CÁNCER DE MAMA Y PSICOLOGÍA

Introducción

En 2015, en España los cinco tumores más frecuentes fueron: el cáncer de mama (27.747), seguido del cáncer de colon-recto (16.677), el cuerpo uterino (6.160), pulmón (5.917) y vejiga (3.654) [4].

Cuando una mujer recibe la noticia, no se piensa con claridad, la mente está dispersa e influenciada por las malas noticias, por lo que todo lo que piensa suele tener una mirada pesimista; las primeras reflexiones suelen ser sobre las ganas de salvar la vida, la operación, que todo vaya bien, los tratamientos, su familia, sus hijos si los tiene, su madre, su padre, su pareja si hay, etc.

Todo ello luchando contra el cansancio y la pérdida de fuerza que genera el estrés que produce una noticia así. Hay mujeres que incluso comentan que sufren de episodios de desorientación, perdida del sentido de la realidad, etc.


Emociones cuando se recibe la noticia

Cuando es una emoción positiva, generalmente, sentimos cómo la energía fluye de manera natural por nuestro cuerpo, en forma de alegría, euforia.

Sin embargo, las emociones negativas generalmente se identifican en las vísceras, en el estomago, removiéndose y creando pequeños estados de ansiedad, que si no los reconocemos y no los hemos trabajado antes tienden a quedarse anclados, dejándonos bloqueados sin progresión en nuestra actividad y desarrollo.

Cuando se recibe una noticia como la de esta enfermedad, sentimos miedo, entre otras muchas emociones.

Miedo por lo que pasará, por la intervención, por los tratamientos, por la imagen, por saber en que estadío se encuentra, por la metastasis, etc.

Emociones y cerebro

En el caso de las emociones, tenemos que partir de la biología. Los componentes químicos del cerebro se distribuyen en amplias zonas del cerebro. Una vez que se produce una emoción, es difícil para el córtex desconectarse de ella.

En sus estudios sobre la neurología del miedo, Joseph LeDoux se interesó por dos problemas:

  • Primero: ¿Cómo se detecta y avalúa el peligro?,
  • Segundo: ¿Cómo se activan los sistemas de respuesta?. Hay dos sistemas de detección del peligro. Uno de urgencia, tosco, que prefiere equivocarse por exceso de cautela que por exceso de confianza. Somete el estímulo a una rápida evaluación, que es realizada fundamentalmente por la amígdala. El otro sistema de evaluación es lento y preciso, y tiene lugar en zonas de la corteza cerebral, la más sofisticada.

LeDoux ha descubierto algo que produce cierto desasosiego. Parte de nuestra memoria de los miedos es indeleble y no se borra con el tiempo. Esto puede resultar muy útil, porque conviene que las situaciones de peligro real se aprendan para siempre.

Sin embargo, puede tener un efecto desastroso, a saber, que la información recogida puede ser falsa o inadecuada cuando el ambiente cambia y podemos convertirnos en rehenes perpetuos de esos miedos que ya no comprendemos.

Como señala Robert Pitman, muchas veces no podemos librarnos de los recuerdos implícitos que subyacen en los trastornos de ansiedad. En ese caso, lo mejor que podemos hacer es aprender a dominarlos.

Una vez detectado el peligro, el hipotálamo advierte a la hipófisis y ésta ordena la producción de dos hormonas: la adrenalina y la noradrenalina, que ponen en pie de guerra al organismo.

Se activa el Sistema Nervioso Autónomo, el parasimpático queda aparcado y toma el mando el simpático, que dirige toda la energía al sistema muscular al cerebral, para disponer al organismo a luchar o a huir. Quedan en suspenso las funciones digestivas o sexuales.

Mecanismos del miedo

Los mecanismos neurológicos del miedo son comunes a todos los humanos. Nuestro ¨ordenador biológico¨viene equipado con programas emocionales de serie.

¿De dónde proceden nuestras diferentes sensibilidades al miedo?. La respuesta inmediata es de la experiencia. Animales y personas sometidos a violentas y dolorosas experiencias se volverían miedosos.

El estrés continuado, por ejemplo, afecta al cerebro. Las gándulas suprarrenales producen adrenalina y cortisol.

La adrenalina forma parte del sistema simpático de alarma. El cortisol cumple muchas funciones, libera energía, suprime el crecimiento, inhibe las hormonas reproductoras y afecta a muchos aspectos del cerebro, sobre todo la emoción y la memoria.

El aprendizaje cambia el cerebro. Se ha comprobado que las terapias- al fin y al cabo un tipo de aprendizaje- también lo hacen [2].


Imagen corporal después del cáncer de mama

La imagen corporal y la sexualidad después del cáncer de mama y aprender a sentirse bien con su cuerpo, es una experiencia personal que depende de cada mujer.

Algunas mujeres como parte del tratamiento ven como cambia su cuerpo, algunos cambios son transitorios, como la caída del pelo, éstos aunque no perduren en el tiempo en un momento de tantas emociones, pueden afectar mucho a la mujer en la percepción de su propio cuerpo.

Otros cambios son más permanentes, como la pérdida de la mama, se puede recurrir a la cirugía plástica para la reconstrucción o pueden usar una prótesis en la ropa interior.

Algunos estudios sugieren que las mujeres más jóvenes, quienes representan 1 de 9 sobrevivientes de cáncer de mama, suelen tener más problemas, por el estrés que causa el cáncer y sus tratamientos, estas mujeres también pueden sentir aislamiento social. Pueden verse más afectadas por asuntos relacionados con la sexualidad o la fertilidad [3].

Muchas mujeres premenopáusicas tienen síntomas de la menopausia como consecuencia de la quimioterapia o terapia hormonal (como el tamoxifeno y los inhibidores de la aromatasa).

Los antidepresivos pueden restar el efecto del tamoxifeno por lo que debe comentarlo al médico.

Psicoterapia en el cáncer de mama

Recibir la noticia puede ser uno de los momentos más angustiantes que pueden experimentar las mujeres, por eso muchas veces no saben a quién acudir para recibir ayuda. La angustia incluso continúa después de haber superado el impacto inicial.

A medida que el proceso sigue su curso, las mujeres pueden presentar nuevos problemas, como confusión en sus relaciones personales, afrontar la respuesta de su pareja, pueden estar muy cansadas e incluso preocupadas por el tratamiento, síntomas y la muerte. Todo contribuye al estrés, ansiedad y a la depresión.

Emociones negativas y aislamiento

Las emociones negativas pueden llevar a las mujeres a dejar de hacer cosas que son buenas para ellas y hacer otras que no son tan saludables, como fumar mucho, beber mucho alcohol, apartarse de personas queridas, tomar mucha cafeína, dormir mal, pueden dejar de hacer ejercicio físico, acudir a demasiadas medicinas en un intento de calmarse, etc.

Objetivo del tratamiento psicológico

El tratamiento psicológico tiene como objetivo principal ayudar a las mujeres a aprender cómo sobrellevar los cambios físicos, emocionales y de estilo de vida relacionados con el cáncer, así como los tratamientos médicos que pueden resultar dolorosos y traumáticos.

Como controlar la ansiedad, el estés y la depresión, enseñando a las pacientes estrategias de resolución de problemas con un entorno de apoyo, pueden enseñar a lidiar con su dolor, miedo y otras emociones.

Para muchas mujeres, esta crisis potencialmente mortal, puede resultar una oportunidad de crecimiento personal que mejora la vida.

La recuperación emocional lleva más tiempo que la recuperación física y es a veces menos predecible.

La presión social para volver a la normalidad es intensa, pero ellas necesitan tiempo para crear una nueva imagen de sí mismas que incorpore la experiencia vivida y sus cambios corporales.

Los psicólogos pueden ayudar a sobrellevar problemas como el temor a la reaparición de la enfermedad y la impaciencia respecto a problemas más comunes.


¿Qué incluye el tratamiento psicológico?

El tratamiento psicológico incluye la práctica de ejercicios de relajación, meditación y otras técnicas, que pueden mejorar los efectos colaterales de los tratamientos farmacológico y la salud física.

Los investigadores han demostrado que el estrés suprime la capacidad de protección personal del cuerpo. Lo que están observando ahora es que la capacidad de afrontamiento que les enseñan los psicólogos puede reforzar realmente el sistema inmunológico.

Pueden enseñarles a participar activamente en sus tratamientos, de como deben preguntar y que decisiones tomar.

Resultados

El resultado es una mejor comprensión de la enfermedad y su tratamiento y una mayor disposición para recuperarse.

En las sesiones individuales se trabaja la comprensión y modificación de los patrones de pensamiento y conducta.

Los pensamientos y sentimientos negativos se abordan, y se concentran en la resolución de problemas [1].

Los grupos de apoyo muchas veces son de mucha utilidad, las mujeres se pueden sentir más comprendidas y resolver muchas dudas y preocupaciones que les surgen a lo largo del proceso, pueden aprender de la experiencia de otras mujeres.

Referencias bibliográficas

  1. Chang, A.F, Haber, S.B. Cáncer de mama: como puede la mente ayudar al cuerpo. Asociación Americana de psicología.
  2. Marina, J.A. El cerebro infantil: la gran oportunidad. Biblioteca up. Ariel. 2011.
  3. Segura-Valverde, M., García-Nieto, R., Saúl Gutiérrez, L.A. Imagen corporal y autoestima en mujeres mastectomizadas. Revista Psicooncología. Vol 11, Núm. 1, 2014, pp 45-57.
  4. Sociedad Española de Oncología Médica. Las cifras del cáncer en España 2017

MIEDO Y ANSIEDAD: FOBOS Y DEIMOS

Introducción

La mitología griega nos cuenta que Ares, el dios de la guerra, tiene dos hijos: Fobos que representa al miedo o pánico y Deimos al terror. Ambos lo acompañaban a la guerra para esparcir sus emociones homónimas.

Quizás la principal emoción humana sea el miedo; la conocemos en sus múltiples facetas como terror, pánico, susto, pavor, temor, etc. Al proyectarlo en el futuro creamos a su hermana: la ansiedad. Es una emoción con privilegio, a diferencia de otras emociones no la podemos posponer.

Convenimos en que el miedo es imprescindible para sobrevivir, nos permite vivir en sociedades organizadas con castigo para quienes no cumplen sus reglas. Sin embargo, por otro lado, se convierte en una fuente de sufrimiento constante./script>


¿Por qué existe el miedo?

El miedo existe como un mecanismo de defensa aún en animales muy primitivos, encontrándose especialmente desarrollado en los mamíferos. En las ratas el miedo es un mecanismo que provoca que estas se “congelen”. Los mecanismos básicos del miedo en las ratas son similares a los humanos, gran parte de lo que sabemos sobre el miedo lo hemos investigado con estos animales.

Sentimiento de miedo

En el caso de los humanos lo que nos distingue es el sentimiento del miedo que se produce cuando somos conscientes del mismo. Debemos diferenciar la sensación consciente de la misma de los mecanismos de defensa.

Los circuitos cerebrales difieren entre ambos pero dado que se producen en forma simultánea solemos pensar que son la misma cosa. Sin embargo, que los circuitos interactúen entre sí no significan que no podamos diferenciarlos. Se nos hace imposible sentir miedo y no tener alguna reacción orgánica del mismo.

Tal como se preguntaba el psicólogo y filósofo estadounidense, William James: ¿Corremos porque sentimos miedo o sentimos miedo porque corremos?

