Dolor Crónico, ¿qué es?

Introducción

La primera vez que pisé una unidad de dolor crónico estaba muy nerviosa. Comenzaba a gatear en este mundo de la Psicología – ¿lo dejamos de hacer alguna vez? – y era mi turno de saltar a la piscina.

La razón por la que escribo este artículo es por algo que nos llamó mucho la atención a todos los psicólogos y psicólogas que allí estábamos: los pacientes no sabían que venían a una consulta psicológica y, por ende, no sabían cómo desde la Psicología podíamos aportar nuestro granito de arena en su enfermedad.

Durante esos primeros días algunos pacientes renunciaron al servicio y la explicación que recibíamos era: “pero si a mi me duele, no estoy loco/a ni me lo estoy inventando”.

No podemos culparles, la Psicología de la Salud y, más concretamente, las aportaciones de la misma al dolor siguen siendo desconocidas, aunque cada vez menos, para muchos usuarios y profesionales de la salud.

Además, debemos tener en cuenta que los usuarios que acudan a este servicio normalmente serán de edad avanzada.

El reto que me plantea este artículo es dar brevemente una idea de cómo la Psicología puede ayudar en un problema de dolor crónico a través de sus factores más significativos. 


¿Qué es el dolor crónico?

Si bien su definición no ha estado exenta de polémica nos quedaremos con un concepto fundamental: se considera dolor crónico aquel que persiste más de tres meses [10].

Por lo general suele empezar con un ataque agudo, pero a diferencia del dolor agudo, no disminuye con el tratamiento ni con el paso del tiempo [12].

La forma de entender el dolor ha dado un vuelco importantísimo en las últimas décadas. Se ha avanzado desde una perspectiva unidimensional, considerándolo únicamente un fenómeno de naturaleza fisiológica, hasta una perspectiva multidimensional [8].

Teoría de la puerta

Un ejemplo de ello son las relevantes aportaciones de Melzack y Wall (1965), quienes desarrollaron la ya famosa ‘Teoría de la Puerta’ sugiriendo que la experiencia de dolor es el resultado de la interacción de factores cognitivos-evaluativos y motivacionales-afectivos con los procesos fisiológicos [7].

Siendo una de las fórmulas multidimensionales más aceptadas para explicar muchos de los diferentes problemas encontrados en la clínica del dolor crónico.

Patologías

La etiqueta de dolor crónico suele contener patologías como lumbalgia, migrañas, fibromialgia y artrosis, en las que hay factores psicológicos implicados en su desarrollo, mantenimiento, cronificación,etc., entre otros.

Algunos de los factores psicológicos que podemos encontrar con más frecuencia en estos pacientes son las emociones negativas – ansiedad, depresión e ira – el estilo de afrontamiento o la excesiva atención y preocupación [6,9,11].

El dolor crónico en la Psicología

Antes de adentrarnos en los procesos psicológicos que pueden estar influyendo en la clínica del dolor, me gustaría destacar las diferencias que ha habido a la hora de enmarcar esta afección entre DSM – IV y DSM V.

Sin entrar en debates sobre cuál es mejor, cabe destacar que en el DSM – IV había un trastorno propio de dolor – [F45.4] Trastorno por Dolor – en el que se debía especificar si estaba asociado a factores psicológicos (307.80), siendo algunos de los criterios necesarios el predominio del cuadro clínico de dolor localizado en una o más zonas, provocando malestar clínicamente significativo o deterioro en áreas importantes para el paciente [1]; por su parte, en el DSM – V se ha sustituido dicho Trastorno por [300.82](F45.1) Trastorno de Síntomas Somáticos.

DSM-V

Si bien se ha eliminado la palabra dolor como tal en la nomenclatura del trastorno, el DSM – V le da mayor importancia a los factores cognitivos y afectivos, entrando a colación los pensamientos excesivos relacionados con los síntomas somáticos asociados a la preocupación por la salud, creando así un grado persistentemente elevado de ansiedad acerca de la salud o los síntomas. Habría que especificar si es con predominio de dolor, persistente y la gravedad actual de la clínica del trastorno [2].

Una vez repasadas las diferentes fases por las que ha pasado el trastorno dentro del DSM es momento de volver sobre nuestros pasos para encontrarnos de nuevo con la ‘Teoría de la Puerta’.

El elemento sorpresivo que introduce es la inclusión de factores cognitivos y afectivos, dándole así un carácter multidimensional, como hemos visto anteriormente. 


¿A qué hacemos referencia con los factores cognitivos y emocionales?

Como hemos observado, en el DSM – V se incluyen pensamientos excesivos relacionados con los síntomas y la preocupación por la salud. A esto hay que añadir el importante papel que realiza la atención, ayudando a la catastrofización y explicando así la relación entre ansiedad y dolor [5].

Cabe destacar uno de los estudios de metaanálisis más completos hasta la fecha en cuanto a la relación atención – dolor, en el comprueban como participantes con dolor crónico (n=1023) atienden de manera selectiva hacía estímulos dolorosos, siendo en este caso palabras o imágenes [4].

