El Papiro Quirúrgico de Edwin Smith: el primer documento neurocientífico

Introducción

Hasta las primeras décadas del siglo XX se daba por hecho que los primeros documentos médicos sobre el cerebro fueron escritos en la antigua Grecia alrededor del siglo V a.c. Famosos son pues, los nombres de Hipócrates y más tarde el de Galeno en el estudio de la anatomía humana y enfermedades cerebrales como la epilepsia.

Sin embargo, en el año 1930, el doctor James Henry Breasted de la Universidad de Chicago tradujo por completo un papiro egipcio que lograría fama mundial por ser el escrito científico más antiguo de la Historia de la humanidad.

El Papiro quirúrgico de Edwin Smith

Dicho documento, conocido como el papiro quirúrgico de Edwin Smith, debe su nombre al de un aventurero y traficante de antigüedades norteamericano que se interesó por la egiptología y que se hizo con los fragmentos que componen el papiro en el año 1862.

Extrañamente, y a pesar de que Smith tenía conocimientos de egipcio antiguo y sabía que el tema del papiro era de naturaleza médica, nunca se decidió a traducirlo o a pedir a alguien que lo hiciera por él. Por lo tanto, como ya hemos mencionado antes, tuvieron que pasar décadas hasta que el profesor Breasted publicara 2000 volúmenes del texto traducido.

Para sorpresa de toda la comunidad científica, lo que en él había escrito resultó ser un tratado médico datado en el siglo XVII a.c, que además, era una especie de copia con anotaciones de un papiro original casi mil años más antiguo.

De hecho, hasta se ha especulado con que el verdadero autor fuera Imhotep, un famoso sacerdote egipcio cuyas capacidades médicas que puso en práctica al servicio del faraón, le sirvieron para ser considerado una divinidad de la salud a la que millones de egipcios rezaban cuando tenían problemas de esa índole.

Aunque el texto completo consiste en la descripción de 48 sujetos que sufrieron heridas en distintas partes del cuerpo (posiblemente ocurridas durante tareas de construcción de pirámides y otros edificios puesto que en la época en que fue escrito no hubo enfrentamientos bélicos importantes) además de sus posibles tratamientos y pronósticos médicos, aquí sólo nos centraremos en los casos donde el cerebro fue el órgano afectado.


Síntomas neurológicos descritos

En total se podría decir que hay 13 pacientes que sufrieron un daño cerebral debido a un trauma físico importante en la cabeza y cuyos síntomas más destacados fueron bastante bien descritos.

Por ejemplo, en dos de los casos se explica cómo fracturas abiertas en el hueso temporal del cráneo produjeron trastornos en el lenguaje de los sujetos, los cuales lloraban por ser incapaces de expresarse adecuadamente y a los cuales se les daba un mal pronóstico y se descartaba cualquier tipo de tratamiento para sus dolencias.

En otros casos, se aprecia como descubren que la lesión en un lado del cerebro suele producir trastornos sensoriales y motores en el lado contrario del cuerpo aunque también se puede leer sobre un caso de una lesión cerebral a “contrecoup”, es decir, ocurrida en el lado opuesto de donde ocurrió el impacto debida al aplastamiento de la masa cerebral contra la otra pared del cráneo y que produce alteraciones en el mismo lado del cuerpo en el que se produjo la herida.

Queda claro también que los médicos egipcios también notaron que ciertos daños causaban problemas de tipo espacial como los trastornos en la coordinación ojo-mano para alcanzar objetos que son tan comunes ahora cuando hay un daño en zonas parietales del hemisferio derecho.


Tratamientos

En algunos de los casos anteriores que fueron considerados adecuados para recibir tratamiento (puesto que había casos que se consideraban intratables o difícilmente tratables) se recomendaba la colocación de grasa de animales como el león, el hipopótamo, el cocodrilo, la serpiente y la cabra montesa sobre la herida.

También se recomienda el uso de huevo de avestruz en uno de los casos, que además, es especial también porque incluye como tratamiento la utilización de una oración de tipo religioso que trata de pedir la ayuda de los dioses para expulsar los demonios que se han metido dentro de la herida.

Pronósticos

En casi todos los casos se les asignaba un pronóstico que podía ser de tres tipos:

  • uno en el que una recuperación casi completa era esperable,
  • otro en el que se consideraba que a recuperación era posible pero no se podía saber si ocurriría.
  • y por último los casos en que la esperanza de una mejoría era muy escasa.

Conclusiones

Aunque la calidad de las técnicas y procedimientos médicos del papiro de Smith fueran muy rudimentarios y escasos, lo cierto es que este sistema de clasificación de las heridas, junto a la estipulación de los posibles tratamientos y los distintos tipos de pronóstico, pueden y deben ser considerados como un verdadero documento médico con similitudes con los sistemas de triada utilizados en la medicina moderna en los que, dependiendo de la gravedad de la herida, se aconsejan diferentes tipo de operación quirúrgica y los posibles riesgos y pronósticos que se suelen dar en casos similares.

Este caso, por lo tanto , es un ejemplo magnífico de la cultura egipcia antigua que demuestra que el ser humano ha tenido conocimientos complejos dentro del campo de la medicina muchos más años antes de lo que la cultura occidental había pensado y que por lo tanto debe ser considerado como una muestra del interés que han tenido por entender ciertas personas en épocas muy antiguas por los efectos que puede tener en la mente el daño cerebral adquirido y sus posibles tratamientos para ayudar a las personas que lo han sufrido.


Referencias bibliográficas

  1. Breasted, J.H, (1930) The Edwin Smith Surgical Papyrus. Chicago : University of Chicago press,pp.9-75.
  2. Finger.S (2001) Origins of Neuroscience: A History of Explorations into Brain Function. Oxford University Press.
  3. Ricardo F ,González Fisher,* Patricia L Flores, Shaw.(2005). El papiro quirúrgico de Edwin Smith. Anales médicos, Asociación Médica del American British Cowdray Hospital.vol.50.(1),pp 43-48.

Victor Lorenzo Guerreiro

Licenciado en Psicología Máster en Neuropsicología

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