Campos de aplicación de la Neurociencia

Campos de aplicación de la Neurociencia

Campos de aplicación de la Neurociencia

En estos últimos años hemos asistido a un auge de la Neurociencia y, de hecho, la década de los 90 fue proclamada la década del cerebro. Los principales promotores del concepto de neurociencia cognitiva, específicamente, fueron George Miller y Piaget, quienes investigaron la relación entre el pensamiento humano y el cerebro. Sus investigaciones han permitido la aplicación de técnicas de la neurociencia al estudio del comportamiento social.

Asimismo, el auge de la aplicación de las neurociencias también es gracias al uso de la tecnología, como la resonancia magnética funcional, tomografía por emisión de positrones (PET), electroencefalografía o estimulación magnética transcraneal.

Pero, ¿se puede realmente empezar a hablar de una cultura basada en los conocimientos que aportan las ciencias del cerebro que conlleve un modo nuevo de pensar, de cambiar los estilos de vida, de cambiar el conocimiento y concepciones? ¿En qué campos podemos ver la utilidad de este avance neurocientífico? Está claro que en el campo de la psicología y la psiquiatría sus contribuciones son incontestables pero hay otras disciplinas que ya han adoptado el prefijo neuro.


Arte

¿Cómo puede el cerebro elaborar una imagen de una obra de arte? ¿Cómo se construye esa emoción en el cerebro? Lo que está claro es que la belleza la crea nuestro cerebro.

Áreas de la corteza cerebral visual, parietal, orbitofrontal, cingulada y ciertas áreas de la corteza motora, en especial, la corteza cingulada anterior, se activan ante las obras de arte que consideramos bellas pero no ante otras obras clasificadas como neutras.

Ramachandran afirma que los procesos como el agrupamiento y la detección de la simetría bien pudieran ser placenteros porque facilitan la detección y orientación de objetos primarios. Es posible que estos fenómenos de belleza hayan emergido a lo largo del proceso evolutivo y que el cerebro los haya registrado como códigos neuronales básicos y permanentes de funcionamiento.

Incluso en USA se ha fundado la Academia de Neurociencias para el Estudio de la Arquitectura para tratar de contestar, junto con los neurocientíficos, por un lado, cómo el cerebro humano opera en la construcción de los edificios que los rodean y, por otro, para ver de qué modo estos se pueden construir más acorde a la propia naturaleza humana y su bienestar.

Filosofía

Patricia Churchland fue probablemente quien introdujo por primera vez este término, en 1990. Argumentaba que ya no se podía filosofar sobre la mente, el yo y la conciencia humana sin la ciencia del cerebro ya que también permitiría un análisis del significado del pensamiento de pensadores de la historia de la filosofía.

En el cerebro existen circuitos neuronales (corteza prefrontal, inhibición de la activación de los lóbulos parietales) que intervienen en la experiencia religiosa y que en algunos epilépticos se vuelven hiperactivos y que pueden explicar las experiencias espirituales y místicas que viven algunas personas.


Ética

William Safire atribuyó el término neuroética, aunque fue a partir del año 2002 cuanto emergió de manera más notoria. Gazzaniga la definió como “el examen de cómo queremos manejar los temas sociales de la enfermedad, la normalidad, la mortalidad, los estilos de vida y la filosofía de la vida acorde a nuestro conocimiento de cómo funciona el cerebro y con ello poder ayudar a definir personalmente lo que significa ser humano y cómo podemos y debemos interaccionar socialmente”.

La conducta moral es la elaboración mental de un producto que requiere la participación de múltiples sistemas neuronales de diferentes áreas como el sistema límbico y áreas de asociación. Lesiones en la parte anterior de la corteza prefrontal producen una pérdida del sentimiento de culpa y lesiones en áreas ventrales rompe el vínculo con los valores y las normas éticas preestablecidas, impidiendo la toma de decisiones.

Ignoramos las peticiones de las personas más pobres del mundo que viven en países alejados no porque no tenga una connotación moral, sino porque no se acercan a activar nuestros sensores emocionales ya que respondemos de manera diferente a los razonamientos morales personales e impersonales.

Sociología

Esta disciplina nos ayudaría a entender los parámetros que exigen las interacciones sociales basadas en la lectura de los códigos con los que funciona el cerebro humano. La amígdala contribuye a las respuestas emocionales rápidas y automáticas e independientes del contexto, mientras que la corteza prefrontal contribuye a la respuesta emocional solo en el marco de una evaluación consciente particular.

Asimismo, nos ayuda a percibir las intenciones de los otros, sus estados mentales y la percepción del estado emocional de los otros y de uno mismo.

