¿Qué es la Memoria de Trabajo?

Introducción

La memoria de trabajo, también denominada memoria operativa, ha sido descrita como el conjunto de estructuras y procesos que permiten a los animales mantener temporalmente la información activa, posibilitando el procesamiento y la manipulación de la misma cuando ésta ya no está accesible a los sentidos [1-3].

Son muchos los autores que, a través de sus investigaciones, han tratado de esclarecer la relación existente entre la memoria de trabajo y determinadas funciones cognitivas complejas, llegando a la conclusión de que la memoria de trabajo participa de forma significativa en funciones cognitivas tales como el razonamiento, la planificación o la toma de decisiones [6]. De este planteamiento deriva la idea de que, la memoria de trabajo es más que una simple memoria; siendo ésta definida como un complejo sistema de control cognitivo y procesamiento ejecutivo que tiene como fin último guiar adecuadamente el comportamiento de los animales hacia la consecución de un objetivo [5].


Componentes de memoria de la memoria de trabajo

Baddeley en su modelo sobre la memoria de trabajo, propone la existencia de cuatro componentes dentro de este dominio cognitivo [8].

Ejecutivo central. Dicho componente se caracteriza por realizar dos funciones; asignar recursos atencionales al resto de componentes del sistema y realizar los ajustes necesarios según las demandas del medio [8].

La atención es un recurso limitado, por ello, la función principal de este componente es asignar los recursos de manera adecuada. Se trata por tanto de un mecanismo de control activo, cuyo fin último es utilizar la información mantenida y manipulada por los otros procesos para dirigirla a la hacia la resolución de problemas [8].

Bucle fonológico. Se trata de un elemento esclavo cuyo fin último es mantener viva y manipular la información de carácter verbal a lo largo del tiempo, a través del repaso articulatorio de la misma. Esto es posible debido a la existencia de dos subcomponentes: un almacén fonológico de carácter pasivo y un componente motor como el proceso de repetición articulatoria [8].

Agenda visoespacial. Su función es semejante al componente anterior, siendo crítico para la retención de la información sobre objetos espaciales. En concreto, como en el bucle fonológico podemos diferenciar dos subcomponentes: uno más pasivo o de almacén y otro motor [8].

Buffer episódico. En una reformulación posterior, Baddeley, propuso un nuevo componente para completar el modelo, el buffer episódico, cuyo fin último sería trabajar como nexo de unión entre la información procedente de diferentes sistemas para relacionarla con la memoria a largo plazo [8].


Tipos de memoria de trabajo

En la actualidad, existe un continuo debate en relación a la clasificación de este proceso cognitivo. Algunos autores aseguran que, la memoria de trabajo, junto al lenguaje y la función ejecutiva, son los únicos dominios cognitivos en los que no se pueden distinguir o diferenciar diferentes tipos, únicamente procesos.

No obstante, actualmente no existe consenso en torno a dicha clasificación, ya que otros autores se apresuran en establecer diferentes tipos dentro de este dominio cognitivo. En concreto, aseguran que dentro de la memoria de trabajo podrían distinguirse dos tipos: la memoria de trabajo verbal y la memoria de trabajo visual [7].

Memoria de trabajo verbal. Este tipo de memoria ha sido ampliamente estudiado debido a la importancia que posee para la comprensión y producción del lenguaje. Según el modelo propuesto por Baddeley, la manipulación y mantenimiento de este tipo de información estaría relacionada con el bucle fonológico, estrechamente ligado a la corteza temporal izquierda, en concreto, al área de Wernicke y Broca [7].

Memoria de trabajo visual. Por otro lado, la memoria de trabajo visual se relacionaría con el procesamiento de información espacial. En concreto, la manipulación y mantenimiento de este tipo de información estaría relacionada con lo que Baddeley denominó agenda visoespacial, estrechamente ligada a la corteza prefrontal dorsal [7].

Procesos de la memoria de trabajo

Si nos centramos en la definición propuesta por Baddeley y Hitch (1974), observamos que claramente se pueden distinguir dos procesos en esta función cognitiva: el mantenimiento y la manipulación. No obstante, al tratarse de un tipo de memoria, también sería necesario hablar de otros procesos, como son la codificación, el almacenamiento y la evocación.

Codificación. A través de este proceso se prepara la información para que ésta pueda ser almacenada.

Almacenamiento. Etapa caracterizada por el ordenamiento, la categorización o la simple titulación de la información

Mantenimiento. Capacidad para mantener una cantidad limitada de información durante un corto periodo de tiempo, entre varios segundos y minutos.

Manipulación. Hace referencia al mecanismo a través del cual se procesa la información necesaria para las funciones cognitivas de alta complejidad.

Evocación. Proceso a través del cual recuperamos la información previamente almacenada.

Conclusiones

A través de este artículo, somos conscientes de la complejidad de dicho dominio cognitivo, pues en la actualidad el debate relacionado con la clasificación de la memoria de trabajo continúa abierto. Además, alguno autores plantean la memoria de trabajo como un todo, siendo este domino cognitivo independiente de otros. Otros, por el contrario, aseguran que no existe una distinción clara entre esta esfera cognitiva y la toma de decisiones, utilizando ambos conceptos como sinónimos. Por todo ello, se hace patente la necesidad de seguir investigando, con el objetivo de lograr definiciones y clasificaciones exactas, que nos permitan distinguir unos conceptos de otros.

