¿EXISTE REALMENTE EL SEXO FEMENINO Y MASCULINO?

Desde los inicios de la civilización el ser humano ha distinguido y establecido diferentes roles a las personas atendiendo al sexo, a la cultura en concreto de la región y al momento histórico específico que se analice. Con respecto a estas circunstancias, se ha establecido lo que se conoce como género. Es importante poder distinguir claramente entre sexo y género porque, aunque puedan parecer que son lo mismo, en realidad no.

¿A qué hacemos referencia cuando hablamos de sexo y género?

Con respecto al sexo, este concepto hace referencia a la configuración genital de los individuos de la especie en concreto, siendo la norma general (exceptuando casos como el del hermafroditismo, por ejemplo) el hecho de que uno de los dos sexos (el masculino) genera espermatozoides y el otro (el femenino) genera óvulos, siendo ambos tipos de células las encargadas de formar un nuevo individuo producto de su unión.

Con respecto al género, este concepto es mucho más social y cultural, ya que hace referencia a la identidad del individuo como integrante de su entorno social. En este concepto se engloban tres ideas: rol de género, identidad de género y orientación de género.

En la primera idea, el rol de género hace referencia a las ideas, expectativas y papel que se espera que cumplan los individuos de determinado género en su sociedad; en la segunda idea, la identidad de género, se hace referencia a cómo se percibe un individuo concreto en su realidad en el entorno social que le toca vivir y la tercera idea, orientación de género, está relacionada con la atracción sexual que un individuo en concreto tenga hacia uno o más géneros.

En la mayor parte de culturas del mundo se ha establecido, salvo anomalías genéticas y casos concretos como la tratable disforia de género, históricamente por defecto que el sexo masculino corresponde al género hombre y el sexo femenino corresponde al género mujer. No obstante, existen casos particulares de géneros que están moldeados por el entorno cultural concreto, por ejemplo: En La India existe un “tercer género” llamado “hijra” cuyos individuos pueden ser sexualmente masculinos o femeninos pero se identifican con este género, y va al margen de qué etnia o religión profesen; en la tribu americana navajo existen el hombre masculino, el hombre femenino, mujer femenina y mujer masculina además del caso del hermafrodita “nadle” [8-12].


¿Existen realmente un cerebro masculino y femenino?

Una vez presentados y explicados estos conceptos, el siguiente paso consiste en intentar responder a la pregunta que se plantea en el título del artículo, y para ello es importante hacer hincapié en una de las ideas explicadas en el párrafo anterior: El rol de género. En multitud de ocasiones, esta idea ha estado condicionada por factores fisiológicos evidentes, tales como las diferencias físicas derivadas del sistema hormonal (mayor masa muscular en el caso masculino, fertilidad más limitada con la edad y condicionada por ciclos menstruales en el caso femenino, por ejemplo), y la cuestión es: ¿condiciona el sexo nuestro sistema nervioso? [1]

Para empezar a responder a la pregunta, hay que hacer referencia a ciertas afirmaciones que se pueden escuchar tanto en círculos académicos y profesionales relacionados con la neurociencia como en círculos más informales de forma bastante frecuente: Los hombres tienen mejor capacidad de orientación viso-espacial, los hombres son más directos hablando, los hombres tienen una mayor y mejor capacidad de razonamiento lógico, las mujeres tienen una gran agudeza visual para discriminar entre gamas cromáticas de colores, las mujeres son menos directas hablando o las mujeres tienen una mejor gestión y diferenciación de las emociones, por ejemplo.

¿Tienen base científica semejantes afirmaciones?

En algunos casos sí: En el caso de la discriminación cromática femenina, se conoce por estudios experimentales que por norma general sus conos (células de la retina encargadas de la discriminación del espectro cromático y el movimiento) tienen una agudeza y una precisión mayores, lo que les proporciona una vista más precisa que en el caso masculino.

En el caso masculino, la más clara de las citadas anteriormente en cuanto a nivel de estudios realizados es la de la capacidad viso-espacial, ya que se conoce a nivel experimental que su configuración visual y cerebral por norma general propicia una mejor habilidad para observar el entorno y poder hacer estimaciones acerca de cómo alcanzar cierto objeto o calcular cómo arrojar un objeto para alcanzar a un objetivo concreto en su ubicación.