Utilizando resonancia magnética funcional se ha visto que la corteza orbitofrontal se activa preferentemente en relaciones sociales asociadas a la obtención de castigos o recompensas.

Esto coincide con los hallazgos de la neuropsicología en los que las lesiones de esta área del cerebro pueden manifestarse en múltiples y diversas patologías sociales (sociopatía o influencia en la toma de decisiones).


Economía

Los hallazgos en la Neurociencia en este campo se han aplicado básicamente a la toma de decisiones. Se sabe que posiblemente sea a causa de la obtención de placer lo que subyace al conflicto ante una elección por mecanismos inconscientes. Se trataría de conocer qué áreas del cerebro se activan y bajo qué condiciones cuando las personas se enfrentan a elecciones económicas a realizar a corto o largo plazo o ante inversiones que conllevan riesgo o incertidumbre.

Coaching

La Programación Neurolingüística (PNL) ya se está aplicando al coaching y constituye un modelo de cómo funciona la mente y la percepción humana. La PNL nos ayuda a cambiar la manera en cómo percibimos nuestro mundo y a diseñar un mapa diferente que nos ayude a ser más eficaces. De hecho ya han surgido Escuelas como Neuro Coaching o Neuroscience & Coaching Institute (fundadas en USA).

David Rock, creador del neuroliderazgo, basándose en los circuitos cerebrales de amenaza o dolor y el de recompensa o placer, ha elaborado el modelo SCARF de influencia (Status, Certainty, Autonomy, Relatedness, Fairness).

Derecho

Los resultados de diferentes investigaciones parecen indicar que la llamada voluntad libre o libre albedrio puede ser una ilusión mas que el cerebro genera y lo que parece evidente es que las intenciones conscientes son el resultado de la actividad cerebral, lo que contradice el concepto tradicional de voluntad libre basado en que la mente controla el cerebro.

En el código penal español no son imputables aquellos que están bajo las siguientes causas:

  1. Anomalías o alteraciones psíquicas y trastorno mental transitorio art 20.1°
  2. Alteraciones en la percepción art 20.3°
  3. Estado de intoxicación plena y síndrome de abstinencia art 20.2°
  4. Minoría de edad penal art 19

Conclusiones

Gazzaniga se pregunta cómo se puede justificar la imputación de alguien si las áreas implicadas en la intencionalidad son disfuncionales y sobretodo sin son el resultado de una predeterminación genética o de la interacción de esos genes con acontecimientos medioambientales tempranos adversos. Hay indicios de que algunos cerebros son más agresivos que otros, tanto por desequilibrios neuroquímicos como por lesiones, la función cerebral puede verse distorsionada, lo cual explica ciertas conductas violentas o criminales. La neurociencia nos dice también que, en el momento en que el individuo experimenta algo conscientemente, el cerebro ya lo ha procesado. Todo esto plantea la cuestión si las acciones escapan a nuestro control. Ahora bien, aunque la neurociencia nos ayude a explicar diferentes conductas, esto no significa que la persona que lleva a cabo una acción sea exculpable.

Asimismo, los avances en el estudio del cerebro también se pueden aplicar a otros ámbitos como el de la educación o el deporte.

Sin embargo, aunque los hallazgos de las neurociencias cada vez son más útiles, no hay que caer en el reduccionismo de atribuir nuestras conductas solo a las funciones cerebrales porque aunque tienen un peso importante, siempre hay algo más atribuible a nuestro entorno y a nuestra experiencia.


Referencias bibliográficas

  1. Caballero L., Lis-Gutiérrez J., (2016) Liderazgo: una aproximación desde las neurociencias, Administración y Desarrollo; 46 (1), 33-48.
  2. Demetrio E., Maroto M (2013). Neurociencias y derecho penal. Nuevas perspectivas en el ambito d la culpabilidad y tratamiento jurídico-penal de la peligrosidad. Edisofer S.L., Madrid.
  3. Gazzaniga M. (2006) El cerebro ético. Editorial Paidos Transiciones, Barcelona.
  4. Mora, F. (2007). Neurocultura. Una cultura basada en el cerebro. Alianza Editorial, Madrid.
  5. Ruiz E., (2015) ¿Del coaching al neurocoaching? Algunas reflexiones críticas sobre el coaching educativo en educación superior en la era de la neurocultura, Ensayos de Filosofía, número 1, semestre 1, artículo 4.
Macarena Sánchez Rojas

Macarena Sánchez Rojas

Psicóloga General Sanitaria (Neuropsicología)

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