Ansiedad

La palabra ansiedad deriva etimológicamente de la palabra latina anxietas que a su vez viene del griego angh que significaba tener una complicación o llevar una carga. De esta raíz deriva la palabra angustia que sería sinónimo de ansiedad.

Søren Kierkegaard

En el siglo XIX, Søren Kierkegaard, filósofo y teólogo danés, asigna la ansiedad como algo intrínseco de la naturaleza humana. Su obra “El concepto de ansiedad”, publicado en 1844, mucho antes de que Freud naciera, ya hace la distinción entre miedo y ansiedad.

El primero se refiere a una reacción respecto a un objeto específico, en cambio la ansiedad se presenta cuando el miedo se da frente a algo que pueda ocurrir en el futuro. Este miedo puede ser a algo concreto o inespecífico, dándose el caso que se llegue a tener miedo al miedo mismo, dando la sensación que se genera por la misma “nada”.

Freud

Aunque probablemente Freud no haya leído la obra de Kierkegaard ya que ella se hizo conocida posteriormente por los existencialistas, le presta especial atención a este estado afectivo y consideraba que la ansiedad se podía convertir en una condición patológica.

O sea, si uno pasea por un bosque y se encuentra con un tigre que lo amenaza eso es miedo, si en cambio uno pasea por el bosque pensando que en algún momento un tigre puede aparecer aun siendo baja la probabilidad que suceda, es ansiedad.

En cambio, si uno ve un tigre en un zoológico donde no existe ninguna posibilidad de amenaza respecto a él y todavía así siente miedo, es una fobia.

En la práctica muchas veces es difícil diferenciar el miedo de la ansiedad, ambas son respuestas hacia algún peligro.

Aunque el miedo se refiere a una amenaza presente, es muy difícil no pensar en las consecuencias futuras del mismo. Decimos que la ansiedad es algo típicamente humano dado que se necesita una noción del tiempo, capacidad de la cual no existen evidencias de que la posean los animales.

Tanto el miedo como la ansiedad han sido importantes para nuestra supervivencia como especie por eso se han conservado con tanta fuerza. El problema es que las condiciones para las cuales fueron creadas, cambiaron en la actualidad. Ya no aparecen predadores en nuestra vida diaria, sino autos fuera de control, jefes autoritarios, parejas enojadas, etc./script>


Anatomía del miedo

La amígdala juega un rol central en el mecanismo del miedo.El circuito amigdalino tiene una doble función, por un lado tiene un rol directo en detectar inconscientemente estímulos amenazantes y generar una respuesta automática conductual y fisiológica.

Por otro, tiene un rol indirecto donde están involucrados mecanismos cognitivos que generan la sensación consciente del miedo y la interpretación de la misma. La amígdala recibe información sensorial de todos los sentidos a través de una vía celerísima que reacciona ante una amenaza antes de que llegue al córtex.

Lecho de la estria terminal

Otra área involucrada es el núcleo del lecho de la estría terminal (BNST por sus siglas en inglés) que es parte de la amígdala extendida. Esta área estaría involucrada en la evaluación de la incertidumbre. Dado que en ciertas situaciones no hay seguridad de que ocurra el evento dañino, hay que lidiar con la incertidumbre.

Esto es propio de la ansiedad que, a diferencia del miedo en el cual la amenaza es algo presente y seguro, en la ansiedad el evento amenazante es incierto y en el caso humano puede ocurrir en el futuro. Por eso se puede decir que el BNST es el área relacionada con la ansiedad.

El BNST cumple funciones similares a la amígdala pero en situaciones de incertidumbre. Está conectado con las mismas áreas que la amígdala, activando el sistema nervioso autónomo, endócrino y áreas atencionales (arousal). También conecta con el hipocampo y el córtex prefrontal ventromedial (PFCvm).

Estas similitudes explican porqué cuando se daña la amígdala es el BNST el que toma parcialmente sus funciones. Por su lado el córtex orbitofrontal (COF) y la PFCvm evalúan el valor amenazante del estímulo. Estas áreas junto con el hipocampo están involucradas en distinguir los estímulos amenazantes de los seguros.

La conducta de evitación es esencial en los trastornos de ansiedad, el aumento de la actividad del córtex prefrontal dorsal, involucrado en el control ejecutivo, disminuye la conducta de evitación. El córtex cingular anterior que conecta con la mayoría de las áreas relacionadas con la ansiedad tiene un rol fundamental en el control del comportamiento. /script>


Conclusiones

Nuestra especie como cualquier otro animal está sujeto a diversas amenazas. Los predadores han sido el principal peligro en la mayor parte de nuestra historia evolutiva. En el caso de enfrentarse a un predador hay que decidir rápidamente si se va a pelear o huir.

En los últimos milenios se fueron modificando las amenazas, hoy nos enfrentamos por ejemplo al desorden del tránsito, a delincuentes que podrían significar lo más parecido a los viejos predadores, etc.

Pero mayormente las amenazas son internas, basadas en exigencias de la sociedad para la cual la estrategia de pelear o huir no nos brinda ningún beneficio.

Nuestro cerebro no se ha modificado significativamente en los últimos 30,000 años por lo que se produce una mala adaptación a un nuevo contexto. Sufrimos el uso desadaptativo de las emociones, eso genera en más del 20% de la población diversos trastornos de ansiedad. /script>


Referencias bibliográficas

  1. Adolphs, R. (2013). The biology of fear. Current biology.
  2. LeDoux, Joseph (2015). Anxious, the modern mind in the age of anxiety . London, One World Publications
Daniel Pozzi

Daniel Pozzi

Biólogo especializado en Neurociencia.

EVALUACIÓN PSICOLÓGICA: UNA BREVE APROXIMACIÓN

Introducción

Evaluación psicológica, del griego (psykhé-diá-gignosko); concepto que puede ser traducido como “el conocimiento profundo del alma” [7].

A pesar de lo que pueda parecer a simple vista, esta disciplina no siempre ha sido denominada con este término; pues lo que hoy conocemos como Evaluación psicológica antiguamente recibía el nombre de Psicología del Diagnóstico o Psicodiagnóstico, cuya función principal era dar un diagnóstico exhaustivo sobre la persona [7].


La Evaluación Psicológica a lo largo de los años

A lo largo de la historia, el contenido de la “psykhé” ha ido variando a medida que ha ido avanzando y evolucionando la Psicología como Ciencia gracias a los avances clínicos y tecnológicos realizados en el campo [7].

Durante los primeros años del siglo XX el objeto principal de la disciplina era el alma, objeto de estudio no cuantificable. Sin embargo, hacia los años 40, la disciplina cambia el objeto de estudio de la disciplina (el alma) centrando toda su atención en la mente; hecho, asimismo, subjetivo ya que como el alma ésta tampoco es cuantificable [7].

Sin embargo, conforme pasa el tiempo la disciplina va tomando nuevas formas, adaptándose a las corrientes psicológicas predominantes en la época, siendo ahora la conducta el principal objeto de estudio de la disciplina [7].

No obstante, el interés por la conducta no duraría mucho tiempo, pasando la disciplina a centrar toda su atención el modelo cognitivo-conductual, modelo teórico mantenido hasta la actualidad. Según este marco teórico el diagnostico psicológico se realizaría mediante la cuantificación de conductas directamente observables [7].


Concepto de evaluación psicológica

El concepto de evaluación psicológica como tal surge como resultado de la Segunda Guerra Mundial, fruto de la evaluación de los aspirantes a soldados, en las que éstos debían mostrar sus habilidades y capacidades [2,7].

Una de las primeras definiciones pormenorizadas del concepto es ofrecida en 1975 por McReynolds. Según ese autor la evaluación psicológica seria el proceso mediante el cual una persona intenta conocer, comprender o captar a otra [6].

Definición actual

En palabras de Fernández Ballesteros (1999) la evaluación psicológica seria la disciplina encoargada del estudio científico del comportamiento ya sea de un sujeto o un grupo de éstos con el fin de explicar y controlar su conducta [2].

Objetivos de la Evaluación psicológica

En la literatura científica, son muchos los autores que han tratado de establecer los objetivos fundamentales de la disciplina. Sin embargo, en la actualidad parece ser que todavía no existe un consenso al respecto [2,3,7].

De manera resumida podríamos establecer que la evaluación psicológica persigue cuatro objetivos fundamentales. No obstante, estos pueden variar en función de la literatura consultada [2,3,7].

Identificar la conducta problema

Uno de los objetivos principales de la evaluación es identificar la conducta problema o conflicto. Problema, que en la mayoría de las ocasiones nada tiene que ver con la queja o motivo de consulta del paciente  [2,3,7].

¿Qué variables están implicadas?

Mediante la evaluación psicológica podemos establecer el origen o causa de la conducta problema, es decir, que variables lo desencadenan, modulan o mantienen [2,3,7].

¿Qué se persigue mediante la evaluación psicológica?

Como hemos comentado previamente, la evaluación psicológica puede tener varios fines: descriptivo, comprensivo, predictivo y/o explicativo [2,3,7].

¿Por qué? ¿Para qué?

Una vez realizada la evaluación psicológica podremos llegar a un diagnóstico que nos permitirá seleccionar las técnicas más adecuadas para reducir el conflicto [2,3,7].


Diferencias entre instrumentos, pruebas, técnicas y test

En la literatura científica podemos encontrar diferentes instrumentos, técnicas o procedimientos para realizar la evaluación psicológica. No obstante, ¿sabemos las diferencias entre cada uno de ellos?

En el siguiente apartado, trataremos de realizar una definición clara y precisa de cada uno de ellos, intentando que el lector establezca las diferencias existentes entre cada uno de estos conceptos.

Instrumento

En palabras de Fernández-Montalvo (1997) un instrumento es todo aquello que el evaluador puede utilizar como legítima fuente de datos acerca de un sujeto [4].

En resumen, dentro de este grupo se incluirá todo aquello a partir de lo cual podemos obtener datos.

Prueba

Según Gregory (2001) las pruebas son procedimientos estandarizados mediante el cual una conducta es descrita en categorías o puntuaciones [5].

Técnica

En palabras de Fernández Ballester (1999) el concepto de técnica haría referencia a todos aquellos dispositivos mediante los cuales podemos obtener o recoger información sin ningún tipo de material tipificado [2].

Puede ser definida como un sistema de recogida de información en  la que los estímulos pueden o no estar tipificados, por ejemplo existen las entrevistas cerradas cuyas preguntas son iguales en todos los sujetos, o las entrevistas abiertas en las que varían las preguntas de un sujeto a otro.

Test

Según la definición aportada por Moreno Rosset en el años 2005 los test son instrumentos estandarizados y tipificados que nos informan de la puntuación obtenida por un sujeto en relación a su grupo de referencia.[7].

En contraposición con las técnicas, se trata de instrumentos estandarizados y tipificados.


Condiciones que debe reunir un buen test o técnica (Moreno, 2005).

  • Un test o técnica debe facilitar la mayor información posible.
  • Debe aplicarse en el menor tiempo posible, reduciendo los costes de su aplicación.
  • No debe influir de manera notable sobre el evaluado.
  • Cumple los requisitos psicométricos oportunos, los cuales deben cumplirse siempre para garantizar la fiabilidad del mismo.

Concepto de Valoración (Evaluation)

No debemos confundir la evaluación psicológica con la valoración ya que en ocasiones se tomen como sinónimos son términos completamente distintos.

En palabras de Fernández Ballesteros (1999) la valoración psicológica es la investigación del mérito, valor o éxito de tratamientos, intervenciones o programas concretos llevados a cabo con el fin de producir cambios comportamentales en el contexto social [2].

En resumen, el concepto de evaluación hace referencia al proceso y herramientas necesarias para el análisis psicológico de los sujetos; mientras que el concepto de valoración haría referencia a un conjunto de actividades necesarias para establecer la eficacia de un programa o intervención [1].


Características de la valoración Fernández Ballester (1999)

  • La información es imprescindible para tomar decisiones. Las fuentes pueden ser diversos enfoques y/o análisis. Podemos establecer la valoración como un sinónimo de sopesar, para ello necesitamos un mínimo de información, cuando tenemos poca información elegir es más fácil. Sin embargo, para valorar necesitamos una mínima información que obtenemos de la Evaluación del paciente.
  • Los datos finales siempre deben permitir la mejora del programa en marcha
  • Es preciso tener siempre en cuenta los objetivos a corto, medio y largo plazo, es decir, no debemos centrarnos en exclusiva en los resultados finales. El resto de datos nos pueden permitir mejorar el programa garantizando mejores resultados.
  • En relación al punto anterior, deben tenerse en cuenta tanto los efectos deseados como no deseados.
  • El análisis siempre debe ser multivariado, ya que la información proviene de diferentes fuentes y contextos.
  • Los sistemas y procedimientos mediante los cuales se obtiene la información deben ser fiables, validos y útiles

Referencias bibliográficas

  1. Fernández-Ballesteros, R. (1985). Evaluación psicológica y evaluación valorativa.Evaluación psicológica, 1, 7-31.
  2. Fernández-Ballesteros, R., & Zamarrón, M. D. (1999). Evaluación en la vejez: algunos instrumentos.Clínica y Salud, 10(3), 245-286.
  3. Fernández Ballesteros, R. (2000). Evaluación psicológica y tests.La evaluación psicológica en el año, 1-26.
  4. Fernández-Montalvo, J., & Odriozola, E. E. (1997).Manual práctico del juego patológico: ayuda para el paciente y guía para el terapeuta. Pirámide.
  5. Gregory, R. J., & Ruiz, V. O. (2001).Evaluación psicológica: historia, principios y aplicaciones. Editorial El Manual Moderno.
  6. McReynolds, P. (1975). Historical antecedents of personality assessment.Advances in psychological assessment,3, 477-532.
  7. Moreno Rosset, C. (2005). Evaluación psicológica: Concepto, proceso y aplicación en las áreas del desarrollo y de la inteligencia.
Carla Andreia Carvalho Gómez

Carla Andreia Carvalho Gómez

Grado en Psicóloga. Formación en Neuropsicología

ANSIEDAD Y PENSAMIENTO

Introducción

Todos estamos sujetos a preocupaciones, pensar que estamos preocupados es algo normal y cotidiano, el día a día implica estar envueltos en muchas obligaciones y responsabilidades, por ello pasamos gran parte del día pensando posibles soluciones que nos permite hacer frente a los inconvenientes que nos encontramos.

La ansiedad leve puede ayudar a mantenernos alerta y concentrados ante situaciones difíciles y amenazadoras.

Preocuparse es bueno, ya que nos permite ver soluciones a los pequeños o grandes problemas, siempre y cuando esta preocupación sea fundada, y nos permita ver alternativas. Lo que no es bueno es la preocupación obsesiva.

Hay personas que tienden a preocuparse en exceso y se quedan “enganchadas” a un pensamiento que las absorbe, de manera obsesiva, cualquier cosa se convierte en un problema y la preocupación se convierte en la protagonista de sus vidas.

Entonces lo más grave es que pierde la capacidad de encontrar soluciones. La preocupación actúa de manera circular, impidiendo ver alternativas [4].


Estudios de LeDoux

LeDoux argumenta que tanto los animales como el ser humano necesitan disponer de un mecanismo de respuesta rápida ante lo peligroso.

La vía tálamo-amígdala permite que las respuestas emocionales se inicien en la amígdala antes de ser conscientes del estímulo que nos hace reaccionar o de identificar las sensaciones experimentadas.

El autor enfatiza las ventajas de ese mecanismo emocional no consciente diciendo que el cerebro necesita unas claves primitivas para dar respuestas rápidas.

LeDoux habló así de la memoria emocional que es de gran interés tanto para la ansiedad como para las fobias.

Distingue entre memoria declarativa y memoria emocional, la declarativa se refiere a reproducir de manera consciente determinados hechos y depende del hipocampo y de la corteza cerebral, y la memoria emocional puede heredarse (memoria filogenética) o adquirirse por aprendizaje (aprendizaje de una fobia).

Ese aprendizaje opera al margen de nuestros procesos conscientes, aunque se puede almacenar como si fuera declarativa.

Según un estudio epidemiológico realizado por Myers, Weissman y Tischler entre 1984 y 1985, los trastornos de ansiedad son los más frecuentes en la población. Un 20% de la población, según este estudio, puede llegar a sufrir trastornos significativos de ansiedad.

Factores externos

  • Sucesos vitales, estrés diario.
  • Experiencia directa.
  • Experiencia vicaria.
  • Transmisión de información.

¿Qué pueden provocar estos factores?

  • Aprensión ansiosa
  • Preocupación
  • Neuroticismo
  • Rasgo de ansiedad
  • Sensibilidad a la ansiedad
  • Interpretaciones catastróficas
  • Ansiedad de separación

Síntomas de la ansiedad

Una vez que se han descartado enfermedades físicas como origen de la ansiedad y se descarta que la ansiedad no aparezca como consecuencia de los afectos secundarios de alguna sustancia (como medicamentos, sustancias tóxicas, nicotina, cocaína, alcohol…) se centrará el diagnóstico en buscar el origen psicológico. La ansiedad usualmente se presenta acompañada de diversos síntomas físicos.

Podríamos definir la ansiedad como algo compuesto por tres factores, el cognitivo, el conductual y el fisiológico.[1]

  • Fasciculaciones o temblores
  • Tensión muscular
  • Mover los pies con nerviosismo
  • Dolores de cabeza
  • Sudoración
  • Sequedad de boca
  • Dificultad para deglutir
  • Dolor abdominal (éste puede ser el único síntoma cuando se trata de un niño)

Otros síntomas

  • Mareos
  •  Frecuencia cardíaca irregular
  • Respiración rápida
  • Sensación de ahogo y/o fatiga
  •  Diarrea o necesidad frecuente de orinar
  • Irritabilidad
  • Dificultad para dormir
  •  Pesadillas
  • Sueño no reparador
  • Disminución de la capacidad de concentración
  • Problemas sexuales

El factor cognitivo

El factor cognitivo hace referencia a cómo el paciente interpreta la realidad, los pensamientos recurrentes, sus expectativas y percepciones.

Lo mas frecuente es que el suceso o estímulo lleve a pensamientos, expectativas o cogniciones que den lugar a las emociones y éstas últimas a la conducta.

Cuando el nivel de ansiedad es alto, los pensamientos, expectativas y cogniciones están condicionadas.

El primer paso para controlar algo es entenderlo y saberlo detectar (observarlo).


Pensamientos frecuentes en personas con ansiedad

  • Haber dicho algo que pueda haber ofendido a alguien o no haber dicho lo correcto.
  •  Temer por la salud de uno mismo y por la de los allegados.
  •  Llegar tarde. Anticipar todos los inconvenientes que pueden surgir cuando vas a algún sitio.
  • Temer que algo malo pueda ocurrir. Hacer hipótesis sobre posibles catástrofes es frecuente. Imaginar si perdemos el trabajo, si se muere el marido, siempre con un punto de vista negativo.
  • Temer olvidarse de hacer algo importante, como si fuese o ocurrir algo muy malo como consecuencia de ésto, pensar que hemos dejado la puerta de casa abierta, el gas encendido, el frigorífico esta abierto, si hemos cogido las llaves, y cuando hacemos un viaje aún peor.
  •  Temer no poder controlar lo que ocurre ahora o en un futuro, la necesidad de control, creada por la culpa de la misma ansiedad (para prevenirla-eliminarla- compensarla). Por ello pasan el día intentando anticipar cualquier cosa negativa que pueda ocurrir (ahora o en un futuro), pensando que anticiparlas podrá ayudar a evitar o mejorar el problema. Las personas ansiosas temen las situaciones que no pueden controlar, son una amenaza.
  • Preguntarte constantemente si aquellos a los que amas están enfadados contigo o si les pasa algo. La incertidumbre es una situación vulnerable para estas personas y frecuentemente desencadena pensamientos ansiosos negativos).
  • Pensar que va a tener problemas en relaciones personales importantes, sin tener motivo.
  • Temer cometer errores que haga que los demás duden de tu capacidad.Quedar en ridículo en una situación social [2]

Tratamiento

El objetivo del tratamiento es ayudar a la persona a desempeñarse bien, el éxito de dicho tratamiento depende generalmente de la severidad del trastorno.

Los medicamentos y la terapia cognitiva son los soportes principales del tratamiento.

Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), son generalmente, la primera opción en cuanto al uso de medicamentos. Los inhibidores de la recaptación de la serotonina- norepinefrina (IRSN) son otra posible opción. Se pueden usar para casos severos otros antidepresivos y algunos anticonvulsivos.

También se pueden prescribir otros medicamentos ansiolíticos y se pueden recomendar benzodiacepinas si los antidepresivos no funcionan.

Tratamiento psicológico: relajación, resolución de problemas, reestructuración cognitiva, terapia cognitiva centrada en la preocupación, hipnosis [3,5]

Uno de los tratamiento más efectivo , es el cognitivo conductual de la universidad de Laval, los principales objetivos son:

  • Tomar conciencia de las preocupaciones y de la ansiedad.
  • Modificar el grado de intolerancia a la incertidumbre.
  • Corregir las creencias en relación a la utilidad de la preocupación.
  • Disminuir evitar los pensamientos que suscitan el temor o el miedo.
  • Prevenir o contraatacar la vuelta a las preocupaciones.

Para que la persona tome conciencia de sus preocupaciones y de la ansiedad que le provocan, es muy útil llevar un diario de preocupaciones.

También se puede hacer un inventario de pensamientos ansiosos (AnTI, wells, 1997), en la que se da una lista de afirmaciones que la gente utiliza para describir sus pensamientos y preocupaciones.

No hay que pensar demasiado cada afirmación, no hay respuestas acertadas o no, Hay que contestar según la primera impresión.

La psicoterapia no es un proceso lineal ascendente hacia la mejoría, si no que a lo largo de la terapia se producen avances, lentos y rápidos, empeoramientos bruscos o severos, moderados o leves.


Referencias bibliográficas

  1. American Psychiatric Association. 1952. DSM- IV TR.
  2. Balbuena Vilarrasa, Antonio. 2016. Ansiedad. Neuroconectividad: La revolución. S. A. Tribidabo ediciones.
  3.  Cerezo Ramírez, Fuensanta. 1999. Conductas agresivas en la edad escolar: aproximación teórica y metodológica. Propuestas de intervención. Ediciones Pirámide.
  4. Rojas, Enrique. 2014. Como superar la ansiedad. Editorial Temas de hoy.
  5.  Romero, Pablo, Gavino Lázaro, Aurora. 2009. Tratando… trastorno de ansiedad generalizada. Editorial Pirámide.

EVITACIÓN DE LA IMAGEN CORPORAL, UNA APROXIMACIÓN TRANSDIAGNÓSTICA A LA ANOREXIA NERVIOSA

Características clínicas

Según el DSM-5, la Anorexia Nerviosa (AN) es un trastorno de la conducta alimentaria en el que la percepción y la importancia del peso corporal y la constitución están distorsionadas se encuentran seriamente distorsionadas.

Algunas personas sienten que tienen sobrepeso en general; otras se dan cuenta de que están delgadas pero les preocupa que algunas partes de su cuerpo, particularmente el abdomen, las nalgas y los muslos, “estén demasiado gordos”.

Pueden emplear diferentes técnicas para valorar la talla o el peso corporal, como pesarse con frecuencia, medir obsesivamente partes del cuerpo y usar insistentemente el espejo para comprobar zonas de “grasa”.

La autoestima de los individuos con AN depende mucho de cómo perciben su peso y su constitución corporal.

La pérdida de peso se ve a menudo como un logro impresionante y un signo de extraordinaria autodisciplina, mientras que el aumento de peso se percibe como un fracaso inaceptable del autocontrol.

Aunque algunas personas con este trastorno pueden admitir que están delgadas, a menudo no reconocen las graves consecuencias médicas de su estado de desnutrición.

Asimismo, estas personas pueden mostrar todo un abanico de limitaciones funcionales asociadas al trastorno.

Aunque algunas siguen activas en los ámbitos profesional y social, otras muestran un aislamiento social significativo o incapacidad para mantener el potencial académico o la carrera profesional [1]./script>


Modelos explicativos de génesis

Existen diferentes modelos que intentan explicar cuáles son las causas de los trastornos alimentarios, en general, y de la AN, en particular.

De entre los numerosos modelos, destacan los de corte cognitivo-conductual convencional y los transdiagnósticos, como los basados en el enfoque de la terapia dialéctica conductual o la terapia de aceptación y compromiso [2].

En todos ellos se considera de especial relevancia la insatisfacción con la Imagen Corporal (IC) en el desarrollo y mantenimiento de la AN, ya que este trastorno derivaría, en gran medida, del intento de mantener una IC idealizada a través del control obsesivo de la conducta alimentaria [5].

Concepto y desarrollo de la Imagen Corporal

La IC es la representación cognitiva y la vivencia que el sujeto tiene del tamaño, figura, forma y partes componentes del propio cuerpo, lo que además interacciona con la personalidad y el bienestar psicológico, configurándose de esta manera una imagen holística de cómo se ve el sujeto y cómo cree que le ven los demás.

La IC y la apariencia física no coinciden necesariamente, ya que una persona que cumple con los cánones de belleza de su cultura puede tener una percepción negativa de su propia imagen (por supuesto, también puede suceder el caso contrario).

La apariencia física juega un papel esencial en la interacción social y es por esto que una evaluación social negativa con respecto a ella es un factor de riesgo de problemas psicosociales.

Componentes de la imagen corporal

Diversos estudios resaltan que la IC se compone de (a) aspectos perceptivos (precisión con la que el cuerpo o sus partes se perciben por el sujeto, pudiendo darse tanto sobreestimaciones como subestimaciones), (b) aspectos cognitivo-afectivos (actitudes, pensamientos y sentimientos motivados por la talla, el peso, etc.) y (c) aspectos conductuales (en función de los aspectos anteriores, la persona desplegará conductas como exhibición, ocultación, comprobación, etc.) [4].

La IC va construyéndose evolutivamente, de tal manera que los cambios que se sucede en el cuerpo (pubertad, embarazo, desgaste, etc.) van siendo interiorizados e interpretados en función de la historia personal del sujeto y de la cultura en la que éste se encuentra inmerso (de acuerdo con el modelo tripartito, los principales agentes de esta influencia cultural son la familia, los amigos y el medio.

En este sentido, el cuerpo y sus cuidados se han convertido en un negocio multimillonario que incentiva la preocupación por la apariencia física. El ideal de belleza difundido por los medios de comunicación, así como por las redes sociales (como Facebook), se encuentra entre los principales antecedentes causales de insatisfacción con la IC y la sintomatología de los TCA en las adolescentes y las mujeres [6].

A lo largo de los últimos años, el cuerpo ideal está cambiando de una figura predominantemente delgada a otra que se encuentra igualmente delgada, pero también tonificada o atlética.

Por último, debemos destacar que en la adolescencia, el cuerpo es una potente fuente de identidad, auto-concepto y autoestima, lo que hace que esta población sea especialmente vulnerable a los TCA [4]. /script>


Alteración de la Imagen Corporal en el desarrollo y mantenimiento de la Anorexia Nerviosa

Hablamos de una alteración de la IC cuando existe una preocupación excesiva por el cuerpo y una insatisfacción intensa y frecuente que genera un marcado malestar en la vida de la persona. Esta alteración está compuesta por:

  • Una distorsión cognitivo-afectiva (insatisfacción y sentimientos negativos hacia el propio cuerpo)
  • Distorsiones perceptivas (inexactitud en las estimaciones sobre el cuerpo, su forma y su tamaño, que constituirían una proyección de la insatisfacción con el cuerpo, y no un déficit en sí mismo).

En los TCA, la insatisfacción corporal y las preocupaciones se centran globalmente en el peso o tamaño corporal, y específicamente, en las nalgas, la cintura, los muslos y las caderas (relacionadas con la maduración social y sexual).

Los pensamientos rígidos acerca de la delgadez movilizan conductas destinadas a asegurar ésta, como son el seguimiento de dietas, el uso de laxantes, las purgas, el exceso de ejercicio físico y la evitación de situaciones. La IC negativa es un factor de inicio, mantenimiento y recaída de los TCA y por tanto debe ser un objetivo en la intervención terapéutica para aumentar la probabilidad de éxito [5].

La inflexibilidad psicológica como modelo transdiagnóstico de los trastornos psicológicos

Un creciente número de hallazgos pone de relieve la existencia de procesos comunes a diversos trastornos que podrían ser importantes para su evaluación y tratamiento.

La comorbilidad encontrada con frecuencia entre diferentes trastornos sugiere que estos problemas podrían compartir procesos psicopatológicos comunes.

En este contexto, la terapia de aceptación y compromiso propone el modelo de inflexibilidad psicológica, que involucra la dominancia de reacciones psicológicas rígidas que orientan la acción por encima de los valores y las contingencias.

Según Hayes, Strosahl y Wilson [7], el dolor es una consecuencia natural de vivir, pero las personas sufren innecesariamente cuando su nivel global de rigidez psíquica se convierte en una barrera que impide adaptarse al contexto interno o externo.

Sufrimiento

El sufrimiento innecesario “se produce cuando los procesos verbal-cognitivos tienden a estrechar el repertorio humano en áreas clave mediante el enredo cognitivo y la evitación vivencial. Cuando la gente se sobreidentifica o se fusiona con reglas verbales inviables, su repertorio conductual se vuelve más estrecho y pierde el contacto real con los resultados directos de la acción”, diluyéndose la capacidad de cambiar de estrategia cuando las aplicadas no dan resultado.

Evitación

La evitación constriñe la conducta y produce una progresiva pérdida de contacto con las consecuencias positivas que tendría el hecho de actuar en lugar de evitar. En otras palabras, la inflexibilidad psicológica es un patrón en el que la conducta está excesivamente controlada por los eventos privados (o por la evitación de éstos) en detrimento de otras formas más efectivas o significativas de actuar, que llevan a la pérdida de relaciones, la frustración de las esperanzas y sueños, etc.

Aunque la forma concreta que toman las conductas problemáticas difiere a través de los trastornos, muchas de ellas pueden conceptualizarse dentro de un marco común de funciones psicológicas compartidas.

Por ejemplo, evitar las situaciones ansiógenas, aislarse cuando se está deprimido, darse atracones o utilizar sustancias, pueden ser conductas reforzadas por el alivio inmediato de los pensamientos y sentimientos aversivos.

Las conductas problemáticas asociadas a muchos trastornos podrían desarrollarse inicialmente como evitación y uso de estrategias de ajuste psicológico inflexibles, que dan como resultado un mayor grado de severidad del problema y rigidez conductual.

De forma consistente a este punto de vista, las investigaciones han encontrado una relación funcional entre la inflexibilidad psicológica y un amplio número de psicopatologías recogidas en los sistemas de clasificación sindrómicos DSM y CIE, entre las que se encuentran los trastornos de la conducta alimentaria y la ingesta de alimentos./script>


Inflexibilidad psicológica en la Anorexia Nerviosa

La inflexibilidad psicológica parece ser importante para la comprensión del papel que juegan las cogniciones desadaptativas en los trastornos de la conducta alimentaria y de la ingesta de alimentos (TCA). Así, la inflexibilidad, junto con los pensamientos y los sentimientos angustiosos, se han asociado con la sintomatología de la AN.

Los eventos privados que con más consistencia se vinculan a este trastorno son los referidos a la insatisfacción con la imagen corporal (IC). Con todo, la insatisfacción con la IC no se da únicamente en los TCA, sino que puede darse igualmente en la población general, dado que la sociedad occidental fomenta unos estándares de belleza que propician la insatisfacción con el propio cuerpo.

La presencia de pensamientos y sentimientos sobre el cuerpo es necesaria, pero no suficiente, para que ocurra un trastorno de la imagen corporal. Según Sandoz et al. [3] la clave es la capacidad de la persona para no dejarse llevar por los contenidos de la conciencia, de tal manera que éstos causen un impacto en su salud y bienestar.

Referencias bibliográficas

  1. Asociación Americana de Psiquiatría (APA) (2014). Trastornos de la conducta alimentaria y de la ingesta de alimentos. En: APA (ed.), Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales 5ª Ed. (DSM-5) (329-354). Arlington, VA: APA.
  2. Masuda, A., Hill, M. L., Tully, E. C. & Garcia, S. E. (2005). The role of disordered eating cognition and body image flexibilily in disordered eating behavior in college men. Journal of Contextual Behavioral Science, 4, 12-20.
  3. Sandoz, E. K., Wilson, K. G., Merwin, R. M., & Kellum, K. K. (2013). Assessment of body image flexibility: the body image-acceptance and action questionnaire. Journal of Contextual Behavioral Science, 2(1), 39-48.
  4. Salaberria, K., Rodríguez, S., & Cruz, S. (2007). Percepción de la imagen corporal. Osasunaz, 8(2), 171-183.
  5. Marco, J. H., Perpiñá, C., & Botella, C. (2014). Tratamiento de la imagen corporal en los trastornos alimentarios y cambio clínicamente significativo. Anales de psicología, 30(2), 422-430.
  6. Kim, J. W., & Chock, T. M. (2015). Body image 2.0: Associations between social grooming on Facebook and body image concerns. Computers in Human Behavior, 48, 331-339.
  7. Hayes, S. C., Strosahl, K., & Wilson, K. G. (2014). Terapia de Aceptación Y Compromiso: Proceso Y Práctica Del Cambio Consciente: Mindfulness. Guilford Press
Isaac Carmona

Isaac Carmona

Psicólogo. Máster Oficial en Terapias Psicológicas de Tercera Generación. Instructor de Mindfulness y Autocompasión (MSC).

¿QUÉ ES LA CATALEPSIA?

Introducción y concepto

Durante muchos años, la catalepsia fue un misterio para la humanidad. Antiguamente, al no disponer de medios médicos adecuados para determinar si una persona estaba muerta o no, se creía que la gente que sufría de catalepsia estaba realmente muerta, con lo cual eran enterradas vivas y no era infrecuente ver ataúdes con arañazos y otros signos que indicaban que la persona quería salir. De hecho, uno de los nombres con los cuales se conoce también a la catalepsia es el de muerte aparente.