Referencias bibliográficas

  1. Baddeley, A. (2012). Working memory: theories, models, and controversies. Annual review of psychology, 63, 1-29.
  2. Baddeley, A. D., & Hitch, G. (1974). Working memory. The psychology of learning and motivation, 8, 47-89.
  3. Baddeley, A., Logie, R., Bressi, S., Sala, S. D., & Spinnler, H. (1986). Dementia and working memory. The Quarterly Journal of Experimental Psychology, 38(4), 603-618.
  4. Ballesteros Jiménez, S. (1999). Memoria Humana: Investigación y teoría. Psicothema, 705-723.
  5. Etchepareborda, M. C., & Abad-Mas, L. (2005). Memoria de trabajo en los procesos básicos del aprendizaje. Rev Neurol, 40(Supl 1), S79-S83.
  6. Funahashi, S. (2006). Prefrontal cortex and working memory processes. Neuroscience, 251-261.
  7. Redolar Ripoll, D. (2014). Neurociencia Cognitiva. Madrid: Panamérica.
  8. Tirapu Ustárroz, J., Rios Lago, M., & Maestú Unturbe, F. (2008). Manual de Neuropsicología. Barcelona: Viguera Editores S.L.
Carla A. Carvalho Gómez

Carla A. Carvalho Gómez

Grado en Psicóloga. Formación en Neuropsicología

praxias

Praxias: tipos y procesos

Introducción

Las praxias podrían definirse como “la habilidad o capacidad para poner en marcha programas motores de manera voluntaria y, normalmente, aprendidos” [5].

Es decir, esta función cognitiva podría ser descrita como los movimientos dotados de una organización que tienden a un fin, a un objetivo [1].

Componente motor y cognitivo

En los primeros trabajos en Neurociencia se centró la atención únicamente en el control motor, al ser una respuesta directamente observable [5]..

Sin embargo, en la actualidad, este proceso se ha descompuesto en dos componentes: uno cognitivo y otro puramente motor [5].

El componente cognitivo, contienen aspectos internos y no observables de la acción, por ejemplo la intención de actuar, la planificación, etc.; diferentes etapas que componen el acto motor [5].

Por otra parte, el componente motor posee parámetros relacionados con la implementación del acto motor en los músculos, como por ejemplo la precisión del movimiento, la fuerza con la que se ejecuta, etc [5].

Aunque estos dos componentes trabajan juntos para alcanzar una meta común, funcionan de forma independiente, sustentados por distintas regiones cerebrales [5].


Tipos de praxias

Para la delimitación de los tipos práxicos nos centraremos en diferentes autores, los cuales han tratado de diferenciar distintos tipos dentro de las praxias.

En la actualidad parece existir un consenso en torno al número de tipos práxicos, en concreto, parece ser que podemos distinguir tres tipos: la praxia constructiva, la praxia ideomotora y la praxia ideatoria.

Praxia constructiva

La praxia constructiva podría ser definida como la capacidad para llegar a la construcción de un todo a partir de sus elementos [5].

Praxia ideomotora

Por otro lado, la praxia ideomotora podría ser descrita como la capacidad de ejecutar y/o reconocer gestos y acciones motoras ante una petición verbal [5].

Praxia ideatoria

Finalmente, la praxia ideatoria se definiría como la capacidad para realizar y simbolizar actos motores, así como las secuencias gestuales que lo integran [5]..

En otras palabras, las praxias ideatorias podrían ser definidas como la capacidad para manipular objetos mediante una secuencia de gestos[5].

Dicho proceso implicaría el conocimiento de la función del objeto, de la acción y del orden serial de los actos que llevan a esa acción [5]. 


Procesos práxicos

Para analizar los procesos práxicos nos centraremos en el modelo de Jeannerod (1997), ya que se es el único modelo que recoge las características básicas de los modelos comparadores y las características conocidas hasta la fecha de la regulación del acto motor [5].

Dicho modelo se basa en el postulado de que un sistema intencional genera por defecto una expectativa o predicción.

Para ello, el sistema utiliza la información almacenada y las pistas internas, hasta que el acto motor se empareja con la predicción creada.

Si la acción generada no se asemeja a la esperada, el comparador sigue activo mientras se realizan los ajustes necesarios [2].

Una de las características principales de este modelo es su organización jerárquica. Ésta indica que la acción que se realiza debe estar almacenada con un nivel superior, y que durante la activación inicial de la información no puede saltarse ningún paso [5].

Definición de procesos práxicos

En concreto, propone la existencia de cinco etapas o pasos, necesarios para llevar a cabo la acción [2].

  1. Intención.Como comentábamos previamente la voluntariedad es la característica fundamental y definitoria de las praxias, es decir, cuando el sujeto carece de dicha intencionalidad es imposible hablar de praxias
  2. Planificación.Para el correcto desarrollo del acto motor es necesario cierta planificación, la cual se relaciona con el contexto en el que tiene lugar el acto motor. Sin dicha planificación, el acto motor llevado a cabo se desarrollará de forma incorrecta.
  3. Programación.Para el correcto desarrollo del acto motor es necesario cierta programación, la cual está estrechamente ligada a agentes externos.
  4. Ejecución.Una vez ha sido planificado y programado el acto motor, el siguiente paso es la ejecución, paso previo a la acción.
  5. Acción.Finalmente, tiene lugar la acción, cuyo componente fundamental es la voluntariedad o intención.

En resumen, para que se produzca dicho acto motor deben darse una serie de procesos, los cuales hemos mencionado anteriormente.

El fallo en alguno de éstos, podría tener como resultado la alteración práxica, es decir, el sujeto sería incapaz de ejecutar un acto motor en presencia de una orden verbal que ponga de manifiesto la intención o voluntariedad del mismo.

Conclusiones

En definitiva, las praxias podrían ser definidas como una función psicológica superior responsable de la capacidad de realizar movimientos intencionados, con una finalidad u objetivo.

La voluntariedad o intencionalidad es la característica definitoria de esta función, por tanto, cuando hablamos de acciones inconscientes e involuntarias hablamos de otro tipo de función[5].

Referencias bibliográficas

  1. Benedet, M. J. (2002). Neuropsicologia cognitiva: aplicaciones a la clínica ya la investigación. Fundamento teórico y metodológico de la Neuropsicología cognitiva. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.
  2. Blázquez Alisente, J. L., Galpasoro Izaguirre, N., González Rodríguez, B., Lubrini, G., Periáñez Morales, J. A., Ríos Lago, M., . . . Zulaica Cardoso, Z. (2012). Estimulación cognitiva y rehabiltación neuropsicológica. Barcelona: UOC.
  3. Ibarra, R. A., & Amoruso, L. (2011). Acción intencional, intención en acción y representaciones motoras: Algunas puntualizaciones sobre la Teoría Causal revisada y su posible articulación con la neurofisiología de la acción. Revista Argentina de Ciencias del Comportamiento, 3(1), 12-19.
  4. Redolar Ripoll, D. (2014). Neurociencia Cognitiva. Madrid: Panamérica.
  5. Tirapu Ustárroz, J., Rios Lago, M., & Maestú Unturbe, F. (2008). Manual de Neuropsicología. Barcelona: Viguera Editores S.L.
Carla A. Carvalho Gómez

Carla A. Carvalho Gómez

Grado en Psicóloga. Formación en Neuropsicología

Memoria: evolución y concepto

Introducción

El estudio del concepto de memoria y sus componentes continúa aún en expansión. En la actualidad, podemos observar diferentes teorías acerca de la memoria y su funcionamiento; sin embargo estamos lejos de completar el rompecabezas.

Por ello, resultaría importante, en un futuro, profundizar en su estudio, definiendo adecuadamente la taxonomía y los diversos términos que se usan en su investigación.

Hace más de un siglo de las primeras investigaciones científicas en el terreno de la memoria, pero no cabe duda que quizá lo más interesante y revelador esté aún por venir, pues la revolución que han provocado los estudios de biología molecular por un lado, y los estudios de neuroimagen por el otro, han abierto nuevas fronteras en el terreno de la investigación científica de la memoria.

Por tanto, conocer con precisión el verdadero engrama de la memoria, así como la forma en que trabaja y se relaciona se hace patente.

Marco teórico

Los filósofos, desde la antigüedad, han especulado sobre la memoria intentando dar respuesta a una gran cantidad de interrogantes.

Estos pensadores como Aristóteles (449 a.C) ó Platón (370 a.C) intentaban responder a cuestiones tales como: ¿qué es la memoria?¿cuántos tipos de memoria existen? ó ¿cuál es la relación de ésta con el cerebro?.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos realizados por estos autores, estas cuestiones no han comenzado a ser resueltas hasta hace apenas cien años, momento en el que se inició la investigación científica de la memoria de la mano del psicólogo y filósofo alemán Hermann Ebbinghaus (1885), quién decidió aplicar los métodos experimentales en el estudio de dicho proceso [5,6]; ya que hasta el momento el estudio de la memoria se había limitado a métodos más empíricos y filosóficos, como la lógica, la introspección, la comparación o la reflexión [9].

Es entonces, a raíz de esta investigación, cuando surgen las múltiples definiciones y teorías sobre memoria en el marco de la Psicología. Desde esta perspectiva, la memoria podría ser definida como el proceso psicológico que permite a los animales almacenar la información previamente codificada, para posteriormente ser recuperada cuando sea ésta necesaria [5,6].


¿Procesos, estructuras o sistemas de memoria?

En la investigación relacionada con el estudio de la memoria podemos diferenciar claramente tres vertientes. La primera de ellas se centraría en el estudio de los componentes estructurales, la segunda se relacionaría con el estudio de los procesos de memoria, mientras que la tercera se centraría en el estudio de los sistemas de memoria.

Componentes estructurales de la memoria

William James (1890), fue el primero en distinguir la memoria a corto plazo de la memoria a largo plazo en su Tratado de Psicología.

Sin embargo, fue el modelo de filtro rígido sobre el procesamiento de la información de Broadbent (1958), el que supuso el punto de partida de los modelos estructurales en memoria, pues a raíz de éste, otros psicólogos de aquella época, interesados más directamente en el estudio de la memoria, propusieron también modelos semejantes, con el objetivo de dar sentido a los resultados de sus investigaciones.

Modelo Atkin y Shiffrin

De entre estos modelos, el más influyente ha sido el propuesto por Atkinson y Shiffrin (1968), el cual hacía especial hincapié en la existencia de varias estructuras o almacenes de memoria. En concreto, planteaban la existencia de tres componentes diferentes: la memoria sensorial, la memoria a corto plazo y la memoria a largo a plazo.

Sin embargo, aunque al principio parecía que existía un gran número de fuentes que apuntaban a la existencia de estos almacenes, y por tanto, que podían explicarse mediante el modelo de Atkinson y Shiffrin (1968), resultados posteriores pusieron al modelo en apuros. En concreto, Baddeley Hitch (1974) propusieron que la memoria a corto plazo, en vez de ser una memoria unitaria, debía estar formada por varios elementos.

Más concretamente, propusieron la existencia de un ejecutivo central que desempeñara el papel del control atencional. Además de dos sistemas subsidiarios, el bucle articulatorio y la agenda visoespacial, relacionados con la información verbal y visoespacial, respectivamente.

Estos problemas hicieron que, con el paso del tiempo, los investigadores fueran perdiendo interés en el modelo estructural, lo que unido al surgimiento de otros enfoques dentro de la Psicología dio lugar, a finales de los años setenta y comienzos de los ochenta, al enfoque de los niveles de procesamiento y a la investigación sobre los sistemas de memoria. [5,6]

Procesos de memoria

Frente a los defensores de los modelos estructurales, otros autores como Craik y Lockhart (1975) creyeron más interesante centrar sus investigaciones en el procesamiento de la información [5].

Estos investigadores, tras numerosos estudios, determinaron que la memoria estaría compuesta por tres procesos básicos [5].

