¿DEMENCIA, DEPRESIÓN O AMBAS?

Introducción

Uno de los mayores retos a los que se enfrentan actualmente los profesionales del ámbito de la vejez,  es, sin duda, diferenciar si nos encontramos ante una demencia, depresión o ambas. Puede parecer, a priori, algo raro o exagerado confundir ambas entidades. En nuestro imaginario y conocimiento lego sobre ellas, parecen trastornos distintos, cada uno con sus síntomas y aparentemente independientes. Pero, en la práctica clínica, se suelen dar múltiples situaciones, ya sea que ambos síndromes se solapen, coexistan o se den por separado. En  ocasiones, la depresión puede aparecer como preludio de una demencia; en otras, los síntomas depresivos forman parte del propio curso de la demencia  y se considera que forma parte de la propia enfermedad más que una reacción a la misma [5].

La clave estriba en realizar un buen diagnóstico diferencial entre demencia, pseudodemencia depresiva y demencia con depresión, ya que el tratamiento y el pronóstico son diferentes [4].

Lo que dificulta la labor del clínico a la hora de decantarse por el diagnóstico de depresión o demencia, reside en la existencia de síntomas comunes. Por ejemplo, los delirios y alucinaciones pueden observarse en el curso de ambos.


¿Cómo distinguir, entonces, ante que enfermedad nos encontramos?

Antes de entrar a responder la cuestión que nos ocupa, conviene recordar la caracterización clínica de cada uno de ellos:

Depresión

Es un trastorno del estado de ánimo en el que uno de los síntomas debe ser la tristeza  (estado de ánimo depresivo) o la pérdida de interés (capacidad para experimentar placer). Además, se acompañará de alguno de los siguientes síntomas: cambios de peso,  problemas de sueño, agitación o enlentecimiento, fatiga o pérdida de energía, sentimientos de inutilidad o culpa, disminución de la capacidad para pensar o concentrarse.

Es el trastorno afectivo más frecuente en personas mayores de 60 años. Múltiples estudios señalan que la depresión puede presentarse en un rango comprendido entre el 30-50 por ciento de los pacientes con demencia [1]. Su prevalencia en este grupo de edad es de 15 a 20 % en la población ambulatoria, pero se incrementa de 25 a 40 % en la hospitalizada con un predominio en el sexo femenino [2].

Demencia

Es un trastorno neurodegenerativo caracterizado por la presencia de deterioro cognitivo persistente que interfiere con la capacidad del individuo para llevar a cabo sus actividades laborales o sociales.  El deterioro cognitivo tiene que estar presente en al menos dos o más dominios cognitivos (como son memoria, atención, lenguaje, praxias, gnosias o funciones ejecutivas). Se suele acompañar de síntomas psicológicos y conductuales: cambios en el estado de ánimo, cambios de personalidad, bajo nivel de energía, enlentecimiento psicomotor, etc.

Pseudodemencia depresiva

Se ha hablado clásicamente de esta entidad para referirse al deterioro cognitivo asociado a la depresión. La depresión en el anciano se suele presentar con síntomas que pueden simular un proceso demencial  (enlentecimiento, pérdida de interés en actividades, dificultad para nombrar objetos,…). Si bien no estamos ante una demencia real, algunos estudios señalan que estos sujetos tienen mayor riesgo de padecerla en un futuro. El seguimiento de los pacientes con depresión de inicio tardío y sin deterioro cognitivo, mostró que muchos de ellos se convirtieron inequívocamente en dementes [5].

¿Cómo distinguirlos?

Los aspectos diferenciales que podemos tener en cuenta, en líneas generales, son los siguientes:

Depresión

Tiene un inicio delimitado y claro y una progresión rápida. Suele haber historia previa de patologías psiquiátricas. Las personas allegadas suelen ser conscientes del deterioro. Las quejas del paciente de sus dificultades son detalladas. En evaluación, no se esfuerzan o rechazan realizar las tareas cognitivas, con respuestas del tipo “no sé”, “no puedo”. Harán hincapié en sus errores o dificultades y se angustiarán más por los resultados. Se observa menor deterioro en las actividades de la vida diaria. El primer síntoma es el estado de ánimo triste o deprimido. En cuanto a las dificultades cognitivas, hay menor deterioro de orientación, buena fluidez verbal y presencia de quejas subjetivas de memoria. Estas dificultades mejorarán tras la implementación de un tratamiento antidepresivo.

Demencia

Suele tener un inicio incierto e insidioso y una progresión lenta. Es más habitual que no haya una historia previa de antecedentes psiquiátricos. Las personas allegadas no suelen ser conscientes al principio, ya que tienden a ocultarse los déficits. Las quejas son vagas e inconcretas, y en ocasiones no es consciente de sus dificultades. Cuando es valorado, se esfuerza en las tareas aunque fracase, y las respuestas son próximas a la corrección. Hacen esfuerzo por tener éxito en esas tareas y se muestran menos angustiados e incluso indiferentes. Manifiestan, desde el inicio, más problemas en las actividades en la vida diaria. Uno de los primeros síntomas son los trastornos de memoria (objetivables), acompañado de deterioro en orientación y baja fluidez verbal. Aunque mejore el estado de ánimo, se mantendrán las dificultades cognitivas.

La detección oportuna de estas manifestaciones en el examen clínico, así como una detallada anamnesis del orden de aparición de las mismas, constituyen el punto de partida para lograr una clara comprensión de la relación causal o del desarrollo simultáneo de la depresión y la demencia [1].

Síntomas que comparten depresión y demencia

En las etapas iniciales de ambos procesos es cuando observaremos la similitud en sus manifestaciones, entre las que se encuentran las siguientes:

  • Dificultades para pensar y concentrarse
  • Problemas de memoria
  • Delirios y alucinaciones
  • Abulia, pérdida de interés
  • Apatía
  • Estado de ánimo triste
  • Enlentecimiento psicomotor

Hay algunas alteraciones en la conducta de los pacientes con depresión (insomnio, anorexia, lloro, tristeza) que se pueden observar con cierta facilidad en los pacientes con demencia, independientemente del grado de deterioro, mientras que el sentimiento de culpa, la desesperanza y la ansiedad, pueden presentar dificultad en su valoración en los pacientes con demencia con deterioro severo [5].


Presencia de depresión en función del tipo de demencia

Parece existir una menor frecuencia de depresiones en la Demencia Tipo Alzheimer (DTA) pero no en la Demencia Vascular (DV) [5]. No obstante, cabe señalar que hay estudios que no han registrado diferencias entre los dos grupos de demencias.

A pesar de que existe una elevada frecuencia de síntomas depresivos en los pacientes con DTA, no es habitual que presenten episodios de depresión mayor [5].

Las depresiones en las DV son más duraderas y severas y tiene mayor prevalencia en las mujeres (esta diferencia por sexos no se ha encontrado en la DTA).

El 38 % de los pacientes con demencia por cuerpos de Lewy presentan evidentes síntomas depresivos y el 14.3 % cumplen criterios de depresión mayor. En este subtipo de demencia las depresiones son más frecuentes que en la DTA [5].

Como conclusión, cabe resaltar la importancia del diagnóstico correcto de cara a la intervención y tratamiento que implementaremos en cada caso.

En el caso de que se detecte una demencia inicial, pueden iniciarse terapias que modifiquen el curso de la enfermedad, ofrecer consejos sobre el curso y pronóstico del deterioro cognitivo, ofrecer servicios disponibles, programas de estimulación cognitiva y brindar consejos genéticos a familiares [4].

Si los déficits cognitivos son parte de un cuadro depresivo, un tratamiento adecuado puede mejorar la calidad de vida del paciente y conseguir la remisión, en muchos casos, de esos síntomas [4]. Las depresiones del anciano correctamente tratadas evolucionan favorablemente.

Referencias bibliográficas

  1. Camacho, O.L., Mauricio Medina, J., Serrano, C. (2006). Demencia y depresión: dos entidades relevantes en el envejecimiento patológico. Acta Neurología Colombiana vol. 22 nº3.
  2. Martínez, J.A., Martínez-Ordaz, V. A., Esquivel, C. G.,Velasco, V.M. (2005). Prevalencia de depresión y factores de riesgo en el adulto mayor hospitalizado. Recuperado de http://www.medigraphic.com/pdfs/imss/im-2007/im071d.pdf
  3. Montorio, I.y Izal, (2000). Intervención psicológica en la vejez. Madrid: Síntesis
  4. Roca, M., Torralva, T., López, P., Marengo, J., Cetkovich,M., Manes, F. (2008). Diferenciación entre demencias en estadio inicial y depresión utilizando la versión española del Addenbrooke’s Cognitive Examination.  Revista de neurología, 46 (6): 340-343.
  5. Vilalta, J. (2013). Depresión y demencia. Recuperado de http://demencias.sen.es/wp-content/uploads/2013/02/depresion_y_alzheimer.pdf
Loreto Fernández Rubio

Loreto Fernández Rubio

Neuropsicóloga en Neurovida.

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