¿QUÉ ES LA NEUROTEOLOGÍA?

Introducción

En relación con las capacidades cognitivas humanas, sin lugar a dudas una de las más destacadas es la capacidad de abstracción relacionada con el sentimiento religioso, esa conexión con ese hipotético mundo que trasciende el entendimiento humano.

Esa tendencia compartida por los diferentes grupos humanos alrededor del globo terráqueo les ha llevado a crear las diferentes religiones que existen. No obstante, se ha observado recientemente que primates como los chimpancés empiezan a tener ideas relacionadas con la trascendencia vital y comienzan a elaborar ritos funerarios en los que entierran a congéneres ya fallecidos, dándoles una sepultura que puede evocar hasta cierto punto a los rituales y los monumentos funerarios antepasados del ser humano [1].

No cabe duda pues de que hace falta un cerebro lo suficientemente desarrollado para poder elaborar esos pensamientos relacionados con una trascendencia hacia un mundo que no se corresponde con el que nos muestra el mundo real.


¿Qué representa pues la disciplina conocida como Neuroteología?

La Neuroteología es una disciplina encuadrada dentro del estudio de las neurociencias que se encarga de estudiar desde el punto de vista del sistema nervioso el fenómeno de las experiencias religiosas en las personas, ver qué áreas cerebrales presentan mayor actividad durante dicha experiencia y cómo funcionan. Durante las experiencias religiosas, los cuerpos de las personas que los experimentan unos cambios fisiológicos notables que pueden ser registrados y estudiados para análisis posteriores [3].

¿Qué hay que tener claro para abordar la Neuroteología desde una perspectiva neuroanatómica?

Principalmente que debido a su complejo carácter imaginativo y abstracto es necesario que haya un soporte (en este caso, una neocorteza lo suficientemente evolucionada) adecuado para poder elaborar todas esas ideas y pensamientos que finalmente llevan a la persona a experimentar esos sentimientos de carácter religioso.

Es por ello que organismos con un cerebro poco evolucionado difícilmente puedan presentar patrones de conducta relacionados con sentimientos o vinculaciones de carácter místico o religioso. De los lóbulos cerebrales que posee el cerebro humano, el más relacionado con el pensamiento trascendente y las ideas de un mundo que se ubica más allá de nuestro entendimiento y del mundo físico en el que vivimos es el frontal.

Se ve que, concretamente, la parte ventromedial del lóbulo frontal está involucrada en los procesos de consciencia e inconsciencia a través de otras redes que conectan con otras estructuras neuronales. Debido a que las experiencias religiosas se vinculan con una actividad que oscila entre una actividad consciente del individuo y un proceso inconsciente.

El lóbulo parietal, relacionado con el procesamiento de las sensaciones que nos llega de las distintas percepciones desde las distintas modalidades sensoriales también tiene su participación importante en la experiencia religiosa puesto que en el susodicho se configuran las diferentes sensaciones que la persona experimenta y que luego interpreta dentro de su marco religioso correspondiente [4].


¿Cómo es el funcionamiento corporal?

El funcionamiento general del cuerpo de la persona que está experimentando un trance religioso posee estas características:

Aunque puede parecer una cuestión puramente emocional puesto que están implicadas conductas relacionadas con convulsiones, llantos y otras reacciones aparentemente viscerales, en realidad se necesitan estructuras cerebrales más complejas.

En un estudio de Ramachandran y colaboradores (1998) se han analizado las reacciones de las personas ante estímulos que podrían causar en la persona algún tipo de respuesta conductual; concretamente, con un sujeto empleo carátulas de películas con un actor con el que dicho paciente estaba obsesionado.

La principal deducción extraída de este tipo de estudios es que se aprecia que el componente religioso está fuertemente influenciado por la cultura, que los iconos religiosos tienen su propio componente desencadenador y que áreas de asociación corticales, junto con estructuras involucradas en la emoción actúan conjuntamente durante la experiencia religiosa. Estas manifestaciones se dan en general en cualquier persona al margen de la religión que practique [5].

Dada la experiencia que tenemos del mundo, se sabe que no todas las religiones ni todas las creencias tienen el mismo grado de complejidad. Las tres grandes religiones monoteístas han desarrollado a lo largo de su existencia importantes estudios teológicos en los que establecen dogmas relacionados con sus correspondientes textos sagrados y las enseñanzas que éstos poseen.

Sin embargo, en religiones más primitivas o tribales, al no haber desarrollo intelectual y teológico de los preceptos básicos y/o de los textos sagrados de dichas religiones, el sentimiento está más vinculado a los sacerdotes de esos cultos primitivos, empleando con ello rituales animistas variados con los que consiguen entrar en una especie de conexión con las divinidades (una especie de trance).

Estos sacerdotes tienen, concretamente, el nombre de chamanes, y su práctica de estos rituales recibe el nombre de chamanismo. En bastantes estudios se entiende el chamanismo como la verdadera esencial de la Neuroteología.

¿Qué ocurre durante estos rituales chamanistas?

La actividad cerebral presenta una serie de peculiaridades concretas al margen de las generalidades vistas en el párrafo anterior: A pesar de las diferencias que puedan existir derivadas de los factores culturales, en lo concerniente a prácticas primitivas y chamanistas se aprecia que existen una especie de similitudes derivadas de unas concepciones innatas integradas en sociedades nómadas de carácter recolector y cazador.

Sus estilos de vida, y su forma de afrontar diversos acontecimientos (nacimientos, caza, rituales de paso de una fase de vida a otra…) hacen que estructuras corticales tales como el sistema límbico y otras estructuras primitivas del cerebro descarguen en el lóbulo frontal una onda lenta (theta) produciendo esos periodos que oscilan entra la consciencia y la inconsciencia [6].


Conclusiones

Para finalizar, tras haber conceptualizado la disciplina conocida como Neuroteología y tras haber ofrecido una visión antropológica y neuroanatómica de lo que supone el fenómeno religioso en el sistema nervioso, es menester mencionar junto a este concepto de la religión la noción de arquetipo.

La noción de arquetipo hace referencia a una idea referente básica sobre una realidad. Todas las religiones y creencias del mundo comparten, con matices, ideas similares: El bien y el mal, la génesis del mundo.

Estas ideas fueron desarrolladas por el psicoanalista sueco Carl Gustav Jung, el cual estableció las ideas de los arquetipos como algo que es común a todas las civilizaciones y culturas del mundo y que dependiendo de qué cultura se estudie se verá su interpretación de esa idea [2].

Referencias bibliográficas

  1. Bloch, M. (2008). Why religion is nothing special but is central. Philosophical Transactions of the Royal Society of London B: Biological Sciences, 363(1499), 2055-2061.
  2. MacLennan, B. J. (2003). Evolutionary neurotheology and the varieties of religious experience. Neurotheology: Brain, science, spirituality, religious experience, 317-334.
  3. Newberg, A. B. (2010). Principles of neurotheology. Ashgate Publishing, Ltd..
  4. Persinger, M. A., Corradini, P. L., Clement, A. L., Keaney, C. C., MacDonald, M. L., Meltz, L. I., … & Thompson, S. E. (2010). Neurotheology and its convergence with NeuroQuantology. NeuroQuantology, 8(4).
  5. Ratcliffe, M. (2006). Neurotheology: a science of what. See McNamara, 2006, 81-104.
  6. Winkelman, M. (2004). Shamanism as the original neurotheology. Zygon®, 39(1), 193-217.
Germán Albeleira

Germán Albeleira

Licenciatura en Psicología. Máster en Neurociencias.

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