El primero de éstos haría referencia al proceso a través del cual se codifica la información, es decir, al momento en el cual se prepara la información para que ésta pueda ser almacenada [5].

Posteriormente, una vez que la información ha sido codificada tendría lugar el almacenamiento, etapa caracterizada por el ordenamiento, la categorización o la simple titulación de la información [5].

Finalmente, tendría lugar la evocación de la información, proceso a través del cual recuperamos la información previamente almacenada [5].

El éxito de esta recuperación dependerá de cómo ha sido almacenada y clasificada la información, de manera que si estos procesos se han realizado correctamente la información será más fácil de localizar y utilizar en el momento que se necesita [5,6].

Sistemas de memoria

Paralelamente al estudio de los procesos de memoria, algunos autores centraron sus esfuerzos en distinguir dos grandes sistemas de memoria, memoria explícita e implícita.

Esta distinción surge de los trabajos realizados en 1889 por Sergei Korsakoff, quien junto a Carl Wernicke, describió el síndrome amnésico que actualmente lleva su nombre. Además este autor propuso el estudio de los trastornos de memoria como un medio importante para conocer los procesos mnésicos, surgiendo de esta forma multitud de trabajos al respecto.

Entre estos, destaca la investigación llevada a cabo en 1958 por Wilder Penfield, quien junto a Brenda Milner describó dos casos en los que se había realizado resección de las estructuras mediales del lóbulo temporal como tratamiento para mejorar las crisis epilépticas, lo cual dio lugar a una severa alteración del sistema de memoria explícita, destacando el rol de esta estructura en relación a este sistema.

Los reportes de estos casos llamaron la atención de William Scoville (1954), quien también realizaba resección de las estructuras mediales del lóbulo temporal bilateral como medio para aliviar la psicosis grave en pacientes esquizofrénicos.

El estudio, la descripción detallada y el seguimiento de uno de los casos de Scoville (1957), el famoso paciente HM, ha constituido uno de los estudios más importantes en la investigación de la memoria. Quizás, como señalan muchos, la descripción de este caso suponga una de las evidencias más importantes acerca de distinción de estos sistemas.

Asimismo, este estudio ha supuesto el punto de partida para la realización de otras investigaciones centradas en analizar los trastornos de memoria, aportando datos concluyentes acerca de la distinción de estos dos sistemas de memoria.


Conclusiones

Desde luego, la evolución y transformación histórica de los sistemas de clasificación no ha terminado aún, los sistemas de memoria hasta aquí mencionados forman parte de los más aceptados y difundidos en su utilización hasta el momento; sin embargo, los psicólogos utilizan una gran diversidad de términos para referirse a distintas variedades, características o niveles de procesos mnésicos.

Las definiciones y alcances de cada uno de estos términos en ocasiones son imprecisas y con frecuencia no son completamente excluyentes entre sí, pero aun así dejan ver que el estudio de los procesos mnésicos puede hacerse desde muy distintos puntos de vista.

Referencias bibliográficas

  1. Atkinson, R. C., y Shiffrin, R. M. (1968). Human memory. A proposed system and its control processes. En K. W. Spence y J. T. Spence (Eds.), The psychology of learning and motivation,Vol. 2 (pp. 89-195). New York: Academic Press.
  2. Baddeley, A. (1990). Human memory. Theory and practice (Edición revisada, 1997). Hove,U.K.: Psychology Press.
  3. Baddeley, A., Eysenck, M. W., & Anderson, C. (2010). Memoria. Madrid: Alianza, D.L.
  4. Baddeley, A. D., y Hitch, G. (1974). Working memory. En G. A. Bower (De.), Advances on Learning and Motivation, Vol. 8 (pp. 47-90). New York: Academic press.
  5. Ballesteros Jiménez, S. (1991). Memoria Humana: Investigación y teoría. Psicothema, 705-723.
  6. Bermeosolo, J. (2012). Memoria de trabajo y memoria procedimental en las dificultades específicas del aprendizaje. Fonoaudiología, 11, 57-75.
  7. Broadbent, D. E. (1958). Perception and communication. New York: Pergamon Press. Edición en castellano (1983), Madrid: Editorial Debate.
  8. Carillo-Mora, P. (2010). Sistemas de memoria: reseña histórica, clasificación y conceptos actuales. Primera parte: Historia, taxonomía de la memoria, sistema de memoria a largo plazo: la memoria semática. Salud mental, 85-93.
  9. Carrillo-Mora, P. (2010). Sistemas de memoria: reseña histórica, clasificación y conceptos actuales. Segunda parte: Sistema de memoria de largo plazo: Memoria episódica, sistemas de memoria no declarativa y memoria de trabajo. Salud Mental, 197-205.
  10. Craik, F. I. M., y Lockhart, R. S. (1972). Levels of processing. A framework for memory research. Journal of Verbal Learning and Verbal Behavior, 11, 671-684.
  11. Morgado Bernal, I. (2010). Psicobiología del aprendizaje y la memoria.
  12. Penfield, W., & Milner, B. (1958). Memory deficit produced by bilateral lesions in the hippocampal zone. AMA Archives of Neurology & Psychiatry, 79(5), 475-497.
  13. Ruiz Vargas, J. M. (2010). Manual de psicología de la memoria. Madrid: Síntesis, D.L.
  14. Scoville, W. B., & Milner, B. (1957). Loss of recent memory after bilateral hippocampal lesions. Journal of neurology, neurosurgery, and psychiatry, 20(1), 11.
Carla A. Carvalho Gómez

Carla A. Carvalho Gómez

Grado en Psicóloga. Formación en Neuropsicología

¿QUÉ ES LA MEMORIA?

¿Qué es la memoria?

Introducción

La memoria quizás haya sido una de las funciones cognitivas más estudiadas a lo largo de la historia. Son múltiples las definiciones surgidas al respecto; sin embargo no nos centraremos en cada una de ellas. De forma general, podemos decir que la memoria es una función básica, y a la vez, extremadamente compleja y heterogénea del ser humano, pues constituye el mecanismo a través del cual el conocimiento es codificado y almacenado, para posteriormente ser recuperado.

La memoria, por tanto, no es una entidad homogénea y unitaria, y lo que llamamos memoria representa, de hecho, un número de sistemas y subsistemas que interactúan entre sí. En consecuencia, debido a su ubicuidad y heterogeneidad es difícil cualquier intento de definirla y enmarcarla en el cuadro de los demás procesos neurocognitivos [3]


Hacia una clasificación de  la memoria

La investigación de la memoria desde la Neurociencia Cognitiva, ha revelado la existencia de múltiples sistemas. Sin embargo, esta distinción no es relativamente moderna, pues ya en 1804 Schacter sostenía que la memoria no era una función o identidad única, sino que podía descomponerse en tres formas de memoria, las cuales podían actuar independientemente una de otras: la memoria representativa, que era el recuerdo consciente de hechos y eventos; la memoria mecánica o aprendizaje de hábitos y destrezas; y la memoria sensitiva, que definía las modificaciones que los afectos tienen sobre el recuerdo [3]

No obstante, a pesar de las aportaciones de este filosofo francés, quizás H.M sea el caso más famoso y que más publicaciones ha aportado a la Neuropsicología desde su aparición. En concreto, a través de este caso, se realizada la primera distinción entre memoria a corto plazo y memoria a largo plazo [2,4,6].

Tipos de memoria

A continuación se detalla la clasificación de memoria más utilizada en el ámbito clínico.

Memoria a corto plazo

La memoria a corto plazo se refiere a un almacén provisional en el que una cantidad limitada de información se mantiene durante un corto periodo de tiempo, entre varios segundos y minutos. No obstante, autores como Baddeley y Hitch (1974), modificaron y ampliaron éste concepto, rebautizándola como memoria de trabajo. Con este término se hace referencia a un sistema que no sólo permite mantener la información que no está presente en el entorno, sino que también posibilite la manipulación de la misma, interviniendo de esta forma en procesos superiores, tales como el lenguaje, el razonamiento, etc [6].

Memoria a largo plazo

Por otra parte, la memoria a largo plazo hace referencia a la información ya consolidada, en muchas ocasiones permanente, cuya capacidad es virtualmente ilimitada. Tradicionalmente, se han distinguido dos grandes tipos de memoria dentro de este sistema: la memoria implícita y explicita [6].

Memoria implícita o no declarativa

La memoria implícita haría referencia a aquella memoria a la que no se tiene acceso de forma consciente o intencional. Dentro de esta memoria se sitúa el aprendizaje procedimental, referente a la memoria de los hábitos o destrezas motoras, el aprendizaje no asociativo como la habituación y la sensibilización, el condicionamiento clásico y el primming [6] .

Memoria explícita o declarativa

La memoria explícita, por otro lado, es aquella memoria a la que se tiene acceso de forma consciente e intencional. Dentro de este tipo de memoria podemos distinguir dos subtipos: la memoria semántica y la memoria episódica [6].

Memoria semántica. La memoria semántica haría referencia aquel aprendizaje sobre hechos y conocimiento general, independiente de la experiencia [6].

Memoria episódica. Mientras que, la memoria episódica, haría referencia a la memoria de nuestras experiencias personales que ocurren en nuestro día a día e incluye información sobre el tiempo y lugar[6].


Procesos memorísticos

Frente a los defensores de los modelos estructurales, otros autores como Craik y Lockhart (1972) creyeron más interesante centrar sus investigaciones en el procesamiento de la información.

Estos investigadores, tras numerosos estudios, determinaron que la memoria estaría compuesta por tres procesos básicos.

El primero de éstos haría referencia al proceso a través del cual se codifica la información, es decir, al momento en el cual se prepara la información para que ésta pueda ser almacenada.

Posteriormente, una vez que la información ha sido codificada tendría lugar el almacenamiento, etapa caracterizada por el ordenamiento, la categorización o la simple titulación de la información.

Finalmente, tendría lugar la evocación de la información, proceso a través del cual recuperamos la información previamente almacenada. El éxito de esta recuperación dependerá de cómo ha sido almacenada y clasificada la información, de manera que si estos procesos se han realizado correctamente la información será más fácil de localizar y utilizar en el momento que se necesita [1,4].

Conclusiones

Como podemos observar, a pesar de la heterogeneidad y complejidad del sistema mnésico, las investigaciones realizadas, la mayoría de ellas en pacientes con afectaciones relacionadas con este domino cognitivo, nos han permitido definir y clasificar la memoria de forma exhaustiva, siendo quizás el dominio cognitivo en torno al cual existe mayor acuerdo y concenso.

Referencias bibliográficas

  1. Ballesteros Jiménez, S. (1999). Memoria Humana: Investigación y teoría. Psicothema, 705-723.
  2. Dickerson, B. C., & Eichenbaum, H. (2010). The episodic memory system: neurocircuitry and disorders. Neuropsychopharmacology, 35(1), 86-104.
  3. Gómez-Pérez, E., Ostrosky-Solís, F., & Próspero-García, O. (2003). Desarrollo de la atención, la memoria y los procesos inhibitorios: relación temporal con la maduración de la estructura y función cerebral. Revista de neurología, 37(6), 561-567.
  4. Redolar Ripoll, D. (2014). Neurociencia Cognitiva. Madrid: Panamérica.
  5. Ruiz-Vargas, J. M. (1991). Psicología de la memoria. Alianza Editorial.
  6. Tirapu Ustárroz, J., Rios Lago, M., & Maestú Unturbe, F. (2008). Manual de Neuropsicología. Barcelona: Viguera Editores S.L.
Carla A. Carvalho Gómez

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¿Qué es la percepción visual?