Con respecto al tema de hablar más o menos, atribuido a mujeres y hombres respectivamente, hay cierta evidencia que apoya esta teoría: Durante el acto del habla se activa una región conocida como “Área de Broca” (región de Brodmann número 44) para poder llevar a cabo dicho acto. Diversos estudios de neuroimagen han revelado que durante el habla una diferencia relevante entre sexos es que mayoritariamente en el caso femenino hay activación bilateral, estando los dos hemisferios activos, mientras que en el caso masculino mayoritariamente lo que ocurre es que sólo está activo el hemisferio izquierdo, el hemisferio encargado normalmente de ser el que trabaja con material verbal [2, 5, 6, 7].

Tras estos ejemplos citados anteriormente, puede dar la impresión de que todos y cada uno de los procesos psicológicos básicos que posee el ser humano están condicionados por su sexo biológico y, por ende, a cada sexo hay que atribuirle una serie de roles característicos que se ajusten a sus capacidades físicas y psicológicas.

¿Es esto cierto? No. Esta afirmación no es cierta por una serie de cuestiones que se citan a continuación: La gran variabilidad individual de unos individuos a otros, el momento social e histórico que cada pueblo vive o la cantidad de similitudes que tienen los cerebros masculino y femenino. Aunque se han citado diferencias entre cómo son ciertos procesos cognitivos en función del sexo, no deja de ser cierto que existen muchas similitudes debido a que forman parte de la misma especie.

Por ejemplo, tanto en el caso masculino como en el femenino ocurre de forma similar la activación de la corteza cingulada anterior ante un estímulo concreto (imágenes de la persona amada), que la capacidad para percibir sonidos se procesa en el lóbulo temporal del mismo modo o que las vías visuales (vía del qué y vía del dónde) transcurren por los mismos recorridos corticales con independencia del sexo.

Conclusiones

Una vez desarrollado todo este tema, la cuestión de si existe cerebro masculino y cerebro femenino puede decidirse mejor: No existe en tanto que sean cerebros que presenten claras diferencias anatómicas, sino que existen procesos que en el caso masculino y en el caso femenino pueden desenvolverse de modo diferente dadas sus características biológicas y sus diferencias individuales. Por todo esto, hay que tener en cuenta multitud de factores a la hora de realizar ciertas afirmaciones [3, 4].

Referencias bibliográficas

  1. Alcántara, E. (2013). Identidad sexual/rol de género. Debate feminista, 47, 172-201.
  2. BioMed Central Limited. (2012, September 3). The eyes have it: Men and women do see things differently, study of brain’s visual centers finds. ScienceDaily.
  3. De Vries, G. J., & Boyle, P. A. (1998). Double duty for sex differences in the brain. Behavioural brain research, 92(2), 205-213.
  4. Field, T. (2016). Romantic Love. Int J Behav Res Psychol, 4(3), 185-190.
  5. Harasty, J., Double, K. L., Halliday, G. M., Kril, J. J., & McRitchie, D. A. (1997). Language-associated cortical regions are proportionally larger in the female brain. Archives of Neurology, 54(2), 171-176.
  6. Ingalhalikar, M., Smith, A., Parker, D., Satterthwaite, T. D., Elliott, M. A., Ruparel, K., … & Verma, R. (2014). Sex differences in the structural connectome of the human brain. Proceedings of the National Academy of Sciences, 111(2), 823-828.
  7. Lurito, J. T., Phillips, M., Dzemidzic, M., Lowe, M. J., Wang, Y., & Mathews, V. P. (2000). Men do hear—but differently than women, brain images show. In 86th Scientific Assembly and Annual Meeting of the Radiological Society of North America (RSNA), Chicago.
  8. Morris, J. A., Jordan, C. L., & Breedlove, S. M. (2004). Sexual differentiation of the vertebrate nervous system. Nature neuroscience, 7(10), 1034-1039.
  9. Nanda, S. (1999). The hijras of India: cultural and individual dimensions of an institutionalized third gender role. Culture, society and sexuality: a reader. University of California Press, Berkeley, 226-238.
  10. Schilt, K., & Westbrook, L. (2009). Doing Gender, Doing Heteronormativity: “Gender Normals,” Transgender People, and the Social Maintenance of Heterosexuality. Gender & Society, 23(4), 440-464.
  11. Suárez, A. G. (2010, September). Etnicidad y tercer género. In XIV Encuentro de Latinoamericanistas Españoles: congreso internacional (pp. 2385-2399). Universidade de Santiago de Compostela, Centro Interdisciplinario de Estudios Americanistas Gumersindo Busto; Consejo Español de Estudios Iberoamericanos.
  12. Swaab, D. F. (2004). Sexual differentiation of the human brain: relevance for gender identity, transsexualism and sexual orientation. Gynecological Endocrinology, 19(6), 301-312.
Germán Albeleira

Germán Albeleira

Máster en Neurociencias.

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