A modo de ejemplo, les preguntaremos si ha habido alguna vez en la que estando viendo una película muy interesante y de repente sintieron dolor de cabeza y qué hicieron; si prestaron completa atención a la película es muy probable que al cabo de un tiempo el dolor hubier “desaparecido”, ¿verdad?.

Una vez comentado este ejemplo procederemos con la explicación del papel de la atención. Por último en cuanto a los factores cognitivos, debemos evaluar la valoración que hace el paciente del propio dolor.

Creencias irracionales

Las creencias – en muchos casos irracionales – que tienen sobre el mismo nos darán una pista sobre el posterior tratamiento. Además de los factores cognitivos, también hay que mencionar la importancia de las emociones negativas – ansiedad, depresión e ira – en la experiencia de dolor.

Ansiedad y dolor

Consideraremos la relación entre ansiedad y dolor bidireccional. La ansiedad puede actuar como desencadenante o agravante del dolor pero, a su vez, el dolor aumenta los niveles de ansiedad al ser un estímulo estresante.

Además, no debemos olvidar que la ansiedad tiene un carácter tridimensional – cognitivo, fisiológico y motor – por lo que, generalmente, en pacientes con trastornos músculo-esqueléticos, tendremos un elemento más que añadir al círculo ansiedad-dolor, la tensión muscular producida por la ansiedad y que produce más dolor [3].

Depresión y dolor

En cuanto a la depresión, la literatura muestra evidencias sólidas sobre su relación con el dolor. Una de las evidencias será que es más prevalente entre personas con dolor crónico, ayudando a la cronificación del mismo.

Es de suma importancia aquí destacar que no todas las personas que sufren de dolor crónico desarrollan depresión, la percepción del impacto del dolor sobre sus vidas, la discapacidad y disminución de actividades y de percepción de autocontrol y autoestima determinarán su desarrollo [3].

Ira y dolor

Para finalizar, destacar que la ira –y por ende la hostilidad y la agresión – es un concepto central en dolor, habiendo también extensa literatura sobre su relación.

Una de las hipótesis principales en los trabajos es que los pacientes con dolor crónico tienden a no expresar los sentimientos de ira pudiendo estos contribuir a incrementos transitorios en el dolor [3].

Conclusiones

En consulta podemos jugar mucho y muy bien a la hora de intentar demostrarles a nuestros pacientes más reservados cómo podemos ayudarles siendo psicólogos.

Una de las estrategias más útiles para mí es mostrarles de manera gráfica los factores de la ‘Teoría de la Puerta’ que “abren” y que “cierran” la puerta al dolor.

De esta manera, y con todo lo anteriormente visto, explicaremos cómo las emociones negativas, los factores cognitivos, la falta de apoyo social,etc. ayudan a la cronificación de su problema y cómo podemos ponerle solución.

Referencias bibliográficas

  1. American Psychiatric Association (APA). (2002). Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-IV-TR.Barcelona: Masson.
  2. Asociación Americana de Psiquiatría. (2013). Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (5 ª ed.). Arlington, VA:. American Psychiatric Publishing.
  3. Casado Moral, M.I. y Urbano López Nuño, M.P. (2001). Emociones negativas y dolor crónico. Ansiedad y Estrés; 7(2-3): 273-282.
  4. Crombez, G., Van Ryckeghem, D.M., Eccleston, C., Van Damme, S. (2013). Attentional bias to pain-related information: a meta-analysis. Pain, 154(4):497-510.
  5. Gorczyca, R., Filip, R. y Walczak, (2013). Psychological Aspects of Pain. Ann Agric Environ Med.; Special Issue: 23–27.
  6. Laguna, S. y Magán, I. (2015). Un estudio de la importancia de la regulación emocional y del afrontamiento en los episodios de dolor de cabeza. EduPsykhé: Revista de psicología y psicopedagogía, 14(1): 69 – 92.
  7. Melzack, R. y Wall, P.D. (1965). Pain mechanisms: A new theory. Science, 150: 971-979.
  8. Miró, Jordi. (2006). Dolor Crónico. Procedimientos de evaluación e intervención psicológica. Bilbao: Descleé de Brouwer.
  9. Moix, J., Casado, M.I. (2010). Terapias psicológicas para el tratamiento del dolor crónico. Clínica y Salud, 22(1): 41 – 50.
  10. Pedrajas, J.M. y Molino, A.M. (2008). Bases neuromédicas del dolor. Clínica y Salud, 19(3): 277-293.
  11. Redondo, M.M., León, L., Pérez-Nieto, M.A., Jóver, J.A. y Abásolo, L. (2008). El dolor en los pacientes con artritis reumatoide: variables psicológicas relacionadas e intervención. Clínica y Salud, 19 (3): 359-378.
  12. Taylor, S.E. (1986). Psicología de la salud. Méjico: McGraw-Hill.
Sara Laguna Bonilla

Sara Laguna Bonilla

Máster Inteligencia Emocional e Intervención en Emociones y Salud.

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