INDEFENSIÓN APRENDIDA: EXPECTATIVA DE INCONTROLABILIDAD

Introducción

Todo el mundo en alguna ocasión ha experimentado la sensación de sentir que no puede hacer nada para evitar que algo ocurra. Esto normalmente nos sucede cuando hemos intentado varias opciones para conseguir aquello que queremos (o que queremos evitar) y no hemos logrado nuestro objetivo. Hemos desarrollado indefensión aprendida.

En relación a este fenómeno, debemos hacer referencia a los estilos atribucionales, es decir, a la forma en la que las personas explican los acontecimientos que ocurren, en qué lugar sitúan la causa de los hechos. El estilo atribucional interno se correspondería con aquel en el que la persona atribuye la causa a sí mismo, a factores internos (inteligencia, esfuerzo, etc.). El estilo externo es aquel por el cual la persona atribuye la causa de lo que ocurre a algo externo a ella misma (suerte, otras personas, etc.)

Tras saber esto, podemos afirmar una cosa: la persona, al realizar una atribución, asume la contingencia entre causa y efecto, es decir, asume que la consecuencia depende de la respuesta previa, que hay relación y dependencia entre ambas.

¿Qué es la indefensión aprendida?

Desde el marco del condicionamiento operante han surgido varios fenómenos en función de la variable que cambiemos en la ecuación. A grandes rasgos, se presupone la contingencia y contigüidad entre una respuesta y una consecuencia para que se produzca el aprendizaje.

En el fenómeno que nos ocupa, la indefensión aprendida, la relación entre respuesta y consecuencia se produce de forma aleatoria, es decir, sin contingencia entre ambas. No obstante, no podemos decir que no se produzca aprendizaje en el sujeto, sino que aprende que no existe relación entre su respuesta y la aparición de una consecuencia. Y esto perjudicará los aprendizajes futuros. [3]

Experimento de Seligman y Maier

Este hallazgo fue realizado por Seligman y Maier en 1967 a través de una serie de experimentos con animales: [3]

Primera fase

Escogieron 3 grupos de perros y se les asignó a cada uno una situación experimental:

  • El grupo control fue colocado en un arnés y no recibió descarga eléctrica.
  • El segundo grupo, llamado grupo de escape, fue colocado en el arnés y recibían descargas eléctricas a las que podían poner fin si pulsaban un panel a la altura del hocico.
  • El tercer grupo también recibió descarga, pero no podían evitarla de ningún modo.

Segunda fase

En la segunda fase, se les enseñó a todos una respuesta de escape: podían evitar la descarga si respondían en presencia de una luz o si saltaban al otro lado de la caja.

El resultado encontrado demostró la existencia del fenómeno de la indefensión aprendida. Tanto el grupo control como el grupo que podía escapar de la descarga en la primera fase aprendieron rápidamente la respuesta de escape en la fase 2. Sin embargo, se encontró una gran dificultad de aprendizaje de esta respuesta en el grupo de la descarga incontrolable. Su conducta no tenía relación con el fin de la descarga y esto se generalizó a aprendizajes posteriores, dificultándolos.

A raíz de este experimento, se define la indefensión aprendida como la falta de motivación que ocurre cuando el sujeto es expuesto a consecuencias desagradables ante las cuales no puede ejercer ningún tipo de control. [1] Esto crea la expectativa de que la conducta del sujeto es irrelevante para acabar con un suceso negativo.

Indefensión aprendida, atribución y depresión

En la introducción hemos visto que los estilos atribucionales que las personas utilizan para explicar los fenómenos que nos suceden están relacionados de alguna manera con este proceso de indefensión.

El ser humano necesita sentir que tiene el control de la situación. De esta forma podrá cambiar su conducta y modificarla en función de las exigencias del medio, sobretodo si las consecuencias de tales conductas son aversivas para él. Sin embargo, como hemos visto antes, en la indefensión aprendida encontramos principalmente una expectativa de incontrolabilidad de los resultados, dada la no contingencia entre la respuesta del sujeto y las consecuencias.

Esto conlleva una serie de efectos derivados como son la falta de motivación para iniciar otro tipo de respuestas que sí podrían controlar las consecuencias futuras y una serie de respuestas de ansiedad, miedo o tristeza si se trata de sucesos traumáticos.

Ahora bien, ante esta expectativa de incontrolabilidad, la teoría reformulada de la indefensión aprendida de Abramson, Seligman y Teasdale (1978) añade que el sujeto elabora una atribución acerca de esa ausencia de control (“¿Por qué no puedo controlar la situación?). [4] Ante esto entran en juego 3 factores que completan la atribución realizada:

  • El primero de ellos es el locus de control: ¿La causa está dentro del sujeto o fuera de él? (interno-externo)
  • El segundo es la estabilidad: Causas estables, que se mantienen en el tiempo y que no se van a modificar o causas inestables que no siempre van a estar presentes.
  • Por último, la especificidad: si la causa sólo afecta a una situación o a un grupo reducido de situaciones (especifico) o si por el contrario, la causa afecta a la gran mayoría de situaciones a las que nos enfrentamos (global).

Si realizamos una combinación de esos factores nos encontramos con un estilo de atribución clave a la hora de explicar el trastorno depresivo mayor bajo este enfoque de la indefensión.

Concretamente hablamos del estilo atribucional interno, estable y global para los acontecimientos negativos. En concreto, el locus de control interno estaría en la base de la baja autoestima que encontramos en este tipo de pacientes. La estabilidad por su parte, se encargaría de la expectativa de incontrolabilidad en situaciones futuras, puesto que la persona espera que nada cambie y se cronificará el trastorno. Y por último, las atribuciones globales tendrían como consecuencia la generalización a otras situaciones, generalizándose así los síntomas depresivos. [2]

Por último, para poder explicar el bajo estado de ánimo que ocurre en la depresión, estos autores concretaron que la expectativa de pérdida de control hace referencia a aquellas situaciones aversivas para el sujeto, bien por la pérdida de reforzadores o por la aparición de algún suceso muy desagradable. [2]

Referencias bibliográifcas

  1. American Psychological Asociation (2007). APA dictionary of psychology. Washington: American Psychological Asociation
  2. Belloch, A. , Sandín, B., Ramos, F. (2008). Manual de psicopatología. Madrid: McGraw-Hill.
  3. Tarpy, R. (1999) Aprendizaje: teoría e investigación contemporáneas. Universidad de Bucknell: McGraw Hill
  4. Yela, J.R., Marcos, J.R. (1992). Indefensión aprendida en sujetos humanos y su inmunización. Influencia del estilo atribucional y de los programas de reforzamiento. Revista latinoamericana de Psicología, 24 (3), 301-321.
María José Vega Pedrero

María José Vega Pedrero

Psicóloga especialista en Neuropsicología.

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