La primera pregunta que puede plantearse una persona es saber qué es exactamente la catalepsia. Bajo este concepto se enmarca una afección consistente en una pérdida de la capacidad de realizar cualquier clase de movimiento debido a una afección nerviosa que altera el tono muscular. A pesar de dar la sensación de muerte, la persona que la padece no está muerta y posee constante vitales tales como ritmo cardíaco o electroencefalograma [4,5].


Características básicas

La catalepsia no se encuadra dentro de una clase de trastornos concretos sino que está englobada dentro de un grupo de síntomas correspondientes a diversas patologías: Parkinson, epilepsias o alguna clase de trastorno psicótico o una adicción a cualquier sustancia (droga, por ejemplo); hasta puede darse como consecuencia de la actuación de cierto tipo de fármacos en el organismo, a modo de efecto secundario.

Las características principales de la catalepsia son: rigidez muscular que alcanza un tono superior al que presenta esa persona en un inicio, palidez de la piel (presentando un color más blanquecino de lo normal), carencia de reacciones ante estimulaciones de carácter sensorial o relacionadas con el dolor (no sienten del mismo modo que una persona en estado consciente), las constantes vitales se ralentizan (el ritmo cardíaco y otras reacciones fisiológicas se hacen casi imperceptibles) y flexibilidad cérea (la rigidez muscular del cuerpo de la persona que sufre catalepsia permite que las extremidades se queden en una posición fija y que no pierda esa posición a lo largo del tiempo). Con estos síntomas y esas características, la catalepsia puede actualmente ser diferenciada de otras patologías.

Debido a las características citadas anteriormente, no era de extrañar que en épocas antiguas en las que la ciencia no contaba con un nivel de desarrollo adecuado, se considerase que la gente que sufría un episodio de catalepsia estaba muerta, por lo que eran enterradas y, cuando salían de ese episodio cataléptico, se encontraban enterradas y luchaban por salir (de ahí esos ataúdes con golpes y arañazos) [1,3].


Sustratos neurales

En la catalepsia puede haber multitud de sustratos neurales involucrados en tanto en cuanto está condicionada por diversas enfermedades, así que comprendiendo los modos de funcionamiento que poseen las diferentes patologías se puede entender mejor qué puede causar la catalepsia.

En el caso de aparecer la catalepsia consecuencia de la enfermedad de Parkinson, ésta puede ser causada por la degeneración de la sustancia negra del individuo, con lo cual la dopamina en el organismo presenta unos niveles anormales de dopamina que impiden la apta movilidad del cuerpo. Esa falta de control y armonía en el organismo, capaz de causar una gran rigidez muscular, podría ser la originadora de la catalepsia en ese individuo.

Epilepsia

Con respecto a la epilepsia, un conjunto de anomalías caracterizadas por la descarga en un punto focal concreto de la corteza cerebral y que, cuando inicia, sigue una serie de fases:tónica (el cuerpo presenta una gran rigidez muscular), clónica  (fase que presenta unos movimientos involuntarios de diferentes partes del cuerpo) y convulsiva (el cuerpo se sacude violentamente). La catalepsia en este caso puede producirse debido a la fase de rigidez muscular que surge en la epilepsia, favoreciendo que el cuerpo no se mueva y dé esa sensación de muerte.

Trastornos psicótico

En el caso de los trastornos psicóticos, la afección se caracteriza por provocar una disrupción de la realidad por parte del sujeto, haciéndole creer que ocurren ciertos eventos cuando en realidad está sucediendo otra cosa. Uno de los trastornos psicóticos más conocidos y que puede relacionarse cercanamente con la catalepsia es el conocido como “Delirium tremens”: En este delirio el sujeto presencia la “aparición” de unas criaturas que resultan aberrantes y le generan una gran sensación de miedo. Se puede dar, durante dicha experiencia alucinatoria, una sensación de parálisis que puede llevar a la catalepsia.

Adicciones

Con respecto a las adicciones, cuando un paciente está “enganchado” a una sustancia, su cerebro se programa para consumir esa adicción porque le genera placer; esto se debe a la falta de recaptación de dopamina. Es posible que debido a esa falta de funcionamiento adecuado del sistema dopaminérgico se produzcan esos episodios de catalepsia.

Por último, citando el tema de los fármacos, hay que tener en cuenta que muchos fármacos poseen efectos secundarios que pueden llevar a causar enfermedades o sintomatología perjudicial para el paciente consumidor del susodicho medicamento. En algunos fármacos, especialmente los antipsicóticos más antiguos, sus efectos pueden llegar a inducir síntomas que mermen la actividad física y mental del sujeto, pudiendo así llegar a inducir la catalepsia [6-8].


Tratamiento

Aunque pueda parecer que la catalepsia es un mal que no tiene remedio fácil o que una vez que se sufre ya no se puede volver a la consciencia, lo cierto es que sí que se puede recuperar a una persona que la sufre y hacer que sea consciente de nuevo. Sin embargo, está comprobado que en general funcionan bastante bien los fármacos con funciones relativas a la relajación muscular.

En muchos casos, especialmente cuando la causa subyacente a la catalepsia tiene su origen en el consumo de alguna sustancia adictiva (droga) y afecta con ello al sistema motor del organismo, la catalepsia suele pasar gracias a la ayuda de algún tipo de intervención psicoterapéutica específica para ella acompañada de cierto tipo de fármacos antipsicóticos. No obstante, en los casos en los que la catalepsia viene inducida por algún traumatismo, por algún cambio emocional grave o por un choque violento, la catalepsia tiene a desaparecer sola sin necesidad alguna de intervención.

Como puede apreciarse según lo visto, la catalepsia por si sola no indica nada ya que puede estar causada por diversas circunstancias y que, en función del motivo que desencadena la catalepsia, el procedimiento será diferente [2,9].


Referencias bibliográficas

  1. Bambico, F. R. (2004). The Behavioural Pharmacology of the NAALADase Inhibitor: Its Effect on Cataleptic and Hemi-Parkinsonian Rats. Philippine Journal of Psychology, 37(1).
  2. Carroll, B. T., Goforth, H. W., Thomas, C., Ahuja, N., McDaniel, W. W., Kraus, M. F., … & Muñoz, C. (2007). Review of adjunctive glutamate antagonist therapy in the treatment of catatonic syndromes. The Journal of neuropsychiatry and clinical neurosciences, 19(4), 406-412.
  3. Coffey, M. J., & Taylor, M. A. (2010). The catatonic patient. Clinical Manual of Emergency Psychiatry, 77.
  4. Hodelin-Tablada, R. (2001). The clinical diagnosis of brain death. East and Central African Journal of Surgery, 6(1).
  5. Kulikova, E. A., Bazovkina, D. V., Antonov, Y. V., Akulov, A. E., Kulikov, A. V., & Kondaurova, E. M. (2017). Alteration of the brain morphology and the response to the acute stress in the recombinant mouse lines with different predisposition to catalepsy. Neuroscience research, 117, 14-21.
  6. Neal-Beliveau, B. S., Joyce, J. N., & Lucki, I. (1993). Serotonergic involvement in haloperidol-induced catalepsy. Journal of Pharmacology and Experimental Therapeutics, 265(1), 207-217.
  7. Ramachandraiah, C. T., Subramaniam, N., & Tancer, M. (2009). The story of antipsychotics: Past and present. Indian journal of psychiatry, 51(4), 324.
  8. Schmidt, W. J., & Beninger, R. J. (2006). Behavioural sensitization in addiction, schizophrenia, Parkinson’s disease and dyskinesia. Neurotoxicity research, 10(2), 161-166.
  9. Trujillo, K. A., & Akil, H. (1991). The NMDA receptor antagonist MK-801 increases morphine catalepsy and lethality. Pharmacology Biochemistry and Behavior, 38(3), 673-675.
Germán Albeleira

Germán Albeleira

Licenciatura en Psicología. Máster en Neurociencias.

LA TEORÍA POLIVAGAL APLICADA AL TRASTORNO LÍMITE DE LA PERSONALIDAD

¿Qué es el trastorno límite de la personalidad?

“Vivir una vida análoga a una telenovela es vivir la vida de una personalidad límite” [4]. Desde el punto de vista emocional, estas personas son altamente inestables, viéndose especialmente secuestradas por su ira.

El caos imperante en sus vidas se ve avivado por una intensa necesidad de relaciones interpersonales, así como inestables y polarizadas opiniones sobre los demás (en un momento pueden considerar a una persona como cariñosa e inteligente, y al poco tiempo, traidora y negligente).

Las personas con trastorno límite de la personalidad (TLP) tienen una tolerancia muy baja a la soledad y sienten una profunda sensación de vacío cuando no están acompañadas.

Ya sea como un medio para evitar el abandono de los demás o para aliviar su intenso dolor emocional, estas personas pueden llevar a cabo conductas autolesivas (cortes, quemaduras y otras mutilaciones) o suicidas.

Según Millon y cols. [4], se trata de personas incapaces de comprender que esta excesiva dependencia interpersonal, así como sus comportamientos drásticos, en realidad, son un camino directo hacia el alejamiento de los demás.

Presentan, además, sintomatología depresiva y ansiosa, acompañada de sentimientos de culpa e inferioridad y, en ocasiones, consumo de drogas y promiscuidad sexual.

Por otro lado, al carecer de un sentido maduro de su yo, su sistema de valores y persecución de metas orientadas por éstos son altamente evanescentes e inestables.

Finalmente, los períodos de estrés pueden llegar a causarles la entrada en estados psicóticos y disociativos transitorios.

En comparación a otros trastornos de personalidad, el TLP constituye uno de los retos más complejos y difíciles de abordar por los clínicos, haciendo que la intervención pueda llegar a ser una fuente de frustración y recelo [6], siendo la Terapia Dialéctica Conductual (DBT) y la Terapia Basada en la Mentalización (MBT) los principales tratamientos de elección [5].


Una perspectiva polivagal

La teoría polivagal de Porges se utiliza actualmente como base teórica para explicar el trauma y los trastornos relacionados con éste. Existe gran cantidad de informes de casos en los que el TLP correlaciona significativamente con un pasado de abusos sexuales y disfunción familiar, lo que ha llevado a desarrollar la hipótesis de que el TLP puede ser resultado de experiencias traumáticas en edades tempranas.

Otros eventos adversos, como ser abandonado o tener miedo a serlo, además de una falta de apego seguro, suelen acompañar igualmente al TLP.

Por otra parte, como hemos mencionado antes, suele aparecer acompañado de trastornos comórbidos relacionados con el estado de ánimo y la ansiedad.

Dada la prevalencia y severidad del TLP, algunos estudios se han dedicado a explorar los mecanismos neurológicos y psicológicos subyacentes. Los investigadores sugieren que conocer estos mecanismos puede dar lugar a desarrollar tratamientos más efectivos.

Impulsividad

Dado que la impulsividad es un aspecto central del TLP [2], se ha hipotetizado que debe existir una disfunción de la corteza prefrontal, algo que se infiere por las observaciones efectuadas sobre la conducta de personas que han sufrido daño cerebral en esa área, en las que se produce un aumento de la impulsividad.

Asimismo, los estudios volumétricos con neuroimagen han hallado que los lóbulos frontales de los participantes TLP están reducidos respecto al grupo control.

Del mismo modo, áreas de las estructuras límbicas, implicadas en la regulación emocional (como el hipocampo y la amígdala), se encuentran igualmente reducidas.

La reducción de volumen de estas estructuras, en especial del hipocampo, parece ser una consecuencia del excesivo estrés al que los pacientes TLP se ven sometidos.

Regulación emocional

Se han realizado otros estudios neuropsicológicos de los sistemas que median la regulación emocional, la impulsividad y la conducta agresiva

. Así, se han hallado, por ejemplo, déficits de serotonina (neurotransmisor relacionado con la impulsividad, la agresión y las conductas suicidas) en personas con TLP. El TLP puede ser asociado a una hiperreactividad del sistema hipotálamo-pituitario-adrenal (HPA), un sistema implicado en la reacción de estrés, la ansiedad y la reactividad emocional.

Regulación conductual

Dado que algunas manifestaciones del TLP están relacionadas con dificultades en la regulación conductual y emocional, la evaluación del sistema nervioso autónomo (SNA) puede ser útil como vía para comprender los mecanismos neurales del trastorno.

Por ello, se puede hipotetizar que (a) el componente simpático del SNA, que subyace al sistema de respuesta de lucha/huida, puede encontrarse hiperactivado; y (b) que el componente parasimpático, subyacente a los estados viscerales de calma y las conductas de interacción social, puede encontrarse deprimido.

Se han realizado estudios en este sentido que parecen confirmar la hiperactivación del componente simpático en los TLP, sin embargo no se ha evaluado aún el componente parasimpático [3].


Modelo filogenético

El modelo filogenético sobre el sistema nervioso autónomo que ofrece la Teoria Polivagal [7] provee un innovador marco de trabajo para estudiar la hipotética participación del SNA en el TLP. La teoría se centra en el rol que el SNA juega a la hora de mediar tanto las conductas de defensa como las de socialización.

También, enfatiza e integra el sistema de interacción social que regula los músculos faciales y la cabeza implicados en las conductas interpersonales (p. ej. mirada, prosodia, expresión y gesticulación) con el componente parasimpático del SNA (la ruta mielinizada del nervio vago que se dirige al corazón y da lugar a estados viscerales de calma, disminuyendo la activación simpática y la actividad del sistema HPA).

Circuitos neurales

La teoría polivagal enfatiza cómo los circuitos neurales implicados en los estados de regulación autonómica se desarrollaron para dar soporte a respuestas bioconductuales adaptativas.

Propone que las reacciones autonómicas a los cambios/estímulos son resultado de una jerarquía filogenéticamente ordenada en tres estrategias adaptativas de respuesta bioconductual.

Estas estrategias se relacionan con contextos seguros, peligrosos o amenazantes para la vida. Según esta teoría, el sistema neuroceptivo se encuentra continuamente evaluando si el contexto en el que nos encontramos es seguro o peligroso.

La neurocepción no es un proceso consciente; ocurre vía rutas inconscientes subcorticales que se encargan de activar alguno de los tres circuitos neurales (interacción social, ataque/huida, colapso).

Así, en base a la teoría polivagal, las dificultades en la regulación emocional que presentan los TLP pueden ser interpretadas como la expresión conductual de un estado fisiológico que se ha desarrollado para dar soporte a las estrategias de defensa en situaciones de peligro o amenaza vital.

Según la teoría polivagal, el fragmento mielinizado del vago, con el que cuentan los mamíferos modernos, es crítico para inhibir los circuitos límbicos de defensa, desactivando la influencia del sistema nervioso simpático sobre el corazón y disminuyendo la actividad del eje HPA.

Cuando esto sucede, el vago mielinizado funciona como un freno que mantiene los estados de calma en los contextos sociales.

Sin embargo, cuando se detecta algún riesgo, este freno deja de funcionar en un abrir y cerrar de ojos para que se movilicen las conductas de defensa. Así, el TLP puede asociarse con dificultades en la regulación del freno vagal en escenarios sociales [1].

Corazón de mamiferos

El corazón de los mamíferos se caracteriza por una influencia del vago relativamente fuerte, a través de las rutas mielinizadas de éste, sobre las neuronas marcapasos.

Funcionalmente, el impacto del freno vagal produce una tasa cardíaca inferior al ritmo normal, es decir, la frecuencia cardíaca desciende. Cuando el freno vagal no está en funcionamiento, el ritmo cardíaco vuelve a su línea de base sin necesidad de que se active el sistema simpático. Es decir, el freno del vago ejerce de modulador de la tasa cardíaca mediante sus rutas eferentes mielinizadas.

De esta manera, el freno vagal provee un mecanismo neural para cambiar los estados viscerales mediante la frecuencia cardíaca.

Neurofisiológicamente, la influencia del freno vagal se reduce o se retira para dar a poyo a los requerimientos metabólicos necesarios para la movilización conductual (p. ej. respuesta de ataque/huida) y el mantenimiento o incremento de conductas de apoyo social.

La amplitud de la arritmia respiratoria sinusal –ralentización de la frecuencia cardíaca al exhalar y aceleración de la misma al inhalar- (RSA) indica el estado del freno vagal, por lo que es un índice del efecto que la ruta mielinizada del vago está ejerciendo sobre el corazón.

Se ha comprobado que las personas con TLP tienen problemas para mantener el freno vagal en situaciones sociales. De esta manera, en respuesta a estímulos sociales, los TLP pueden pasar rápidamente de un estado de calma (con una alta amplitud del RSA) a un estado de agitación (baja amplitud del RSA) [7].


Referencias bibliográficas

  1. Austin, M. A., Riniolo, T. C., & Porges, S. W. (2007). Borderline personality disorder and emotion regulation: Insights from the Polyvagal Theory. Brain and cognition, 65(1), 69-76.
  2. Crowell, S. E., Beauchaine, T. P., & Linehan, M. M. (2009). A biosocial developmental model of borderline personality: Elaborating and extending linehan’s theory. Psychological bulletin, 135(3), 495.
  3. Lieb, K., Zanarini, M. C., Schmahl, C., Linehan, M. M., & Bohus, M. (2004). Borderline personality disorder. The Lancet, 364(9432), 453-461.
  4. Millon, T., Grossman, S., Millon, C., Meagher, S. y Ramnath, R. (2006). Trastornos de la personalidad en la vida moderna. Barcelona: Elsevier Masson.
  5. National Institute for Health and Care Excellence [NICE] (2009). Borderline Personality Disorder: recognition and management. Retrieved from: https://www.nice.org.uk/guidance/cg78/resources/borderline-personality-disorder-recognition-and-management-pdf-975635141317
  6. Palacios, A. G., Haro, M. V. N., Guillén, V., Marco, H., & Botella, C. (2010). Estudio preliminar sobre la eficacia de la terapia dialéctico-comportamental en personas diagnosticadas de trastorno límite de la personalidad y bulimia nerviosa. Psicología Conductual, 18(1), 197.
  7. Porges, S. W. (2011). The polyvagal theory: Neurophysiological foundations of emotions, attachment, communication, and self-regulation. New York: Norton.

 

Isaac Carmona

Isaac Carmona

Psicólogo. Máster Oficial en Terapias Psicológicas de Tercera Generación. Instructor de Mindfulness y Autocompasión (MSC).

NEUROBIOLOGÍA DE LA COMPASIÓN MINDFUL

Introducción

En artículos anteriores hemos explorado qué es y no es la autocompasión mindful, así como cuál es su sustrato neurobiológico.

En esta ocasión, vamos a centrarnos en la compasión en su conjunto, no únicamente en la que se dirige hacia uno mismo.

En este sentido, la psicología moderna (i.e. contextualismo funcional, neurobiología interpersonal, etc.) la conceptualizan como un proceso cognitivo, emocional, motivacional y conductual, que implicaría [7]:

  1. Darse duenta de la presencia del sufrimiento desde una perspectiva mindful.
  2. Sentimiento y comprensión del sufrimiento y sus causas.
  3. Apertura al sufrimiento con la intención o el deseo de aliviarlo

Por su parte, la Terapia Centrada en la Compasión, describe ciertas cualidades o atributos constitutivos de lo que ha bautizado como mente compasiva.

Estos atributos, serían la sensibilidad (consciencia del ahora, que se focaliza de manera intencional en la presencia del sufrimiento), la motivación para el cuidado del bienestar (cuidar y tratar de aliviar o prevenir el sufrimiento), la simpatía (conexión emocional con el sufrimiento, de manera refleja y responsiva, derivada de la capacidad automática de sintonizar emocionalmente con el dolor ajeno), la tolerancia a la angustia (habilidad para tolerar las emociones difíciles, así como las sensaciones corporales que emerjan), ausencia de juicios (permitirnos experimentar ciertas emociones y eventos mentales sin caer bajo el control de la condena, el juicio o la vergüenza) y empatía (intuición y comprensión de la mente propia y ajena, tanto a nivel emocional como intelectual) [1].

Una vez que hemos delimitado conceptualmente el objeto que aquí nos ocupa, dedicaremos el resto del artículo a la exposición de datos neurobiológicos relacionados con éste.


Resultados con electroencefalograma

Hace algunos años, el grupo de investigación de Richard J. Davidson se hizo la siguiente pregunta: ¿qué sucede en el cerebro durante la práctica de la compasión?

Para dar respuesta a esta cuestión registraron la actividad neural, usando en primer lugar la electroencefalografía (EEG).

En su estudio [4] participaron diez meditadores expertos (con entre 10.000 y 50.000 horas de práctica) y novatos (con tan solo una semana de práctica).

El registro de EEG mostró un aumento de la actividad gamma (patrón de ondas relacionadas con la percatación consciente) y la sincronía neural (la coordinación de la actividad gamma en diferentes grupos de neuronas, un factor importante que determina la calidad de la percatación consciente).Además, la actividad gamma era 30 veces superior en el grupo de meditadores expertos.

En relación a los cambios en la actividad cerebral, se comprobó que existían diferencias entre los propios meditadores expertos: cuanto más habían practicado, mayor era la magnitud de los cambios.

Esto es consistente con el hecho de que los beneficios de la compasión mindful son dependientes de la práctica; cuanta más experiencia se tiene, mayores son los cambios y beneficios obtenidos.


Resultados con Imagen por Resonancia Magnética Funcional

Tras realizar el estudio con EEG, el equipo de Davidson quiso investigar los circuitos neurales relacionados con la compasión.

Para ello, utilizaron la Imagen por Resonancia Magnética Funcional (IRMf) para analizar la actividad neural de 15 meditadores expertos y 15 principiantes [3].

Como estímulo evocativo de la compasión se utilizó una serie de audios en los que se escuchaba a personas llorando o gritando.

Los cambios encontrados fueron más significativos en cuanto a la actividad de la ínsula (implicada en las emociones sociales y clave en la interacción mente-cuerpo), la amígdala (componente crítico del circuito emocional y la empatía) y la unión temporoparietal derecha (vinculada a la toma de perspectiva, por ejemplo, al representarnos cómo se siente otra persona). Al igual que en el estudio anterior, la actividad cerebral era más intensa en función de la experiencia que se tuviera cultivando la compasión mindful.

Frecuencia cardíaca y compasión

Un proceso clave en la regulación afectiva es la puesta en práctica de conductas afiliativas y cariñosas.

