FATIGA EN ESCLEROSIS MÚLTIPLE

¿Qué es la Esclerosis Múltiple?

La Esclerosis Múltiple (EM) es una enfermedad autoinmune que se caracteriza por la pérdida de mielina, oligodendrocitos y axones del sistema nervioso central, lo cual provoca un complejo y heterogéneo déficit neurológico [3,8], pudiendo presentar síntomas piramidales (disminución de fuerza muscular, espasticidad o hiperreflexia), sensitivos (hipersensibilidad al dolor), cerebelosos (alteración de la coordinación, equilibrio y marcha), cognitivos, visuales, urinarios, fecales y sexuales [3]. Sin embargo el síntoma más característico de esta enfermedad es la fatiga, de la que hablaremos a continuación.

Otra característica de la EM, es el perfil temporal de esta sintomatología, ya que suelen aparecer en episodios de brotes, con aparicion o aumento de los síntomas (recidivas o exacerbaciones) o disminución o desaparición de los mismos (fases de remisión). En función a este perfil temporal se puede clasificar esta patología en recidivante-remitente, progresiva primaria, progresiva secundaria y progresiva recidivante [3].

Su importancia radica en su elevada incidencia, 1´3 millones de personas, siendo la mayor causa de déficit neurológico en jóvenes adultos, lo cual repercute considerablemente en la independencia y calidad de vida de estos sujetos [1,4].


Fatiga en Esclerosis Múltiple

La fatiga es uno de los síntomas más comunes y limitantes de la EM, afecta a un 80-95% de los enfermos, y puede ocasionar un empeoramiento del cuadro neurológico u otros síntomas como depresión, dolor, ansiedad o alteraciones del sueño [3-5], lo cual provoca un grave impacto sobre la calidad de vida, siendo la principal causa de desempleo en estos sujetos [5].

Tradicionalmente, se ha definido la fatiga como: “la incapacidad de un músculo o grupo muscular para producir la fuerza requerida o esperada”[3]. No obstante, en la actualidad se aboga por una definición como un síntoma dinámico, con una intensidad variable en función del perfil temporal de la enfermedad.

La fatiga en Esclerosis Múltiple puede ser: fatiga motriz, que agrava el déficit motor del sujeto, o fatiga cognitiva, que se acompaña con un menor desempeño cognitivo, disminución de la motivación o cambios en el comportamiento [5].

La causa de la fatiga en Esclerosis Múltiple es desconocida. El principal mecanismo que puede justificar esta fatiga es la afectación de las vías de conducción como resultado de la desmielinización y degeneración axonal [3,5].

Por otro lado, la actividad inmunitaria en el sistema nervioso central, las alteraciones en la producción de hormonas hipofisarias y las alteraciones de otros órganos o sistemas, como la musculatura o el sistema cardiovascular, pueden justificar también esta fatiga, incluso cierta medicación de esta patología puede ocasionar efectos secundarios sedantes, contribuyendo a la fatiga [5].

La fatiga puede aumentar considerablemente su intensidad debido a factores exacerbantes, como pueden ser: tareas físicas o mentales, condiciones húmedas y cálidas, digestión pesada, malestar, sueño nocturno interrumpido o poco reparador, dolor, estrés o ansiedad [5].

La cuantificación de la fatiga y su impacto en la vida del sujeto se puede realizar mediante escalas objetivas, de entre las que destacan: “Fatigue Severity Scale” (FSS) y “Modified Fatigue Impact Scale” (MFIS), ambas de ellas validadas para la población con Esclerosis Múltiple.

Por otro lado, también se puede utilizar una escala de fatiga analógica, similar a la empleada para el dolor, de manera más simple [7]. La importancia de cuantificar este síntoma no sólo radica en el ámbito de la investigación, ya que esta cuantificación en el ámbito clínico permite conocer el perfil temporal de la patología y objetivar el resultado de la intervención realizada.


Manejo de la fatiga en Esclerosis Múltiple

Como hemos visto hasta ahora la fatiga es un síntoma complejo, variable y con diversos factores asociados, es por ello que requiere un enfoque terapéutico especializado y flexible. Existe una revisión sistemática que analiza las distintas revisiones sistemáticas sobre la rehabilitación en Esclerosis Múltiple, y concluye que las dos intervenciones con un alto grado de evidencia son:[1]1)

  • Ejercicio físico terapéutico para aumentar los resultados funcionales (movilidad, fuerza muscular y capacidad aeróbica), reducir la fatiga y mejorar la calidad de vida.
  • Programas integrales de manejo para la fatiga referida por el paciente.

Ejercicio físico terapéutico

Hace unos años, el ejercicio físico se desaconsejaba a los pacientes con Esclerosis Múltiple, ya que se pensaba que agravaba la fatiga y aumentaba la temperatura corporal [4,5]. Los estudios actuales demuestran que el ejercicio físico terapéutico en esta población produce una mejora clínica en la fatiga y su autogestión; así como mejoras en la capacidad aeróbica, fuerza y resistencia muscular, entre otras [2,3,4,6,7,8].

Los sujetos con EM requieren un plan de ejercicio físico terapéutico individualizado y supervisado por un especialista, ya que la intensidad y duración de los ejercicios recomendados en la población general pueden no ser adecuados para personas con EM. Además, es necesario realizar dicho ejercicio de manera regular, para conseguir un mantenimiento de estos efectos.

Sería recomendable la lectura una revisión sistemática que analiza las consecuencias físicas, sociales y autoperceptivas beneficiosas y adversas descritas en la literatura del ejercicio físico en EM, así como sus facilitadores y barreras ambientales y sociales [2]. Simplemente destacar de esta publicación las consecuencias físicas, por ser el enfoque principal de la entrada, estas son:

  • Consecuencias beneficiosas: mantenimiento y mejora de la función física, mejora de la fuerza muscular, mejora de la capacidad aeróbica, mejora del estado de salud general, mejora del equilibrio, mejora de la flexibilidad y pérdida de peso [2].
  • Consecuencias adversas: incremento de la fatiga, síntomas inespecíficos de empeoramiento o recaída, dolor muscular, incremento de la temperatura, riesgo de caídas, exacerbación de síntomas musculoesqueléticos prexistentes. No obstante, la literatura dice que estos efectos adversos son poco frecuentes [2].

En base a esta información, creo necesario aclarar una cuestión, ya que muchos habrán advertido que la literatura dice que el ejercicio físico mejora y empeora la fatiga, no se trata de un error o una contradicción. Permítanme realizar una simplificación para aclarar este tema, cuando un sujeto sano comienza un programa de ejercicio físico es normal que al comienzo se encuentre altamente fatigado, pero con el paso del tiempo se produce una adaptación a dicho ejercicio físico.

En los sujetos con EM parte de la fatiga puede ser justificada por la debilidad muscular y el desacondicionamiento físico. Por este motivo, el ejercicio físico regular mejora la fatiga, pudiéndose explicar esto por las mejoras en los sistemas musculoesquelético y cardiorrespiratorio, incluso por las consecuencias beneficiosas sociales y psicológicas del ejercicio físico. Además, no debemos olvidar que los fenómenos de neuroplasticidad son más frecuentes en las zonas del SNC con mayor actividad.

Cabe destacar, la hidroterapia como ejercicio terapéutico muy recomendable en muchas de las enfermedades neurológicas, y en particular en la Esclerosis Múltiple. Las propiedades físicas del agua proporcionan beneficios en la movilidad, y evitan efectos adversos como el riesgo de caídas. En EM, existen estudios que defienden que la hidroterapia mejora la fatiga, la espasticidad, el dolor y la calidad de vida [5,6].

Programas integrales de manejo de la fatiga

Los programas integrales de manejo de la fatiga son programas realizados por un equipo multidisciplinar cuyo principal objetivo es la autogestión de la fatiga por parte del paciente. El principal objetivo de estos programas es el empoderamiento del paciente en el conocimiento y manejo de la patología, y por ello la intervención se basa en la educación de éste. Por tanto, se enseña las características y síntomas de la patología, así como estrategias para la autogestión de la fatiga, como el ejercicio físico, la planificación, simplificación o priorización de tareas, alimentación, descanso, etc. [5]

Referencias bibliográficas

  1. Khan, F., & Amatya, B. (2017). Rehabilitation in Multiple Sclerosis: A Systematic Review of Systematic Reviews. Archives of Physical Medicine and Rehabilitation, 98(2). http://doi.org/10.1016/j.apmr.2016.04.016
  2. Learmonth, Y. C., & Motl, R. W. (2016). Physical activity and exercise training in multiple sclerosis: a review and content analysis of qualitative research identifying perceived determinants and consequences. Disability and Rehabilitation, 38(13). http://doi.org/10.3109/09638288.2015.1077397
  3. López Chicharro, J., & López Morajes, L. M. (2008). Esclerosis Múltiple. In Fisiología clínica del ejercicio (pp. 171–188). Editorial Médica Panamericana.
  4. Motl, R. W., & Sandroff, B. M. (2015). Benefits of Exercise Training in Multiple Sclerosis. Current Neurology and Neuroscience Reports, 15(62). http://doi.org/10.1007/s11910-015-0585-6
  5. Multiple Sclerosis International Federation. (2012). La fatiga y la EM. MS in Focus.
  6. Plecash, A. R., & Leavitt, B. R. (2014). Aquatherapy for neurodegenerative disorders. Journal of Huntington’s Disease, 3(1), 5–11. http://doi.org/10.3233/JHD-140010
  7. Tur, C. (2016). Fatigue Management in Multiple Sclerosis. Current Treatment Options in Neurology, 18(26). http://doi.org/10.1007/s11940-016-0411-8
  8. Wens, I., Eijnde, B. O., & Hansen, D. (2016). Muscular, cardiac, ventilatory and metabolic dysfunction in patients with multiple sclerosis: Implications for screening, clinical care and endurance and resistance exercise therapy, a scoping review. Journal of the Neurological Sciences, 367. http://doi.org/10.1016/j.jns.2016.05.050

 

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *