¿Qué son las auras epilépticas?

Introducción

El concepto de aura epiléptica se ha ido desarrollando a medida que las investigaciones avanzan en su estudio. En los años 80, se consideraba como aquella manifestación que advertía de que iba a desencadenarse una crisis. Así, la Liga Internacional contra la Epilepsia (ILAE 1981) la definía como aquella parte de la crisis epiléptica que ocurre antes de que se pierda la conciencia y cuyo recuerdo se conserva después [1,2,3].


Esta definición generó críticas por no ser suficientemente precisa, puesto que englobaría cualquier manifestación que preceda al ataque epiléptico y que pueda ser recordada cuando éste acabe. Una de las respuestas a esta definición más importantes, y que es apoyada por gran parte de los investigadores, explica que las crisis parciales simples conllevan, por definición, la preservación de la conciencia cuando acontecen. Por lo tanto, aura y crisis parcial simple serían distintos nombres para la misma entidad [1].

Otros autores han matizado que, dentro de la crisis, el aura sería esa sensación psíquica que experimenta la persona de que algo acaba de aparecer y, por ello, también se intentó concretar la definición de aura como un fenómeno ictal subjetivo. Esta experiencia psíquica subjetiva referida por los pacientes puede ser descrita como una sensación intensa de extrañeza que aparece repentinamente y que se desarrolla automáticamente, precediendo a los síntomas concretos de la crisis parcial [1].


Investigaciones

Fruto de las investigaciones anteriores, la ILAE (2010) propuso distintas modificaciones de clasificación y terminología. Por un lado, categoriza los antiguos tipos de crisis parciales como crisis focales; y por otro, incluye las auras como un tipo de estas crisis focales que implican solamente manifestaciones psíquicas o sensoriales subjetivas [1,3].

A pesar de las modificaciones de la ILAE el concepto no ha sido aplicado universalmente y aún se siguen utilizando las terminologías anteriores a la hora de tratar el tema de las auras y sus manifestaciones [3].

Implicaciones

Fisiopatológicamente, el aura se describiría como una crisis parcial simple donde un grupo de neuronas (foco epiléptico), localizado en un área determinada de uno de los hemisferios, generan una descarga anormal de breve duración. Dependiendo de las funciones del área cerebral activada, así se manifestará el aura, y dependiendo de la actividad epileptogénica pueden derivar, o no, en crisis con pérdida de conciencia o generalizarse bilateralmente [2].

Si entendemos el aura como el signo de inicio de la crisis, puede ser útil para localizar el área cerebral donde se encuentra el foco epiléptico. De esta manera, el primer síntoma del aura es la manifestación de alguna de las funciones de la zona activada por la descarga anormal, con lo cual el inicio de la descarga puede haberse originado en esa localización o cerca de ella. No obstante, el área que se activa no siempre será el lugar donde se origina la crisis ya que puede deberse a la propagación de la descarga desde otra zona que, aunque activada, no se manifiesta sintomatológicamente [1,2,3].


Clasificación

Las auras pueden implicar cualquiera de los sentidos y presentar síntomas variados, que serán más básicos al activarse cortezas primarias o más complejos si son de orden superior. También pueden expresar su relación con el sistema autonómico, las emociones, la cognición o la memoria [3].

Debido a que el aura se percibe de manera subjetiva y es el paciente el que expresa dicha sensación puede ser difícil de clasificar su respuesta en un tipo u otro. Además, una misma sensación puede encajar en varios tipos de aura, por ejemplo el calor puede ser autonómico o somatosensorial [3].

Se han conformado distintas clasificaciones de auras epilépticas pudiendo ser la más práctica aquella que las define, agrupa y diferencia en función de las manifestaciones clínicas típicas de las crisis parciales simples [1,2].


Síntomas autonómicos

Se caracterizan porque las manifestaciones son producto de la activación del sistema autónomo (palidez, vómitos, taquicardia, piloerección, etc.) [2,3].

Dentro de éstas, la más referida es aquella que produce sensaciones epigástricas y que es asociada frecuentemente, pero no exclusivamente, con la epilepsia del lóbulo temporal. Este tipo de aura produce una sensación no placentera, de vacío estomacal o presión abdominal, que suele ser ascendente y semejante a las náuseas. Los vómitos ictales están relacionados con la epilepsia parcial benigna y otras crisis parciales en las que también se incluyen las náuseas y arcadas (ictus eméticus) [2,3].


Síntomas experienciales

En este caso, existen distintas manifestaciones relacionadas con la memoria, las emociones, la cognición, así como con ilusiones perceptivas y alucinaciones. A todas ellas también se las etiqueta como auras psíquicas y, en ocasiones, puede ser difícil determinar si realmente su naturaleza es psíquica o sensorial. En general, las auras experienciales están relacionadas con áreas límbicas y de la neocorteza temporal [2,3].

Pueden existir alteraciones mnésicas, donde se distorsionan los recuerdos dando sensación de familiaridad o de extrañeza (tipos de déjà vu o jamais vu), o alteraciones cognitivas, con sensación de irrealidad y despersonalización [2].

En cuanto a los afectos, las auras emocionales aparecen, además de en la epilepsia temporal medial que afecta a la amígdala, en la epilepsia frontal medial. Ocasionalmente se han descrito emociones de tristeza, alegría, placer o irritabilidad, pero la que más frecuentemente se da en epilepsia temporal medial es el miedo ictal. Éste puede varia de leve ansiedad a gran terror y se acompaña de síntomas autonómicos (palidez, taquicardia, etc.) [2,3].

Otras formas de manifestación son las ilusiones y las alucinaciones. En las ilusiones sensoriales, los estímulos presentes se perciben distorsionados en cuanto a tamaño, color, forma, movimiento o intensidad. Así, podemos encontrar ilusiones visuales, auditivas, somateoestésicas, olfativas y gustativas. En cambio, las alucinaciones implican percibir estímulos que no están presentes, como ver personas u objetos, o escuchar voces o música, entre otras [2].


Síntomas sensoriales

Las auras estrictamente sensoriales son aquellas que involucran a alguno de los sentidos, aunque algunos autores también incluyen en este tipo el sistema vestibular.

Las auras visuales asociadas a crisis occipitales, temporales o temporooccipitales, se describen como manchas o figuras geométricas luminosas, a veces en movimiento, alteraciones del hemicampo o ceguera. Otras áreas que pueden estar implicadas en las auras visuales más complejas son la corteza prefrontal y el lóbulo parietal por su área de integración multisensorial, en relación a alucinaciones visuales y visión en túnel, respectivamente [3].

La activación del giro de Heschl, asociado a epilepsia temporal lateral, puede provocar auras auditivas básicas expresadas en pitidos, zumbidos o ruidos simples. Las más complejas, como las que implican escuchar voces que dicen algo, pueden estar relacionadas con la corteza de asociación auditiva en la circunvolución temporal superior [2,3].

Tanto las auras olfativas como las gustativas, que se manifiestan normalmente por la percepción de olores o sabores desagradables, tienen una incidencia muy baja (menor al 1%) en relación a crisis del lóbulo temporal. De hecho, las auras olfativas se asocian más a posible tumor orbitofrontal o mesial de éste mismo lóbulo. En cambio, la localización epileptogénica en las auras gustativas abarcan la circunvolución postcentral suprasilviana, los opérculos rolándico y parietal, y la ínsula [2,3].

Las auras somatosensoriales están más asociadas a epilepsia parietal y frontal y las sensaciones experimentadas pueden ser entumecimiento, acorchamiento o parestesia, sensación de movimiento o eléctrica, frío o calor, e infrecuentemente dolor [2,3].

Por último, las auras vestibulares o vertiginosas pueden expresarse como mareo o inestabilidad, rotación o desplazamiento corporal. Son las que han sido relacionadas con mayor número de áreas corticales pertenecientes a los lóbulos parietal, frontal y temporal [2,3].


Otros tipos de auras

En este último apartado se incluyen varias auras sobre las que hay diversidad de opiniones [2].

El aura cefálica engloba aquellas percepciones referidas a la cabeza como sensación de plenitud, presión, mareo, hormigueo, pesadez, etc. Y ha sido asociada más frecuentemente con áreas frontales que temporales. Sin embargo, no hay acuerdo en cuanto a clasificarla en síntomas autonómicos o en sensoriales [2,3].

Las auras motoras no son consideradas como tales debido a que se manifiestan de forma externa y no sólo subjetiva, sin embargo, otros autores señalan que aunque sean objetivables se producen cuando el paciente está consciente y son recordadas después. No obstante, han sido reportadas como movimientos faciales, masticatorios, oculares o alteraciones fonatorias como quedarse brevemente sin habla [2].


Referencias bibliográficas

  1. Álvarez- Silva, S et al (2006) Epileptic consciousness: Concept and meaning of aura. Epilepsy & Behavior; 8: 527–533.
  2. Fernández-Torre, JL. (2002) Auras epilépticas: clasificación, fisiopatología, utilidad práctica, diagnóstico diferencial y controversias. Rev Neurol; 34: 977-83.
  3. Perven, G & So, NK. (2015) Epileptic auras: phenomenology and neurophysiology. Epileptic Disord; 17 (4): 349-62.
Leticia Ramos Blázquez

Leticia Ramos Blázquez

Neuropsicóloga.

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