Cerebro Maternal: ¿cómo cambia el cerebro durante el embarazo?

Introducción

Ahora que he tenido oportunidad de estar rodeada de amigas embarazadas y que han tenido bebés me ha llamado la atención dos hechos comunes a todas ellas: lo despistadas que parecen pero también su magnífica capacidad para la multitarea, además de la pérdida de horas de sueño (las madres novatas pierden un promedio de setecientas horas de sueño en el primer año tras el parto). Y justamente estos dos hechos son los cambios más significativos a nivel cerebral que ocurren cuando alguien se queda embarazada.


¿Qué cambios cerebrales se producen durante el embarazo?

Los cambios físicos que ocurren durante el embarazo son fácilmente identificables pero los cambios a nivel cerebral, en algunos casos, no son tan visibles a primera vista, aunque no por eso, son menos importantes.

Hormonas

A lo largo del embarazo, el cerebro de la mujer está inundado de neurohormonas producidas por el feto y por la placenta. La progesterona sube de diez a cien veces su nivel normal entre el segundo y cuarto mes de embarazo y el cerebro queda inundado de esta hormona cuyos efectos sedantes son similares a los del Valium. Este efecto tranquilizante y el aumento de los estrógenos protegen contra las hormonas del estrés durante el embarazo.

La prolactina induce a la preparación del nido, es decir, procurar que la casa esté limpia y la habitación del bebé lista. La oxitocina tiene un papel fundamental tanto el parto como en la conducta maternal. De hecho, mejora el aprendizaje y la memoria, permitiendo realizar diferentes tareas además de criar a un bebé y disminuye el nivel de estrés y promueve la confianza y las relaciones sociales. De hecho, cada año se administra oxitocina sintética a millones de mujeres para provocar el parto.

Cambios estructurales a nivel cerebral

Al mismo tiempo también hay cambios en el tamaño y la estructura del cerebro. Estudios con resonancia magnética han puesto de manifiesto que el cerebro de una mujer gestante se encoge, aunque vuelve gradualmente a la normalidad alrededor de seis meses después del parto. Pero esto no quiere decir que vaya en detrimento de una disminución del número de neuronas o de la inteligencia, simplemente, su centro de atención cambia.

Uno de los descubrimientos más recientes es de la Universitat Autònoma de Barcelona. Para ello se observó el cerebro de mujeres en su primer embarazo con resonancia magnética pero también se observó el cerebro de sus parejas, así como el de mujeres que nunca habían estado embarazadas.

Los resultados ponen de manifiesto que la materia gris del cerebro de las embarazadas se reduce en áreas relacionadas con la empatía, concretamente, el córtex prefrontal y temporal, así como la línea media cortical anterior y posterior. Esta poda en las conexiones neuronales de la madre optimizaría determinadas funciones, como interpretar los estados mentales del hijo o anticipar posibles amenazas de entorno. Estos cambios se mantienen incluso dos años después del parto. Tanto en los futuros padres como en las mujeres que no habían estado embarazadas, estos cambios no se aprecian.


¿Cómo cambia el cerebro de los hombres?

Aun así, los futuros papás también experimentan cambios hormonales y cerebrales. Algunos se ilusionan mucho con el embarazo de su mujer, pero los estudios indican que el sentimiento de angustia alcanza su punto más alto entre cuatro y seis semanas después de saber que van a ser padres.

Semanas anteriores al parto

Las semanas anteriores al parto, los padres tienen una subida del 20% en su nivel de prolactina. Al mismo tiempo, su nivel de cortisol se duplica aumentando la sensibilidad y la alerta.

Semanas posteriores al parto

En las primeras semanas posteriores al parto, la testosterona desciende un tercio, mientras su nivel de estrógeno aumenta. Los hombres con niveles inferiores de testosterona oyen mejor el llanto de los bebés. Mientras que niveles inferiores de testosterona hacen disminuir también su impulso sexual durante esa temporada. La testosterona reprime la conducta maternal tanto en las mujeres como en los varones.

Por lo general, estos niveles de testosterona y prolactina del hombre se reajustan tras seis semanas del parto, y recuperan los niveles anteriores a la paternidad cuando el bebé empieza a andar. Se cree que las feromonas producidas por una mujer embarazada pueden causar tales cambios neuroquímicos en su pareja.

Parto

Tras todos estos cambios, una vez que llega el momento del parto, el cuello del útero madura. A medida que se dilata el área vaginocervical, se envía una señal nerviosa al hipotálamo del cerebro, en concreto, al núcleo paraventricular y al núcleo supraóptico. Las neuronas de estas zonas emiten impulsos de forma rítmica y al unísono, alertando a la glándula pituitaria, donde se emiten pulsos de oxitocina desde las terminales nerviosas permitiendo el parto y poco a poco se va difundiendo por todo el cuerpo, de hecho se estima que hay un número de receptores de oxitocina trescientas veces mayor que antes de que se quedara embarazada. La ausencia de oxitocina en el cerebro del bebé hace que el parto dure el doble y la expulsión de la placenta, el triple. La dosis extra de oxitocina que se libera en un parto natural no se produce en un parto por cesárea.

Después del parto, la oxitocina de la madre asegura la producción de leche durante la lactancia. Cuando el bebé succiona el pezón, estimula su liberación. Aunque al principio no es fácil, en el plazo de tres o cuatro semanas, la experiencia empieza a ser totalmente placentera.

Conclusiones

En el embarazo algo más está ocurriendo que dar a luz y alimentar al bebé; se está intercambiando una información social crucial.

La oxitocina del cerebro ayuda a predisponer a la amígdala medial a favor de estímulos sensoriales, como oler la piel del bebé o contemplarlo. Se le concede una relevancia enorme a este tipo de información, asociándola con un sentimiento emocional. Se recibe una recompensa cerebral. Este efecto de recompensa por el que aumenta la dopamina, induce a las madres a desear cuidar a sus hijos. De ahí que se haya equiparado el amor maternal al amor romántico. En ambos tipos hay un aporte de dopamina y oxitocina en el cerebro que crean el vínculo, desconectando el pensamiento juicioso y las emociones negativas. La dopamina se incrementa en el cerebro maternal por el estrógeno y la oxitocina. Es el mismo circuito de recompensa disparado en un cerebro femenino por la comunicación íntima y el orgasmo.

Sin duda los cambios que trae consigo un embarazo es un tema delicado, sobre todo cuando no se desarrolla con normalidad y también en lo referente a la conducta maternal, que se gesta de forma gradual y antes de tener el bebé en nuestros brazos, siendo cada experiencia totalmente única.


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Macarena Sánchez Rojas

Macarena Sánchez Rojas

Psicóloga General Sanitaria (Neuropsicología)

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