¿Qué es la Deficiencia Auditiva?

Introducción

Todos los días recibimos una gran cantidad de información de nuestro entorno y gran parte de esa información a través del canal auditivo-oral procedente de distintos medios tales como las conversaciones cara a cara, conversaciones telefónicas, anuncios por megafonía, grabaciones, programas de televisión y radio, películas, canciones, sonidos ambientales, ruidos, etc.

¿Qué pasaría si un día, de repente, nos quedamos sin audición? ¿Y si es nuestro hijo/a, padre, madre, hermano/a que nace o se queda sordo/a?

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) más del 5% de la población mundial (360 millones de personas) padece pérdida de audición (328 millones de adultos y 32 millones de niños). [4]

La Comisión para la Detección Precoz de la Hipoacusia (CODEPEH, 2000) aporta datos sobre que el 80% de las sorderas infantiles están presentes en el momento del nacimiento, y que en nuestro país uno de cada mil niños/as nace con una sordera profunda bilateral y que cinco de cada mil recién nacidos padece una sordera de distinto tipo y grado. [5]


¿Qué es la discapacidad auditiva?

La discapacidad auditiva se define como la pérdida o anormalidad de la función anatómica y/o fisiológica del sistema auditivo, y tiene su consecuencia inmediata en una discapacidad para oír, lo que implica un déficit en el acceso al lenguaje oral. Partiendo de que la audición es la vía principal a través de la cual se desarrolla el lenguaje y el habla, debemos tener presente que cualquier trastorno en la percepción auditiva del niño y la niña, a edades tempranas, va a afectar a su desarrollo lingüístico y comunicativo, a sus procesos cognitivos y, consecuentemente, a su posterior integración escolar, social y laboral (FIAPAS, 1990).

Aunque el término de sordera implica un determinado grado de pérdida auditiva, éste se ha utilizado y se utiliza tradicionalmente para hacer referencia tanto a la pérdida leve como profunda, generalizando su uso en la designación de cualquier deficiencia auditiva. [5]

Clasificación

La clasificación de la pérdida auditiva o hipoacusia va a depender de varios factores tales como el momento, la localización y el grado de pérdida, teniendo en cuenta que la pérdida de audición puede ser unilateral (un solo oído) o bilateral (ambos oídos).

Según el momento de aparición de la pérdida auditiva:

  • Prelocutiva: cuando la pérdida se produce en el momento del nacimiento o antes de la adquisición del lenguaje (0-2 años)
  • Perilocutiva: cuando se produce durante la adquisición del lenguaje (2-4 años)
  • Postlocutiva: se produce la pérdida una vez adquirido el lenguaje.
  • Presbiacusia: es la pérdida progresiva de la audición en edades avanzadas (sobre los 65 años de edad en adelante)

Según la localización de la lesión:

  • De transmisión o conducción: la lesión se localiza en la parte mecánica del oído (oído externo y medio) lo que impide que el sonido llegue a estimular de forma adecuada las células del órgano de Corti.
  • De percepción o neurosensorial: la lesión se presenta en el órgano de Corti o en las vías o centros superiores auditivos.
  • Mixtas: cuando se combinan sorderas de conducción y neurosensoriales.

Tomando como base las normas de la BIAP (Bureu International d´Audiophonologie) podemos clasificar la sordera según el grado de pérdida en: [2]

  • Leve: las pérdida oscila entre los 21-40 dB
  • Moderada: entre 41-70 dB
  • Severa: 71-90 dB
  • Profunda: 91-120 dB
  • Cofosis o anacusia: más de 120 dB

Etiología de la sordera

Es importante conocer cuáles son las causas que pueden provocar estos tipos de pérdida auditiva dado las consecuencias posteriores que pueden tener sobre el futuro desarrollo de los niños y niñas, sobre todo cuando se trata de sorderas severas o profundas. De este modo, se puede realizar una labor preventiva que nos permita iniciar, lo antes posible, el tratamiento adecuado en cada caso particular.

Centrándonos en las pérdidas auditivas neurosensoriales, éstas pueden ser:

  • Sorderas neurosensoriales genéticas o hereditarias: sobre el 60%. Las sorderas genéticas pueden, a su vez, ser congénitas (presentes ya en el nacimiento) o tardías (se presentan a lo largo de la vida). La sordera puede presentarse asociada a otras anomalías (Síndrome de Waardenburg (trastornos de la pigmentación); Síndrome de Usher (problemas oftalmológicos), Síndrome Pendreal (patología tiroidea), Neurofibromatosis (tumores neuronales), etc.
  • Sorderas neurosensoriales adquiridas: sobre el 35%. Al igual que en el anterior puede ser a su vez, congénitas o tardías y pueden ser de causa prenatal o perinatal.

Las sorderas tardías se pueden presentar en la infancia o ya en la vida adulta. Algunas causas que provocan sordera tardía son: Infecciones (meningitis bacteriana, sarampión, parotiditis), ototoxicidad, otitis media crónica, traumatismos craneales y enfermedades del oído interno. [3]


Consecuencias según el grado de pérdida

Según el tipo, grado y momento de aparición de la sordera, éstas tienen distintas consecuencias sobre el desarrollo lingüístico y condicionarán la orientación y el tratamiento audioprotésico y rehabilitador que será necesario aplicar en cada caso.

Algunas de las consecuencias más significativas de las hipoacusias neurosensoriales prelocutivas que repercuten sobre el desarrollo lingüístico, cognitivo y social, son las siguientes:

  • Pérdidas leves: pueden existir algunas dificultades en el aprendizaje y problemas articulatorios (dislalias). Aunque el niño puede oír, presentará dificultades en la comprensión de lo que oye, sobre todo en ambientes ruidosos, charlas grupales y dentro del aula educativa.
  • Pérdidas moderadas: el lenguaje puede desarrollarse de forma espontánea, si bien, presentará retrasos en su evolución y va a precisar del uso de prótesis auditivas. Así mismo, tendrán dificultades en la comprensión oral y retraso en el habla. No siempre responden a las órdenes que se les dan y, en ocasiones, la sordera puede pasar desapercibida, por lo que se les puede considerar “muy desobedientes” o “rebeldes”, con dificultades para el acceso a la lectoescritura y, frecuentemente, con mal comportamiento.
  • Perdidas severas: el lenguaje oral no puede desarrollarse de manera espontánea. Estas pérdidas suelen detectarse cada vez en edades tempranas y requieren el uso de prótesis auditivas y apoyo logopédico.
  • Pérdidas profundas: pueden existir alteraciones importantes en el desarrollo global dada la ausencia total de estimulación auditiva. Están afectadas las funciones de alerta y orientación, la estructuración espacio-temporal y el desarrollo social. Es imprescindible el uso de prótesis auditivas y apoyo logopédico. [3]

La intervención del logopeda

Para la rehabilitación/habilitación (restablecer una destreza perdida) auditiva es importante tener en cuenta las características individuales de cada niño/a: edad actual, edad de la pérdida auditiva (cuando empezó y cuando se detectó), restos auditivos, tipo y nivel de pérdida, patologías asociadas, adaptación y ganancia de las prótesis auditivas (en su caso), capacidad de aprendizaje y carácter y personalidad. [1]

Por otro lado, es importante tener en cuenta otros factores ambientales para establecer un pronóstico. En el caso del ambiente familiar va depender si la familia es sorda, oyente o ambas, la aceptación familiar y el nivel cultural y socioeconómico; y en el entorno escolar el nivel de inclusión educativa, el inicio y calidad de la educación y métodos aumentativos o alternativos empleados.

Una vez recogidos muchos de estos datos que se incluirán en la historia clínica del niño/a es importante hacer una evaluación inicial y de seguimiento de cada caso en particular. Para ello se pueden utilizar numerosas pruebas tanto estandarizadas como de elaboración propia.

En la misma línea, es significativo establecer una correcta colaboración con todos los profesionales que trabajan con el niño/a (centro educativo, familia, otorrinos y adioprotesistas)

Por último y de manera global, algunos de los objetivos de intervención logopedica serían los siguientes: entrenamiento auditivo (detección, discriminación, identificación, reconocimiento y comprensión), discriminación del habla, corrección de alteraciones en el habla, vocabulario receptivo y expresivo, sintaxis y gramática, uso del lenguaje y pragmática y apoyo a la lectoescritura.

Referencias bibliográficas

  1. (2016). La habilitación audiológica/auditiva para niños. American Speach-Language Hearing Association, p.11369.
  2. FIAPAS (Jáudenes, C. et ál.) (2004): Manual Básico de Formación Especializada sobre Discapacidad Auditiva (4ª ed.). Madrid, FIAPAS (2010).
  3. FIAPAS (Jáudenes, C. y cols.) (2006): Dossier de Prevención y Atención Precoz de los problemas auditivos en edad escolar (4ª ed.). Madrid, Confederación Española de Familias de Personas Sordas – FIAPAS (2010).
  4. (2015). Sordera y pérdida de la audición. 18/01/2017, de Organización Mundial de la Salud.
  5. Trinidad, G. y Jáudenes, C. (coord.) (2011): Sordera Infantil. Del diagnóstico precoz a la inclusión educativa. Guía práctica para el abordaje interdisciplinar (2ª ed.). Madrid, Confederación Española de Familias de Personas Sordas-FIAPAS (2012).
Estefania Quiroga

Estefania Quiroga

Logopeda con experiencia en deficiencia auditiva. Estudiante de Pedagogía.

1 comentario
  1. ABEL CARMONA
    ABEL CARMONA Dice:

    Buenas tardes me parece interesante tu publicacion, estoy en una maestria de educacion fisica y trato con ninos con discapacidad auditiva para mejor su salud y equilibrio por el daño en su sistema vestibular si me puedes ayudar con mas articulos se te agradeceria.

    Responder

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *