NEUROPSICOLOGÍA Y TRASTORNOS ALIMENTARIOS

Los trastornos alimentarios más estudiados y sus características

Los trastornos alimentarios son un grupo de patologías que se definen por la alteración en el comportamiento alimentario debido a variaciones en la percepción de la imagen corporal y el miedo al aumento de peso, lo que provoca grandes alteraciones tanto a nivel físico, como conductual y emocional.

Dos de estas patologías son: la anorexia nerviosa (peso corporal por debajo de lo esperado, debido a la restricción alimentaria) y la bulimia nerviosa (se manifiesta por periodos de atracones, comiendo una gran cantidad de alimentos, mucho mayor que lo que comería la mayoría de las personas en una circunstancia similar, seguido de métodos compensatorios inapropiados para evitar ese temido aumento de peso, como el vómito auto-inducido, el abuso de laxantes, exceso de ejercicio físico, etc.).

En ambos casos, la auto-evaluación de las personas que padecen estas patologías se ve exageradamente influenciada por la forma y el peso corporal [1-5].

Alteraciones neurocognitivas en trastornos alimentarios

Además, se ha descubierto que los pacientes con trastornos alimentarios presentan alteraciones en el funcionamiento neurocognitivo.

Varios estudios han indicado la presencia de déficits en atención, funciones ejecutivas, habilidades viso-espaciales, aprendizaje y memoria [1, 3, 4, 5].

Coherencia central

Con respecto a esto, se ha estudiado la alteración en la coherencia central de pacientes con los trastornos alimentarios antes mencionados.

Dicho concepto se refiere al estilo de procesar la información. Cuando se habla de debilidad en la coherencia central, por lo tanto, se está refiriendo al procesamiento enfocado al detalle, sin entrar a procesar la información de manera global.

En este caso, los pacientes suelen focalizarse en los ingredientes de cada comida o los contenidos de grasa y calorías de cada alimento, y se preocupan por partes determinadas del cuerpo (como los muslos y la barriga) sin tener una visión integrada del mismo.

También se han encontrado déficits en la flexibilidad mental. Estos pacientes presentan rigidez cognitiva y dificultades para cambiar su rutina fija y adaptarse a los cambios del entorno [1, 3, 4, 5].

Cognición social

En cuanto a las investigaciones en la cognición social, estudios longitudinales han demostrado las dificultades sociales que pueden aparecer en estos pacientes, persistiendo aún en pacientes recuperados y que pueden llegar a grandes perjuicios como el incremento del riesgo de suicidio, la persistencia de la enfermedad y peor pronóstico, así como a una pobre calidad de vida [3,4].

Con respecto a las dificultades interpersonales, hay estudios que encuentran un patrón de sumisión, falta de asertividad e inhibición social en pacientes con anorexia nerviosa, así como una relación positiva entre problemas interpersonales y patología alimentaria.

Esto contribuye al mantenimiento del trastorno. Igualmente, se habla de mayor dificultad en el ajuste laboral y en el funcionamiento social ligado al trabajo.

Arcelus et al. (2013) realizan una revisión en la que concluyen que las pacientes con trastornos alimentarios con un perfil de sintomatología restrictiva presentan una mayor evitación de la expresión de emociones y una tendencia a la priorización de los sentimientos de los demás por encima de los suyos propios.

Las pacientes con TA con perfil atracón/purgativo presentan mayor tendencia a la desconfianza interpersonal y conflicto con otros [1].


Córtex insular y otras áreas cerebrales

La ínsula es considerada un área cortical primaria, que responde no sólo a la exterocepción química (olfato y gusto) sino también a estados interoceptivos del cuerpo o representación corporal [2].

Ínsula

Mediante estudios de neuroimagen cerebral se ha hallado la activación de la ínsula en su porción anterior ante estímulos aversivos o repugnantes.

Se ha observado que pacientes al recibir estimulación eléctrica en dicho sector, reportan sensaciones de nauseas, asco y vómitos.

Esto sugiere que la ínsula se relaciona directamente con la experiencia de asco y sensaciones aversivas viscerales, así como reacciones visceromotoras [2].

Hipotálamo, amigdala y corteza insular

Además, se ha demostrado, en estado de apetencia, creciente activación en hipotálamo, amígdala y corteza insular según lo predicho, así como en médula, striatum y corteza cingulada anterior.

En estado de saciedad, se registró activación marcada en corteza orbitofrontal y temporal lateral [2].

Algunos individuos observan la comida, tienen la experiencia de asco y automáticamente infieren que es una amenaza restringiendo su ingesta.

El potencial peligro en la comida, se generaría por el procesamiento de la expresión facial ocurrido en áreas corticales visuales que representan la experiencia de asco. Dicha representación determinaría la decisión de no comer.

Sin embargo, en pacientes anoréxicos y bulímicos existirá un marcado sobre control en la ingesta alimenticia generado por una valoración negativa asociada a los alimentos.

Evidencias recientes sugieren que la imagen corporal alterada en sujetos anoréxicos incluiría la participación de la extensión prefrontal dorsolateral, motor suplementario, ínsula, parietal inferior, giro fusiforme y áreas de la corteza cingulada.

Otras áreas cerebrales

Además, mujeres bulímicas reportan hipometabolismo en córtex prefrontal e hipermetabolismo en lóbulo temporal [2].

Además, en pacientes obesos se ha observado que durante la presentación de comida se activan significativamente el córtex cingulado anterior, giro temporal superior, giro parahipocampal, hipocampo y corteza insular.

Dichas áreas cerebrales cumplirían funciones que determinarían la ingesta alimenticia: memoria (hipocampo y parahipocampo) control cognitivo y decisión making (córtex cingulado), asociación e interpretación (giro temporal superior) y comida de interés (ínsula) [2].


Tratamientos

Los tratamientos para los trastornos alimentarios han ido fundamentalmente dirigidos a la modificación a nivel cognitivo, sobre todo mediante el empleo de estrategias de tipo cognitivo-conductual, del qué piensan las pacientes (comida, peso, etc).

Más recientemente, y ante la falta de eficacia completa de este tipo de acercamientos terapéuticos, ha habido un creciente interés en un acercamiento neuropsicológico para tratamientos más centrados en la modificación del cómo piensan las pacientes con trastornos alimentarios [1].

La guía NICE señala que no hay suficiente evidencia para la recomendación de ninguna intervención psicológica y que las intervenciones farmacológicas no son eficaces.

Además, las guías recomiendan que los tratamientos se orienten a modificar las actitudes y conductas relacionadas con el peso y la figura corporal y el temor a ganar peso, actitudes que podrían guardar relación con patrones de funcionamiento cognitivo inflexibles y rígidos particulares de los trastornos alimentarios, especialmente de la anorexia nerviosa.

Para ello, se ha desarrollado la terapia de rehabilitación cognitiva en contexto anglosajón, centrada en ayudar a las pacientes, mediante ejercicios dirigidos, a tener un pensamiento más flexible, y a pensar de forma más global y menos rígida o restringida [1].


Referencias bibliográficas

  1. Ciscar Pons, S. (2016). Neuropsicología y cognición social en los trastornos alimentarios y la obesidad. Valencia.
  2. Sanagua, N. (2007). Cortex Insular y su rol putativo en la configuración de trastornos alimenticios. Revista Chilena de Neuropsicología, 2: 1-7.
  3. Tapajóz, F., Catoira, N. y Allegri, R.F. (2014). Teoría de la mente en los trastornos alimentarios: ¿endofenotipo de la enfermedad? Rev. Arg. De Psiquiat, XXV: 253-261.
  4. Tapajóz, F., Catoira, N., Soneira, S., et al. (2016). Estudio de las funciones cognitivas en pacientes con trastornos alimentarios. Revista Neuropsicología latinoamericana, 8(3): 42-51.
  5. Zegarra-Valdivia,J. y Denegri, L. (2013). Anorexia nerviosa y su abordaje neuropsicológico: a propósito de un caso. Rev. Psicol, 3: 51-63.
Sandra Rodríguez Chinea

Sandra Rodríguez Chinea

Trabajadora social. Grado en Psicología.

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