EL DUELO VISTO DESDE LA NEUROPSICOLOGÍA

¿Qué es el duelo?

El duelo es un conjunto de reacciones de tipo físico, emocional y social, que tiene lugar por el fallecimiento de una persona próxima, y que pueden oscilar desde un sentimiento transitorio de tristeza hasta una desolación completa, que en algunos casos puede durar desde algunos años a toda la vida.

Las manifestaciones del duelo pueden ser en forma de síntomas somáticos como pérdida de apetito, insomnio, dolor, etc., y psicológicos, como pena. También pueden aparecer sentimientos de culpa, por no haber cumplido lo posible para evitar el fallecimiento, o por no haber hecho al fallecido lo suficientemente feliz en vida a alguien con quien mantenía una relación cercana [2, 3, 4].

¿Cuáles son los síntomas con los que lo podemos relacionar?

Algunos de los síntomas que suelen aparecer son: anhelo/añoranza persistente del fallecido. En niños pequeños, la añoranza puede expresarse mediante el juego y el comportamiento, incluyendo comportamientos que reflejan la separación y también el reencuentro con un cuidador u otra figura de apego; pena y malestar emocional intensos en respuesta a la muerte; preocupación en relación al fallecido; preocupación acerca de las circunstancias de la muerte; importante dificultad para aceptar la muerte; anestesia emocional en relación a la perdida; dificultades para rememorar de manera positiva al fallecido; evitación excesiva de los recuerdos de la perdida; alteración social/de la identidad; deseos de morir para poder estar con el fallecido; dificultades para confiar en otras personas desde el fallecimiento; sentimientos de soledad o desapego de otros individuos desde la muerte [2,3,4].

La reacción de duelo es desproporcionada o inconsistente con las normas culturales, religiosas, o apropiadas a su edad [4].

Fases en el proceso del duelo

Las primeras reacciones no señalan necesariamente la evolución del duelo. Hay individuos que al principio tienen una leve respuesta emocional y sin embargo más tarde el duelo se cronifica, pero sin embargo, otras personas expresan un intenso sufrimiento inicial, y luego superan el duelo más fácilmente [2,4].

Fases del duelo según Bowlby (1961)

La fase 1, “fase de shock”, es la fase más temprana y se produce una intensa desesperación, se caracteriza por el aturdimiento, cólera, negación y la no aceptación del duelo. Su duración puede ser de un momento o de varios días [2,4].

La fase 2, “fase de anhelo y búsqueda”, es un periodo donde se tiene un intenso recuerdo y de búsqueda de la persona fallecida, se caracteriza por inquietud física y pensamiento recurrentes sobre el fallecido. Puede durar de varios meses hasta años de una manera atenuada [2,4].

La fase 3, “fase de desorganización y desesperanza”, en esta fase la realidad de la pérdida comienza a establecerse, la sensación de no poder evitar los acontecimientos está presente y la persona en duelo parece apática e indiferente, puede padecer insomnio, tener pérdida de peso y sensación de que su vida ha perdido sentido. La persona en duelo revive continuamente los recuerdos de la persona que ha fallecido [2,4].

La fase 4, “fase de reorganización”, es una etapa en la que comienzan a remitir los aspectos más dolorosos del duelo y el individuo comienza a experimentar la sensación de reincorporarse a su vida, en esta fase se tiene el recuerdo del fallecido con una sensación de alegría y tristeza y se internaliza la imagen de la persona perdida [2,4].



Tipos de duelo 

Se puede distinguir entre diferentes tipos de duelo como son:

  • Duelo patológico o complicado: es el conocido duelo anormal. En este tipo de duelo se intensifican las reacciones hasta que la persona se encuentra desbordada, recurre a conductas desadaptativas o permanece estancado en el proceso de duelo sin llegar a su resolución [3,4].
  • Duelo anticipado: el proceso de duelo comienza un tiempo antes del momento en el que se produce la muerte. Cuando se emite un mal pronóstico del paciente, se provoca en el familiar un estado de tristeza y una adaptación más o menos consciente a la nueva situación que tendrá lugar [3,4].
  • Duelo inhibido o negado: se niega la expresión del duelo ya que la persona no afronta la realidad de la pérdida. Puede aparecer una falsa euforia [3,4].
  • Duelo agudo: este tipo de duelo dura semanas o meses, tiempo en el que la persona tiene pensamientos de negación y no acepta emocionalmente la muerte aunque conscientemente si la pueda reconocer. Se caracteriza por bloqueo emocional, parálisis psicológica y sensación de aturdimiento e incredulidad ante lo que se está viviendo [3,4]. Duelo crónico: el duelo crónico se encuentra dentro de las variantes del duelo patológico, este tiene lugar cuando la duración es excesivamente prolongada o permanente. Se suele dar en personas con una relación previa de fuerte dependencia con el fallecido [3,4].

Repercusiones del duelo a nivel familiar, laboral y social

Las relaciones familiares que fueron gratificantes antes del duelo podrían pasar a ser tensas después de la pérdida. Tras un duelo traumático, la mayoría de las personas notan un cambio dramático en la atmósfera del hogar [4].

También, las personas en duelo traumático al regresar al trabajo pueden enfrentarse con serias dificultades de concentración y memoria, lo que reduce su capacidad de funcionamiento. Los cambios fisiológicos pueden conducir a problemas de demora, asistencia y productividad [4].

Además, los afectados por la pérdida rara vez reciben un apoyo afectivo. La situación puede ser especialmente difícil si el fallecido era una importante fuente de apoyo social para el afectado. Además, muchas personas tienen una fuerte tendencia a retraerse socialmente después de la tragedia, acortando de ese modo las relaciones sociales [4].

Bases biológicas del duelo patológico

Se considera que el trastorno por estrés postraumático contribuye de forma especial al desarrollo del duelo patológico al suprimir la función de la corteza prefrontal medial y de la corteza cingulada anterior, las cuales actúan facilitando el proceso de duelo normal [1,4].

Según diferentes estudios, una variedad de trastornos mentales, como la depresión, el TEPT y otros trastornos de ansiedad, coexisten en individuos afligidos por un duelo complicado. Los hallazgos en imagen funcional verifican las similitudes en estos tipos de patologías, hallando que la amígdala, responsable de procesar el miedo y la ansiedad, se activa al procesar los estímulos negativos tras el TEPT [1,4].

Por otra parte, se encontró una menor activación de la corteza prefrontal medial, la corteza cingulada anterior y el tálamo en pacientes con TEPT comparados con pacientes sin el trastorno [4].

Otros estudios sobre la función cerebral del dolor emocional han encontrado que en sujetos con una condición cercana al duelo patológico, también se indicó una elevada actividad de la amígdala, al igual que en el TEPT, responsable no solo de los sentimientos de miedo sino también de las situaciones de angustia [4].

Amígdala y corteza cingulada

En otro estudio se indica que la conectividad funcional de la amígdala y la corteza cingulada anterior derecha tuvieron una correlación negativa con el grado de tristeza. La CCAd y la corteza prefrontal juegan un papel importante en la regulación de las emociones utilizando la estrategia de la reevaluación cognitiva. Por lo tanto, se supone que la activación de la CCAd en la fase aguda del duelo contribuye a llevar un duelo normal, por lo que la baja activación de la CCAd en la etapa inicial de la pérdida familiar que ha resultado traumática produce una disfunción de la regulación de las emociones, lo que lleva a no desarrollar un duelo normal [4].

Áreas implicadas en el estrés

Las áreas o estructuras cerebrales implicadas en el estrés y, por lo tanto, en esta patología son el hipocampo, la amígdala y el córtex prefrontal medial. El hipocampo es un área cerebral implicada en el aprendizaje y en la memoria, especialmente sensible al estrés. Su función es básica para la respuesta a las situaciones estresantes. Esta estructura es la encargada de buscar la huella mnémica en la que se va a basar la respuesta ante un reto [4].

Duelo patológico

En cuanto a los estudios focalizados en los correlatos neurobiológicos del duelo patológico, éstos sugieren que pueden existir alteraciones en las estructuras hipocámpicas, amigdalares y del córtex prefrontal medial, como consecuencia del trauma y que serían las responsables de la sintomatología y de su carácter patológico. Tras los hallazgos experimentales sobre el cerebro, se puede presuponer que no siempre tiene que haber una lesión en las estructuras mencionadas para que aparezcan síntomas de los síndromes que venimos comentando, sino que sería suficiente con que se haya establecido una huella mnénica potente que impida que pueda ser desplazada con facilidad, sobre todo si es reforzada con estímulos reiterativos, como es en el caso del duelo [4].

Referencias bibliográficas

  1. Bados, A., Greco, A. y Toribio, L. (2012). Experiencias traumáticas y trastorno por estrés postraumático en universitarios españoles. Anales de psicología, 28(2), 387-396.
  2. Barreto, P., Yi, P., Soler, C., Martínez, E., Fombuena, M., Aldana, C. y Espinar V. (2008). Factores protectores del duelo complicado. IV Congreso de la Asociación Latinoamericana de Cuidados Paliativos, 29-31.
  3. Fernandez-Alcántara, M., Pérez-Marfil, M., Catena-Martínez, A., Pérez-García, M. y Cruz-Quintana, F. (2016). Influencia de la psicopatología emocional y el tipo de pérdida en la intensidad de los síntomas de duelo. Revista Iberoamericana de Psicología y Salud, 7(1), 15-24.
  4. Marín Arcos, M. (2016). Correlatos neurobiológicos del proceso de duelo patológico o traumático. Jaén: Universidad de Jaén.
Sandra Rodríguez Chinea

Sandra Rodríguez Chinea

Trabajadora social. Grado en Psicología.

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