La Teoría Polivagal de Porges [5] detalla cómo la activación de la porción mielinizada del sistema nervioso autónomo parasimpático (también llamado sistema nervioso social) ayuda a regular de manera flexible la reacción de lucha-huida (mediada por el sistema nervioso autónomo simpático).

Esta activación parasimpática permite mantener un estado de calma y relajación al encontrarnos físicamente próximos a los demás, así como recibir u ofrecer conductas afiliativas, de cuidado y prosociales.

Esto tiene su reflejo en el equilibrio entre ambas ramas autonómicas, que da lugar a una variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC).

De hecho, la inhibición de la acción simpática sobre el corazón, a través del vago mielinizado, ha demostrado estar vinculada con la respuesta de orientación y la atención sostenida hacia el mundo externo, lo que constituye el núcleo de componentes compasivos como la sensibilidad y la simpatía.

Esto ha sido comprobado de manera consistente, tanto en adultos como en niños, usando estímulos evocativos de la compasión (p.ej. videos en los que se ve a personas sufriendo).

Es más, los niños con alta deceleración cardíaca durante la presentación de los estímulos evocativos mostraron un incremento de las conductas compasivas subsecuentes.

Por otra parte, una alta VFC basal se relaciona especialmente con mayor disposición a ayudar a los demás y más capacidad para autorregular las emociones, así como estados emocionales compasivos y afecto positivo en general [2].

Recientemente se han llevado a cabo estudios que muestran que el aumento inducido de la VFC, mediante Estimulación Transcraneal con Corriente Directa sobre el lóbulo temporal izquierdo, está asociado a incrementos en afectos positivos de calma (i.e. percepción de seguridad y calidez, considerada la base emocional de la motivación compasiva y que está íntimamente enlazada con una alta VFC).

Así, una VFC alta correlacionaría con mayor capacidad para autocalmarse en contextos estresantes, lo que facilita la disposición a actuar en pos del alivio del sufrimiento al inhibirse las reacciones de lucha-huida [2].


Sistema inmune y endocrinología

La práctica de la compasión fomenta la liberación de oxitocina y reduce los niveles de cortisol. Ambas hormonas tienen un impacto sobre la actividad del sistema inmune, y por ende, en la salud.

La relación entre compasión y salud ha sido comprobada en algunos estudios controlados aleatorizados.

Por ejemplo, un estudio encontró que aquellos pacientes que percibían mayor empatía por parte de sus doctores, se recuperaban a mayor velocidad y tenían niveles superiores de la molécula inmunitaria interleucina-8.

Asimismo, un buen número de factores socioemocionales relacionados con la compasión han mostrado jugar un papel importante en la salud, tanto física como psicológica.

Así, podríamos decir que el ritmo de la vida moderna tiende a provocar inflamación crónica (incluso cuando no hay evidencia de infección).

Esta inflamación está relacionada con numerosos trastornos psiquiátricos, incluyendo depresión mayor, tx. bipolar y esquizofrenia, así como afecciones físicas, como patología cardiovascular, diabetes, cáncer y demencia.

En este contexto, la investigación ha mostrado que la compasión tiene efectos antiinflamatorios.

De esta forma, aquellas personas que practican regularmente la compasión mindful producen menor cantidad de interleucina-6 en respuesta al estrés psicosocial.

Adicionalmente, y en consonancia con lo que se ha expuesto en el punto anterior, la compasión se asocia a una menor reacción autonómica simpática ante el estrés [6].

Empatía y compasión

A la luz de las diversas investigaciones realizadas, empatía y compasión parecen depender de diferentes sistemas biológicos y redes neurales [6].

Cuando una persona observa el sufrimiento de otra, se activan en el observador las mismas redes neurales de dolor que en que sufre (la ínsula anterior y la zona medial del córtex cingulado anterior).

Estas regiones han sido relacionadas con la empatía, sugiriendo que las personas pueden compartir el sufrimiento ajeno mediante una representación neural de las emociones del otro.

La activación de estas estructuras ha sido comprobada en numerosos estudios relacionados con la empatía ante el sufrimiento.

Sin embargo, como hemos explicado al inicio de este artículo, la empatía forma parte de la compasión, pero ésta implica también la motivación para aliviar el sufrimiento –la empatía, a diferencia de la compasión, no implica realizar ningún tipo de acción aliviadora-.

Por su parte, los estudios con neuroimagen han comprobado que durante las prácticas de compasión (y también de bondad afectuosa), las redes que se activan implican a la corteza orbitofrontal medial, el putamen, el globo pálido y el área tegmental central/sustancia negra.


Referencias bibliográficas

  1. Gilbert, P. (2010). The compassionate mind: A new approach to life’s challenges. Oakland: New Harbinger.
  2. Kirby, J. N., Doty, J. R., Petrocchi, N., & Gilbert, P. (2017). The current and future role of heart rate variability for assessing and training compassion. Frontiers in public health, 5
  3. Lutz, A., Brefczynski-Lewis, J., Johnstone, T., & Davidson, R. J. (2008). Regulation of the neural circuitry of emotion by compassion meditation: effects of meditative expertise. PloS one, 3(3), e1897.
  4. Lutz, A., Greischar, L. L., Rawlings, N. B., Ricard, M., & Davidson, R. J. (2004). Long-term meditators self-induce high-amplitude gamma synchrony during mental practice. Proceedings of the National academy of Sciences of the United States of America, 101(46), 16369-16373
  5. Porges, S. W. (2011). The Polivagal Theory. New York: Norton.
  6. Singer, T., & Bolz, M. (2013). Compassion: Bridging practice and science. Leipzig: Max Planck Institute for Human Cognitive and Brain Sciences.
  7. Tirch, D., Schoendorff, B., & Silberstein, L. R. (2014). The ACT practitioner’s guide to the science of compassion: Tools for fostering psychological flexibility. New Harbinger Publications.
Isaac Carmona

Isaac Carmona

Psicólogo. Máster Oficial en Terapias Psicológicas de Tercera Generación. Instructor de Mindfulness y Autocompasión (MSC).

LA ADICCIÓN A LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

Introducción

No hace falta ser muy observador para darse cuenta de que nuestra forma de comunicarnos ha cambiado radicalmente en las últimas décadas.

Los humanos somos seres sociales, y como parte de ello estamos constantemente buscando nuevas formas de socializar y comunicarnos.

El teléfono móvil, o smartphone, se ha convertido en una herramienta esencial –casi parte del cuerpo para algunos– en dicha búsqueda.

Pero el teléfono móvil por sí solo no sirve, falta la equis de la ecuación: las redes sociales.

Se puede definir la red social como un espacio en Internet donde los seres humanos podemos intercambiar información y contenido multimedia con nuestros iguales, les conozcamos o no.

Hasta aquí todo bien, ¿pero hasta qué punto entra dentro de la evolución necesaria de las comunicaciones y a partir de qué punto se puede hablar de dependencia o adicción al smartphone o a las redes sociales? ¿Qué hay de su uso nocivo?


Hablemos de adicción

 Gossop en 1989 define como característicos de la adicción los siguientes elementos:

  1. Un fuerte deseo para llevar a cabo la conducta. En este caso la necesidad de estar conectado a la red social o al smartphone.
  2. La capacidad deteriorada para controlar la conducta, es decir, no poder controlarla.
  3. Malestar y estado de ánimo alterado cuando la conducta es impedida. Por ejemplo cuando hay un fallo en alguna red social todos conocemos a alguien que se siente verdaderamente ansioso por no poder conectarse.
  4. Persistir en la conducta a pesar de la clara incidencia negativa en su vida. Por ejemplo, cuando se tiene un examen importante –y el sujeto sabe de su importancia– pero no puede dejar de mirar el móvil.

La adicción a las nuevas tecnologías entra dentro de las llamadas “adicciones comportamentales” siendo éstas un tipo de adicción en la cual se da una pérdida de control en una determinada conducta y que tiene como característica la dependencia, tolerancia, síndrome de abstinencia y la interferencia en la vida cotidiana del sujeto, igual que las adicciones con sustancia.

Pero como todo en Psicología se define por los parámetros de intensidad y duración, ¿cuánto se realiza esa conducta? ¿cuánto tiempo estas enganchado?

El problema no será tanto si se vive pegado al smartphone, sino que será definido por si estar con el smartphone aboca a dejar tareas de la vida cotidiana sin realizar y/o además se hace buscando el alivio del malestar emocional que en esos momentos se experimente [5].


Adolescencia y nuevas tecnologías

En el tema que hoy nos ocupa, la adolescencia merece un apartado propio.

Los adolescentes resultan ser el mayor grupo de riesgo para la adicción a las redes sociales y/o internet; a pesar de ello también es importante recalcar que solo un reducido número de adolescentes muestran problemas de adicción [1].

La adolescencia se caracteriza por ser una etapa altamente estresante en la que se tiende a buscar emociones nuevas. Esas nuevas emociones se suplen sin duda a través de la interacción en Internet como señala Sánchez-Carbonell, (2008).

Además, la adolescencia está caracterizada por la influencia del grupo de iguales. Los chavales adolescentes buscan en mayor medida la aprobación de su grupo de iguales que la de cualquier otra persona como pueden ser sus padres o hermanos; para ellos las redes sociales –y por ende el contacto con sus amigos– es una tarea primordial, por lo que habrá que tener cuidado ya que al quitárselo (por ejemplo a modo de castigo) puede haber una reacción emocional importante.

Las redes sociales juegan un papel importantísimo en esa aprobación, siendo una recompensa inmediata para nuestra autoestima, cuantos más ‘likes’ o ‘me gustas’ se tengan en las fotos y/o publicaciones posteadas más percepción de aprobación se tendrá y, por tanto, más feliz se sentirá [2].

Además este tipo de comunicación permite mostrar a ese alguien que en realidad no somos pero nos gustaría ser. Somos muy buenos poniéndole ‘filtro’ a las cosas, es decir, mostrando a través de nuestros perfiles lo bien que nos va, que la vida es asombrosa, etc. ¿pero es realmente así?

El problema viene cuando, sobretodo a estas edades, no se aprende a expresar lo que realmente sentimos y se tiene la “obligación” de enseñarle al mundo lo bien que estamos sin aceptar que en realidad no es así.


¿Cómo prevenirlo?

En el trabajo con adolescentes la responsabilidad para que no desarrollen una adicción será de doble dirección, tan importante es que los padres enseñen a los adolescentes a usarlas en justa medida como que los profesores refuercen esas ideas y además les ayuden a desarrollar la comunicación en vivo, cara a cara.

Algunas estrategias para la prevención tanto en adolescentes como en adultos serán las siguientes [4-6].

  • Limitar el uso de aparatos y pactar las horas de uso del ordenador. Lo ideal es que no sea más de 1h30min – 2h diarias.
  • Controlar los contenidos a los que pueden acceder.
  • Fomentar la relación con otras personas.
  • Potenciar aficiones tales como la lectura, el cine y otras actividades culturales.
  • Estimular el deporte y las actividades en equipo.
  • Desarrollar actividades grupales, como las vinculadas al voluntariado.
  • Estimular la comunicación y el diálogo en la propia familia.

Conclusiones

Como conclusión me gustaría recalcar la idea de que no hay nada de malo en tener un smartphone y estar conectado a las redes sociales, es una manera necesaria de evolucionar y relacionarnos.

Lo malo será cuando se usan las nuevas tecnológicas –y en concreto las redes sociales– para suplir carencias emocionales, y además su uso dificulta la realización de las tareas del día a día.


Referencias bibliográficas

  1. Becoña E. Adicción a nuevas tecnologías. Vigo: Nova Galícia Edicións; 2006.
  2. Echeburúa, E. y de Corral, P. Adicción a las nuevas tecnologías y a las redes sociales en jóvenes: un nuevo reto. Adicciones, vol. 22, núm. 2, 2010, pp. 91-95
  3. Gossop, M. (1989) Relapse and Addictive Behaviour. London: Routledge.
  4. Mayorgas, M.J. (2009). Programas de prevención de la adicción a las nuevas tecnologías en jóvenes y adolescentes. En E. Echeburúa, F.J. Labrador y E. Becoña (eds.), Adicción a las nuevas tecnologías en adolescentes y jóvenes (pp. 221-249). Madrid: Pirámide
  5. Treuer, F., Fabian, Z. y Füredi, J. (2001). Internet addiction associated with features of impulse control-disorder: is it a real psychiatric disorder? Journal of Affective Disorders, 66, 283.
  6. Ramón-Cortés, F. (2010). ¿Internet amenaza el contacto real? El País Semanal, 1736, 24-25.
  7. Sánchez-Carbonell, X. Beranuy, M. Castellana, M. Chamarro, A y Oberst, U. La adicción a Internet y al móvil: ¿moda o trastorno? Adicciones. 2008; 20: 149-160
Sara Laguna Bonilla

Sara Laguna Bonilla

Máster Inteligencia Emocional e Intervención en Emociones y Salud.

NEUROBIOLOGÍA DE LA AUTOCOMPASIÓN

Introducción

Paul Gilbert [2, 3], profesor de la Universidad de Derby y creador de la Terapia Centrada en la Compasión, es uno de los investigadores que mayores aportaciones ha realizado al campo de la compasión.

En su obra más conocida, “The Compassionate Mind”, describe tres sistemas de regulación emocional que se encuentran desequilibrados en los seres humanos de la sociedad actual.

Estos sistemas emocionales son (a) el sistema de amenaza y defensa –cuya función es mantenernos alertas ante potenciales amenazas para la seguridad y la vida-; (b) el sistema de búsqueda de incentivos y recursos –que nos impulsa a la búsqueda de recursos, explorar el entorno y encontrar nuevas fuentes de estimulación-; y (c) el sistema de calma y satisfacción –implicado en el establecimiento de lazos sociales y vínculos de apego paterno-filiales.

En esencia, los dos primeros sistemas mantienen sobreactivado el sistema nervioso simpático –es como si estuviésemos pulsando todo el tiempo el acelerador de nuestro organismo, con las consecuencias negativas que ello tiene para la salud-. Por su parte, el tercer sistema propuesto activa al sistema nervioso parasimpático –nuestro freno neurofisiológico-, compensando los abusos de los anteriores y equilibrando la expresión de los tres [8].

No obstante, en este artículo vamos a centrarnos en los sistemas de defensa y calma, tal como han sido descritos por Stephen Porges. Esto nos servirá para establecer una base teórica sobre la que comprender el mecanismo de acción de la autocompasión.


Neurocepción

El sistema nervioso evalúa constantemente si el entorno en el que nos encontramos representa o no una amenaza, lo que se lleva a cabo mediante el procesamiento de la información del mundo externo obtenida por los órganos sensoriales.

El término neurocepción [6] hace referencia al proceso por el que los circuitos neurales distinguen si una persona o situación es segura o, por el contrario, representa un peligro para nosotros.

Esto tiene lugar en las estructuras más antiguas del cerebro, por lo que sucede a nivel inconsciente. Así, incluso si no somos conscientes del peligro, a nivel neurofisiológico nuestro organismo podría haber iniciado ya una secuencia de procesos neurales que facilitarían conductas defensivas adaptativas como luchar, huir o inmovilizarnos.

Conductas prosociales

Las conductas prosociales –por ejemplo, acercarnos a un desconocido e interactuar con él- no tendrán lugar si nuestra neurocepción lee de manera incorrecta las señales contextuales, lo que llevaría a la activación de estados fisiológicos subyacentes a las estrategias de supervivencia.

Para establecer relaciones interpersonales, es necesario contener estas reacciones defensivas, de tal manera que sea posible iniciar actividades sociales y conectar con otros, estableciendo así vínculos duraderos.

Es decir, los seres humanos contamos con sistemas adaptativos neurocomportamentales tanto para las estrategias defensivas como sociales.

Para que sea posible alternar ambas estrategias de manera flexible y adecuada, el sistema nervioso debe evaluar el riesgo del contexto y, si éste parece seguro, inhibir las reacciones primitivas de lucha, huida o inmovilidad.

Desde un punto de vista clínico, podría considerarse que tanto la incapacidad para inhibir los sistemas de defensa en ambientes seguros, como la imposibilidad de activarlos en situaciones de riesgo –o ambas-, son indicios de psicopatología.

Por lo tanto, una neurocepción imprecisa de seguridad o peligro puede llevar a que se active una reacción fisiológica desadaptativa y, por tanto, a la expresión de comportamientos inadecuados.

Seguridad

Cuando el sistema nervioso detecta seguridad, las demandas metabólicas se modifican. Las reacciones de estrés asociadas a la lucha o huida –como incrementos del ritmo cardíaco y los niveles de cortisol, mediados por el sistema nervioso simpático y el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal– se encuentran disminuidas.

Igualmente, una neurocepción de seguridad impide la entrada en estados fisiológicos caracterizados por una caída dramática de la presión sanguínea y la tasa cardíaca, desmayo y apnea –estados que se relacionarían con comportamientos de inmovilidad y bloqueo.

Gracias a las técnicas de neuroimagen sabemos que existen áreas en el cerebro dedicadas a la detección y evaluación de características no verbales de la persona con la que interactuamos [8].

Cuando la neurocepción es de seguridad, un circuito neural inhibe las áreas cerebrales relacionadas con las estrategias defensivas.

Así, la aparición de un amigo o un cuidador dará lugar a la contención de los circuitos neurales que regulan las estrategias defensivas. Como consecuencia, comportamientos sociales como la proximidad o el contacto físico se hacen posibles.

En contraste, cuando la situación parece arriesgada, los circuitos cerebrales que regulan las estrategias de defensa se activan, provocando comportamientos agresivos o de retirada.


Inmovilidad sin miedo, la base de los vínculos de apego

Dentro de nuestro repertorio conductual, la inmovilización es el mecanismo de supervivencia más antiguo. La inhibición de los movimientos ralentiza el metabolismo y aumenta el dolor que podemos soportar.

No obstante, en nuestra especie –al igual que en otros mamíferos-, la inmovilidad también se lleva a cabo durante actividades sociales como restringir los movimientos para amamantar a un bebé o recibir un abrazo.

A lo largo de la evolución, los circuitos neurales dedicados a la inmovilización se han visto modificados para servir a las necesidades sociales íntimas.

Además, estas estructuras cerebrales aumentaron el número de receptores de un neuropéptido denominado oxitocina (relacionada con conductas de apego y el establecimiento de vínculos sociales).

De este modo, cuando sentimos que el ambiente es seguro, la oxitocina nos permite disfrutar de un abrazo sin sentir miedo por la inmovilización y la proximidad de otra persona [8].

Circuitos neurológicos de las estrategias de supervivencia

Las tres principales estrategias defensivas están sustentadas por diversos circuitos neurales que implican al sistema nervioso autónomo. De esta forma, la inmovilidad (fingimiento de la muerte y bloqueo conductual) depende de la rama más antigua y no mielinizada del nervio vago, perteneciente al sistema nervioso parasimpático.

Por su parte, las estrategias de movilización (lucha o huida) son dependientes del funcionamiento del sistema nervioso simpático, que se asocia al incremento de la respuesta cardíaca y la actividad metabólica.

La Teoría Polivagal, basándose en datos neuroanatómicos y neurofisiológicos, propone la existencia de una tercera sección del sistema nervioso autónomo, el “sistema nervioso social” [5], implicado en la comunicación e interacción social (expresión facial, vocalización, escucha, petición de socorro, etc.).

Su funcionamiento se encuentra regulado por la acción del vago mielinizado –se trata pues de una subdivisión del sistema nervioso parasimpático-. Esta porción del vago inhibe la influencia simpática sobre el corazón, promoviendo estados de calma y seguridad.


La compasión, un medio para activar el sistema nervioso social

En este punto de nuestra argumentación, conviene que recopilemos lo siguiente:

  1. Existe un circuito neural implicado en la inmovilización conductual. Éste, a su vez, se ha dividido a lo largo de la evolución en dos ramas, una antigua (no mielinizada) y otra moderna (mielinizada).
  2. Las estrategias relacionadas con la inmovilización ralentizan el metabolismo y reducen el ritmo cardíaco mediante la inhibición simpática.
  3. En función del análisis de la amenaza o seguridad (neurocepción) presente en un contexto, se activan o inhiben las estrategias defensivas.
  4. Cuando la situación es segura, el sistema nervioso social permanece activo, manteniéndonos en calma. El ritmo cardíaco será bajo y se liberará oxitocina para posibilitar las conductas prosociales.

Afortunadamente, el sistema nervioso social (o sistema de calma y seguridad) puede activarse intencionalmente. Por ejemplo, mediante un tono de voz cálido y una expresión facial amable –ya hemos visto que el vago mielinizado regula precisamente estos aspectos-, o a través del tacto -algo que puede comprobar el lector si, por ejemplo, cierra los ojos y lleva una mano al corazón, concentrándose en las sensaciones de presión y calidez que ejerce el contacto de la mano con el pecho-.

Adicionalmente, el sistema nervioso social puede ponerse en funcionamiento mediante la representación simbólica (imaginación) de seres queridos, la evocación de sentimientos de afecto, o el uso de palabras amables y cariñosas.

Estas acciones son precisamente las que llevamos a cabo durante los ejercicios de autocompasión [1, 4]. Es decir, cuando practicamos la autocompasión, fomentamos la liberación de oxitocina e inhibimos la acción que el sistema nervioso simpático ejerce sobre el corazón, posibilitando estados de calma y el establecimiento de vínculos sociales profundos.

En otro artículo continuaremos revisando las bases neurobiológicas de la compasión, como por ejemplo resultados con neuroimagen y diferencias cerebrales respecto a la empatía.


Referencias bibliográfica

  1. Germer, C. K. (2009). The mindful path to self-compassion: Freeing yourself from destructive thoughts and emotions. New York: Guilford Press.
  2. Gilbert, P. (2009). Introducing compassion-focused therapy. Advances in psychiatric treatment, 15(3), 199-208.
  3. Gilbert, P. (2010). The compassionate mind: A new approach to life’s challenges. Oakland: New Harbinger.
  4. Neff, K. (2012). Sé amable contigo mismo. El arte de la compasión hacia uno mismo. Barcelona: Oniro.
  5. Porges, S. W. (2001). The polyvagal theory: phylogenetic substrates of a social nervous system. International Journal of Psychophysiology, 42(2), 123-146.
  6. Porges, S. W. (2004). Neuroception: A Subconscious System for Detecting Threats and Safety. Zero to Three (J), 24(5), 19-24.
  7. Porges, S. W. (2011). The Polivagal Theory. New York: Norton.
  8. Simón, V. (2015). La compasión, el corazón del mindfulness. Barcelona: Sello.
Isaac Carmona

Isaac Carmona

Psicólogo. Máster Oficial en Terapias Psicológicas de Tercera Generación. Instructor de Mindfulness y Autocompasión (MSC).