interés por tener estas interacciones. [4]


Estudios de neuroimagen

Por último, los resultados de las investigaciones de neuroimagen refieren algunos datos que podrían dar explicación a los déficits descritos:

  • Los sujetos con SXF muestran un mayor tamaño del caudado, del tálamo y del hipocampo, y un vermis cerebeloso más pequeño, que explicaría entre otros, el déficit de integración sensorial [1].
  • Los estudios con Resonancia Magnética funcional revelaron una mayor activación de la amígdala en situaciones de contacto ocular que podrían estar asociados con ansiedad, lo que explicaría su característica evitación de la mirada [5]
  • La ansiedad y la hiperactividad también pueden deberse a una disfunción hipotalámica [4].

Referencias bibliográifcas

  1. Artigas-Pallarés J, Brun C y Gabau E. Aspectos médicos y neuropsicológicos del Síndrome de X Frágil. REV NEUROL 2001; 2 (1): 42-54.
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  3. Glóver-López G, Guillén-Navarro E. Síndrome X frágil. Rev Neurol 2006; 42 (Supl 1): S51-54
  4. Medina Gómez, B. El síndrome X frágil: identificación del fenotipo y propuestas educativas. Revista Española de Discapacidad 2014; 2 (2): 45-62.
  5. Ruggieri VL. La amígdala y su relación con el autismo, los trastornos conductuales y otros trastornos del neurodesarrollo. Rev Neurol 2014; 58 (Supl 1): S137-48.
  6. Serrano-Castro PJ, Serrano-Castillo P. Descripción histórica de la asociación de macroorquidia, retraso mental y dismorfia craneal en varones (síndrome del cromosoma X frágil) por A.B. Richerand. Rev Neurol 2000; 30 (10): 996-997
Leticia Ramos Blázquez

Leticia Ramos Blázquez

Neuropsicóloga.