Introducción

Como en el caso de la atención también son muchos los autores que han tratado de dar una definición clara y precisa acerca de este dominio cognitivo como es la percepción visual. En general, se podría definir la percepción como la interpretación que realiza el cerebro de los diferentes organismos de los estímulos recibidos mediante los sentidos. En otras palabras, este dominio también podría ser definido como el conjunto de procesos mediante el cual una persona organiza, selecciona e interpreta, de manera significativa y lógica, mediante su experiencia previa, la información proveniente de los órganos de los sentidos. Es decir, se trata de un proceso activo del cerebro a través del cual se crea una realidad externa mediante la trasformación de la información lumínica captada por el ojo.


Tipos de percepción visual

Establecer una clasificación en función de qué tipos integrarían la percepción visual ha sido una tarea ardua, ya que aunque a simple vista dicho dominio parezca un proceso sencillo, posee una complejidad subyacente que lo caracteriza. No obstante, a pesar de dicha dificultad, parece ser que en la actualidad existe un consenso en torno a qué tipos integrarían dicho dominio cognitivo.

Percepción del color

El color es un aspecto relevante del mundo y por ello, se ha estudiado desde diversas disciplinas. Pero, ¿qué es el color?. La experiencia del color que tenemos proviene de tres atributos básicos: el tono, la saturación y el brillo. Sin embargo, por encima de todas estas características especificas, debemos tener en cuenta que el color es una construcción perceptiva, es decir, el color es una propiedad psicofísica que atribuimos a los objetos a partir de la captación de diferentes frecuencias electromagnéticas

Percepción del movimiento

Este tipo de percepción sirve para detectar, segregar e identificar un objeto móvil.

Percepción de objetos

Los seres humanos experimentamos continuamente una percepción rica y congruente de los objetos, lo cual parece una construcción simple y sencilla. Sin embargo, es algo mucho más complejo y complicado.

Percepción del tamaño

La percepción visual del tamaño se encuentra fundamentada en los mecanismos de adaptación del ojo a la distancia, con la adicción del tamaño de la imagen del objeto en la retina. Resulta obvio que la percepción del tamaño no puede limitarse al tamaño de la imagen del objeto en la retina, puesto que la distancia del objeto afecta al tamaño, por lo que es necesaria la participación de la información proporcionada por los mecanismos que abarcan lo que se refiere a la distancia, la acomodación y la convergencia.

Percepción de la forma

La percepción visual de la forma se fundamenta en la información recibida por los micromovimientos del ojo que siguen el contorno del objeto y que posibilitan la formación de la imagen de la forma del objeto en la retina. Además de este mecanismo, la estructura de la retina garantiza la percepción de la distinción figura/fondo, lo que facilita en grado sumo la percepción de la forma.

Percepción de la acción

La percepción no es sólo un proceso en el cerebro, sino una especie de actividad del cuerpo como un todo. El individuo es el propio creador de su experiencia perceptiva y, por tanto, es al mismo tiempo un sujeto que percibe y actúa. Por lo tanto, la percepción implica también un compromiso motor por parte del individuo.


Procesos sensoriales

A simple vista parece un proceso tan sencillo que parece natural. No obstante, la humanidad lleva años intentando comprender y dar respuesta a los mecanismos responsables de tan compleja función. Con el fin de describir el funcionamiento de la percepción, analizaremos este proceso como una secuencia de fases. Entre éstas se incluyen la estimulación que llega del entorno, la percepción del estímulo concreto, su reconocimiento, y finalmente, la acción tomada al respecto.

Estimulación

Los sistemas sensoriales constituyen la puerta de entrada de la información sobre el ambiente que rodea al individuo. Nuestro sistemas sensoriales responden a cambios de energía en el entorno. Estos cambios pueden expresarse en forma de estímulos electromagnéticos (luz), mecánicos (sonidos, tacto, movimientos, tensión muscular), químios (sabores y olores) o térmicos (calor, frio).

Estos cambios estimulan receptores sensoriales cuya misión es traducir estas señales en un tipo de energía manejable por cada sistema. Por lo tanto, aunque cada sistema estimule receptores sensoriales diferentes, todos ellos tienen unos procesos comunes, cuyo fin último es traducir la información procedente del exterior para posteriormente ser procesada.

Transducción

Como comentábamos anteriormente, la transducción consiste fundamentalmente en la transformación de una energía en otra. En concreto, en el sistema nervioso, este proceso ocurre cuando la energía ambiental se convierte en energía eléctrica.

Procesamiento neuronal

Una vez que el estímulo procedente del exterior se ha transformado en señales eléctricas, éstas generan señales nuevas en las neuronas, pasando las señales eléctricas del ojo directamente al cerebro. No obstante, durante su recorrido se ven sometidas a este proceso. En definitiva, podríamos decir que el procesamiento neuronal es el conjunto de operaciones mediante las cuales se transforman las señales eléctricas.

Percepción

Se trata de la experiencia sensorial consistente que se produce cuando las señales eléctricas se transforman en el cerebro para dar lugar a la experiencia.

Reconocimiento

Se refiere a nuestra capacidad para incluir los objetos en categorías concretas que les confieren un significado.

Acción

Este proceso incluye actividades motrices, tales como mover la cabeza o los ojos para desplazarse por el entorno. Muchos investigadores consideran este proceso como un resultado importante de la percepción por su importancia para la supervivencia.

Conclusiones

Como podemos observar, la percepción visual parece un proceso sencillo. No obstante, su estudio resulta arduo y complicado, debido la complejidad subyacente del mismo. En la actualidad, parece existir un consenso en torno a los tipos y procesos que integran dicho dominio cognitivo. Sin embargo, en un futuro, las investigaciones realizadas en torno a este dominio pueden que nos lleven a establecer otra clasificación más completa y elaborada.

Referencias bibliográficas

  1. Alonso, Cecilia M. (2011).Percepción Visual.
  2. Bruce Goldstein, E. (2009). Sensación y percepción. Madrid : Thomson.
  3. Cuatrecasas, J. (1981). Psicología de la percepción visual (Vol. 4). Ediciones Tres Tiempos.
  4. Redolar Ripoll, D. (2014). Neurociencia Cognitiva. Madrid: Panamérica.
  5. Tirapu Ustárroz, J., Rios Lago, M., & Maestú Unturbe, F. (2008). Manual de Neuropsicología. Barcelona: Viguera Editores S.L.
Carla A. Carvalho Gómez

Carla A. Carvalho Gómez

Grado en Psicóloga. Formación en Neuropsicología

¿Qué es la atención?

Introducción

La atención es un proceso psicológico básico e indispensable para el procesamiento de la información, sustentado por un complejo sistema neuronal, encargado de controlar toda actividad mental [1].

El objetivo del presente artículo consiste en explicar los componentes y las características de la atención, así como los modelos teóricos del proceso, con el fin de lograr una definición clara y precisa del constructo, aceptada por todos los profesionales del campo.

La atención es una función neuropsicológica compleja, y por ello, difícil de definir. Por ello, no parece existir un claro acuerdo sobre qué y qué no es la atención. Como sabemos existen múltiples definiciones sobre qué es la atención, las cuales han surgido a lo largo de la historia de la mano de diversos autores [2]. Entre estas definiciones destaca la propuesta en 1890 por William James quien definió la atención como: “[…] la toma de posesión por parte de la mente, de forma clara y vívida, de uno de los que parecen ser diferentes objetos o líneas de pensamiento que suceden de manera simultánea. Su esencia son la localización y la concentración de la consciencia. Implica dejar de lado algunas cosas para poder tratar de forma efectiva otras“. Sin embargo, pese a ser una definición clásica, es una definición subjetiva e incompleta [4].

No obstante, no nos centraremos en analizar cada una de las definiciones surgidas en torno al concepto. De manera generalizada diremos que la atención es la “capacidad o habilidad cognitiva que nos permite seleccionar y procesar un estímulo para responder de manera efectiva ante éste mientras se dejan de lado otros, es decir, se trata de una habilidad a través de la cual las personas somos capaces de seleccionar la información relevante del total disponible»[6].


Tipos de atención

A pesar de no existir un acuerdo sobre qué es y qué no es la atención, en lo que parece ser que existe un acuerdo es en la gran confusión terminológica que existe en relación al término, ya que parte del problema parece residir en el hecho de que la atención no es un proceso unitario, así la atención debe ser entendida como un sistema complejo de subprocesos específicos.

Muchos son los autores que han propuesto teorías acerca de los tipos de atención existentes, centrándose en diferentes características de este proceso cognitivo. En este sentido, destaca el modelo propuesto por Sohlberg y Mateer (1987;1989) debido a su uso altamente extendido en el entorno clínico. Dicho modelo es jerárquico y, cada nivel requiere el correcto funcionamiento del nivel anterior y la asunción de que cada componente es más complejo que el que le precede. En concreto, estas autoras proponen la existencia de seis tipos atencionales:

  • Arousal. Capacidad de estar despierto y mantener la alerta, es decir, implica la capacidad de seguir estímulos y órdenes.
  • Atención focal. Habilidad para enfocar la atención en un estímulo ya sea visual, auditivo ó táctil.
  • Atención sostenida. Capacidad para mantener una respuesta de forma consistente durante un periodo prolongado de tiempo.
  • Atención selectiva. Es la capacidad para seleccionar, de entre varias posibles, la información relevante que hay que procesar o el esquema de acción apropiado, inhibiendo unos estímulos mientras se atiende otros.
  • Atención alternante. Es la capacidad para alterar el foco de atención entre tareas que implican requerimientos cognitivos diferentes, controlando qué información es procesada en cada momento.
  • Atención dividida. Capacidad para atender a dos cosas al mismo tiempo. Es la capacidad de realizar la selección de más de una información a la vez o de más de un proceso o esquema simultáneamente.


¿Qué procesos integran la atención?

Como en el caso anterior, son varios los autores que han centrado su atención en delimitar los procesos atencionales. Sin embargo, pese al gran número de teorías surgidas al respecto, parece haber un consenso en relación a los procesos atencionales. En este sentido, la atención se podría dividir en tres procesos:

  • Arousal. El arousal hace referencia a la capacidad de estar despierto y mantener la alerta, es decir, implica la capacidad de seguir estímulos y órdenes.
  • Selección. Habilidad para seleccionar la información relevante e inhibir la información irrelevante.
  • Control. A través del control atencional las personas pueden dirigir su comportamiento para conseguir las metas que se proponen, a pesar de los eventos que puedan distraerlas del objetivo. Además, permite procesar la información novedosa para dar una respuesta apropiada.

Conclusiones

En este artículo hemos tratado de delimitar los tipos y procesos atencionales. No obstante, aunque hemos propuesto un conjunto de tipos y procesos, no hay una única solución válida, pues a lo largo de la historia han surgido numerosas teorías y modelos a través de los cuales se han tratado de establecer los distintos tipos y procesos que integran este dominio cognitivo.

En la práctica clínica, por tanto, pueden existir tantos abordajes como modelos y teorías. No obstante, para que dicho abordaje sea satisfactorio, el profesional del ámbito deberá ajustarse al modelo o teoría que considere más valido, facilitando de esta forma un estudio exhaustivo del paciente dentro de cada esfera cognitiva.

Referencias bibliográficas

  1. Gómez-Pérez, E., Ostrosky-Solís, F., & Próspero-García, O. (2003). Desarrollo de la atención, la memoria y los procesos inhibitorios: relación temporal con la maduración de la estructura y función cerebral. Revista de neurología, 37(6), 561-567.
  2. Ocampo, L. P. L., Chamorro, I. L., Morales, M. R., & Cordero, C. P. La atención: un proceso psicológico básico. In Abstracts. European sociological Associaciation Third Conferencia. Inclusions Exclusions (Vol. 9, p. 10).
  3. Pérez Hernández, E. (2009). Desarrollo de los procesos atencionales.
  4. Redolar Ripoll, D. (2014). Neurociencia Cognitiva. Madrid: Panamérica.
  5. Sohlberg, M. M., & Mateer, C. A. (1989). Introduction to cognitive rehabilitation: Theory and practice. Guilford Press.
  6. Tirapu Ustárroz, J., Rios Lago, M., & Maestú Unturbe, F. (2008). Manual de Neuropsicología. Barcelona: Viguera Editores S.L.
Carla A. Carvalho Gómez

Carla A. Carvalho Gómez

Grado en Psicóloga. Formación en Neuropsicología

¿Qué es la cognición?

Introducción

Previamente, antes de entrar en materia, debemos definir qué es la cognición, ya que dicha definición constituirá el punto de partida para cualquier abordaje terapéutico y, en consecuencia, para proporcionar un buen trato al paciente, es decir, se trata de un punto fundamental previo a cualquier abordaje clínico. Además, la definición de dicho constructo, nos permitirá realizar investigaciones de manera adecuada y con resultados homogéneos, pues todas ellas partirán de un factor común.


¿Qué es la cognición?

Todos creemos saber que es la cognición. Sin embargo, cuando intentamos definir qué es, esto se convierte en una tarea ardua y tediosa.

En la actualidad, existe un consenso acerca de las funciones que integrarían la cognición, en concreto, parece ser que son siete las funciones o dominios que entrarían a formar parte:

Atención

La atención es la “capacidad o habilidad cognitiva que nos permite seleccionar y procesar un estímulo para responder de manera efectiva ante éste mientras se dejan de lado otros, es decir, se trata de una habilidad a través de la cual las personas somos capaces de seleccionar la información relevante del total disponible” [6,7].

Praxias

Las praxias podrían definirse como “la habilidad o capacidad para poner en marcha programas motores de manera voluntaria y, normalmente, aprendidos”. Es decir, esta función cognitiva podría ser descrita como los movimientos dotados de una organización que tienden a un fin, a un objetivo [7].

Gnosias

Las gnosias harían referencia a la “capacidad de interpretar, elaborar y asignar un significado a la información captada por los sentidos, es decir, haría alusión a la información relativa al qué [7].

Memoria

La memoria quizás haya sido una de las funciones cognitivas más estudiadas a lo largo de la historia. Son múltiples las definiciones surgidas al respecto; sin embargo no nos centraremos en cada una de ellas. De forma general, podemos decir que la memoria constituye un mecanismo a través del cual el conocimiento es codificado y almacenado, para posteriormente ser recuperado [3].

Lenguaje

El lenguaje es la “capacidad o habilidad propia del ser humano, mediante la cual expresamos pensamientos y sentimientos. Se trata de una función neurolingüística, a través de la cual, mediante un conjunto de sonidos, símbolos y/o gestos elaboramos, comunicamos y entendemos ideas” [4].

Cognición espacial

La cognición espacial haría referencia a un conjunto de subprocesos encaminados al reconocimiento y orientación en el espacio [7].

Función ejecutiva

La función ejecutiva podría definirse como un conjunto de habilidades cognoscitivas que permiten el diseño de planes y programas, la monitorización de tareas, la anticipación y establecimiento de metas la selección precisa de los comportamientos y las conductas y la flexibilidad en el trabajo cognoscitivo y su organización en el tiempo y en el espacio para obtener resultados eficaces en la resolución de problema [5,7].

Sin embargo, algunos autores, consideran que dentro de la cognición deberían englobarse otras funciones, en concreto, son tres los dominios entorno a las que no existe un acuerdo en la actualidad:

Inhibición

La inhibición podría ser definida como la habilidad para suprimir los impulsos o la información irrelevante, tanto interna como externa, cuando realizamos una actividad [7].

Cognición social

La cognición social haría referencia al conjunto de procesos emocionales y cognitivos a través de los cuales interpretamos, recordamos, empleamos y analizamos la información sobre el mundo social [7].

Memoria de trabajo

La memoria de trabajo, también denominada memoria operativa, ha sido descrita como el conjunto de estructuras y procesos que permiten mantener temporalmente la información activa, posibilitando el procesamiento y la manipulación de la misma cuando ésta ya no está accesible a los sentidos [1].

Conclusiones

En resumen, podríamos decir que la cognición estaría formada por diez funciones o dominios cognitivos, sietes de ellas aceptados por todos los profesionales del campo. Sin embargo, en torno a las tres restantes, no existe acuerdo en la actualidad.


Referencias bibliográficas

  1. Baddeley, A. (2012). Working memory: theories, models, and controversies. Annual review of psychology, 63, 1-29.
  2. Bruce Goldstein, E. (2009). Sensación y percepción. Madrid : Thomson.
  3. Ballesteros Jiménez, S. (1999). Memoria Humana: Investigación y teoría. Psicothema, 705-723.
  4. León Carrión, J. (1995). Manual de Neuropsicología Humana . SIGLO XXI.
  5. Pineda, D. (2000). Las funciones ejecutivas y sus trastornos. Neurología , 764-768.
  6. Redolar Ripoll, D. (2014). Neurociencia Cognitiva. Madrid: Panamérica.
  7. Tirapu Ustárroz, J., Rios Lago, M., & Maestú Unturbe, F. (2008). Manual de Neuropsicología. Barcelona: Viguera Editores S.L.
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