¿Qué es la Reserva Cognitiva?

Introducción

La reserva cognitiva es un término neuropsicológico que se refiere a la capacidad de tolerar los cambios en las estructuras cerebrales. Cambios que pueden ser causado tanto por la edad como por alguna patología sobrevenida y que se manifiestan en la propia estructura del cerebro o en las formas de procesamiento de la información.

El término de reserva cognitiva (también denominado reserva cerebral), se acuñó a partir de varias observaciones repetidas donde no existía una relación directa entre la severidad del daño cerebral y el grado de afectación a la hora de la realización de una actividad o tarea, ni con las características clínicas de los pacientes [1].


¿Cómo se produce la reserva cognitiva?

Esta capacidad cognitiva e intelectual, la ha ido acumulando la persona a lo largo de su vida mediante los conocimientos culturales, estudios académicos, actividades de ocio (lectura, juegos, idiomas,etc.) y actividades lúdicas o deportivas que trabajen la psicomotricidad (bailar, hacer deporte, etc.). Además, influyen también las capacidades innatas y los factores genéticos, lo que explicaría la variabilidad individual [3, 4]. El tamaño cerebral ha sido corroborado como variable de reserva en algunos estudios, pero no en todos ha dado una relación positiva [1].

En relación a esto, se sabe que la participación en actividades cognitivamente estimulantes contribuye a la reserva cognitiva. De hecho, el abordaje frecuente de tareas que impliquen un reto intelectual, estaría asociado con un nivel de reserva cognitiva más alto [5].

¿Qué relación existe entre la reserva cognitiva y el deporte?

Además, una de las actividades de ocio más estudiadas es el ejercicio físico. Se ha demostrado una asociación positiva entre la actividad física y el funcionamiento cognitivo en personas mayores. Esto se explicaría porque dicha actividad estimula los factores tróficos y el crecimiento neuronal, posiblemente proporcionando una reserva contra la degeneración y la demencia. Algunos estudios relacionan la actividad física en las primeras etapas de la vida, independientemente de la actividad física actual, con la velocidad de procesar información. Esto sugiere que los individuos físicamente activos en las primeras etapas de su vida pueden beneficiarse de una mayor velocidad de procesamiento de la información en la vejez [5].

También se ha demostrado que la actividad física mantiene y estimula el flujo sanguíneo cerebral, lo que puede provocar una mejora en la capacidad aeróbica y la llegada de nutrientes al cerebro. Además de los cambios estructurales en el cerebro (reserva cerebral), la actividad física en las primeras etapas de la vida puede aumentar la capacidad funcional del cerebro (reserva cognitiva), al aumentar la eficacia nerviosa [5].


¿Qué relación existe entre la reserva cognitiva y determinadas patologías?

La reserva cognitiva actúa como factor protector de la aparición de los síntomas de la demencia. Sin embargo, no detiene las patologías neurodegenerativas cuando están muy avanzadas. Probablemente lo que la reserva cognitiva potencia es la plasticidad y conectividad de las redes neuronales. Una persona con gran reserva cognitiva, tiene su sistema nervioso acostumbrado a adaptarse a los cambios y a usar circuitos neuronales alternativos cuando algún circuito queda dañado. Por ello, las personas con alta capacidad intelectual retardan la evidencia de una demencia, potenciando y usando vías neuronales alternativas cuando la vía principal ha resultado significativamente deteriorada [3].

Existe una hipótesis alternativa denominada “Brain Battering”, que se refiere a que los sujetos con un alto nivel educativo y estatus socioeconómico elevado, tienen una menor exposición a distintas agresiones contra la salud, ya que tienen un estilo de vida más saludable, cuidados médicos de más calidad, etc. Por todo ello, se postula que tendrían menos lesiones de pequeño vaso, los cuales se consideran grandes contribuyentes a la Neurodegeneración [6].

Enfermedad de Alzheimer

Una de las enfermedades neurodegenerativas con las que más se ha estudiado la relación, es con la enfermedad de Alzheimer. Uno de los resultados obtenidos demuestra que, a mayor reserva cognitiva, mayor avance de la patología y mayor tasa de mortalidad. Es decir, los pacientes con mayor reserva cognitiva sobreviven por un periodo de tiempo más corto, pudiendo experimentar un mayor y más rápido deterioro cognitivo aumentando la mortalidad de los mismos frente a los que tienen baja reserva cognitiva. Esto se explica a través de la teoría de la discontinuidad que defiende que no hay continuidad entre patología y severidad manifestada, ya que la reserva cognitiva provoca esta discontinuidad al modular la sintomatología y retrasar su aparición [2,5,6].

El principal teórico de la reserva cognitiva, Yaakov Stern, recopila información a través de las técnicas de neuroimagen, para proponer su modelo que explica los mecanismos estructurales y funcionales cerebrales asociados a la reserva cognitiva en el envejecimiento y en la enfermedad de Alzheimer. A través de su modelo, Stern define un primer componente pasivo y un segundo componente activo o funcional [1].

El primer componente hace referencia a la influencia de las estructuras cerebrales y al número de neuronas o contacto sináptico entre ellas, mientras que el componente activo resalta la eficiencia del procesamiento sináptico, que permitiría seguir funcionando a un determinado nivel clínico o cognitivo ante el avance de una determinada patología cerebral. El estudio de este componente activo, no pretende saber las características estructurales cerebrales que posee el paciente con una mayor reserva cerebral, sino cómo funciona su cerebro y qué estrategias alternativas utiliza para que el paciente pueda seguir rindiendo a nivel clínico o cognitivo a pesar del daño o la patología [1].


Referencias bibliográficas

  1. Bosch Capdevilla, B. (2010). Influencia de la reserva cognitiva en la estructura y funcionalidad cerebral en el envejecimiento sano y patológico. Barcelona: Universidad de Barcelona.
  2. De la Vega, R. y Zambrano, A. (2003). Entrevista temática con el Profesor Yaakov Stern: la reserva cognitiva. La Circunvalación del hipocampo. Extraído de:
  3. Montañés Ibáñez, A. (2012). Enfermedad de Alzheimer y Reserva cognitiva. Publicaciones didácticas.
  4. Redolat, R. y Carrasco, M.C. (1998) ¿Es la plasticidad cerebral un factor crítico en el tratamiento de las alteraciones cognitivas asociadas al envejecimiento? Anales de psicología, 14, 45-53
  5. Rodríguez Álvarez, M. y Sánchez Rodríguez, J.L. (2004). Reserva cognitiva y demencia. Anales de psicología, 20 (2), 175-186.
  6. Sánchez Rodríguez, J.L. y Vecilla Bravo, Y. (2009). Enfermedad de Alzheimer: factores implicados en la reserva cognitiva. Salamanca: Universidad de Salamanca.
Sandra Rodríguez Chinea

Sandra Rodríguez Chinea

Trabajadora social. Grado en Psicología.

2 comentarios

Trackbacks y pingbacks

  1. […] ha sido demostrada la relación entre la práctica deportiva y la existencia de reserva cognitiva; existiendo una evidencia cada vez más creciente, de que la actividad física contribuye de manera […]

  2. […] reserva cognitiva (RC) es la capacidad cognitiva que la persona ha logrado acumular a lo largo de su vida.La RC potencia […]

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *