Ictus Infantil

¿Ictus Infantil? ¿Es posible?

¿Qué es la patología vascular?

Los accidentes cerebrovasculares (AVC) son aquellos procesos en los que se produce un daño cerebral secundario a la oclusión o ruptura de una vena o una arteria. Sus manifestaciones son agudas y se conoce con el término de accidente cerebrovascular o ictus [2,3].

El ictus isquémico arterial (AIS) es una enfermedad frecuente que rara vez ocurre durante la infancia. Sin embargo, sus consecuencias se esperan que sean de por vida e involucran a miles de niños en todo el mundo [1,2,5].

El diagnóstico se realiza mediante las pruebas de neuroimagen [5].


Clasificación

En función de la edad los clasificamos en ictus perinatales o neonatal, que son los que ocurren entre la semana 20 de gestación y los 28 días y los postnatales que ocurren después de los 28 días de vida. El límite de edad entre ictus infantil y adultos varía en función de la bibliografía estudiada, que oscila entre los 15 y 19 años [3].

Prevalencia y efectos

Entre el 6-10% de los niños que sufren un AVC fallecen, más del 20% sufre una recurrencia y el 70% sufren secuelas (déficits neurológicos persistentes, epilepsia, dificultades en el aprendizaje o problemas en el desarrollo). Las secuelas ocurren en diferentes áreas: motora, sensitiva, visual, lenguaje, cognitiva y conductual, afectando a la calidad de vida de los pacientes y de sus cuidadores [3,5].

Función motora

La función motora se ve más alterada cuando el ictus afecta a la circulación anterior, fundamentalmente la arteria cerebral media. Aunque los porcentajes de secuelas motoras son muy variables en las distintas series en general superan el 50%, llegando en algunas hasta el 90%.

Clínicamente los pacientes presentan hemiparesia, que no suele impedir la deambulación. Aunque la recuperación pueda ser aparentemente muy buena, casi la mitad quedan con secuelas fundamentalmente distales en el miembro superior, sobre todo para la realización de movimientos finos [5].

De manera general tras un ictus en la infancia, predomina una afectación del lenguaje expresivo, aunque suele existir asociada cierta alteración del lenguaje comprensivo [5].

Conducta

En cuanto al área conductual, en numerosos trabajos se ha descrito que los niños que han sufrido un ictus tienen más síntomas de TDAH, mayores problemas de relación con compañeros y conductuales en general [5].

La etapa de la vida donde el ictus es más frecuentes es en el ictus perinatal, recogiendo cifras entre 1 caso por 1.000-7.700 recién nacidos vivos.

Fuera del periodo neonatal los ictus son muy infrecuentes, siendo más alta su incidencia en los menores de 1 año [3].

El 15% de los AVC ocurre en edad pediátrica. A pesar de ser la 4º causa de consulta de déficit neurológico en la edad pediátrica solo suponen el 7% de estos casos [3].

La discapacidad de esta patología afecta significativamente a la calidad de vida de pacientes y familiares y genera un elevado coste emocional, social y económico [3].

No se han encontrado diferencias entre sexos y las diferencias entre etnias sigue siendo difícil de valorar, debido a la variabilidad de la población analizada en los estudios [3].


Factores de riesgo

Un factor de riesgo se define como una característica biológica o un hábito, que permite identificar a un grupo de personas con mayor posibilidad que la población general, para presentar una determinada enfermedad a lo largo de los años [4].

En cuanto a los factores de riesgo de AVC hay que destacar que en niños difieren significativamente de los del adulto.

Si bien causas como el colesterol, tabaquismo, consumo de alcohol, diabetes o hipertensión favorecen el desarrollo de AVC en adultos, en niños estos factores no suponen un problema determinante [3,4].

En la edad pediátrica existe un amplio abanico de patologías que predisponen a la aparición de AVC: enfermedades cardíacas, alteraciones hematológicas, infecciones, alteraciones vasculares, metabolopatías, vasculitis, procesos oncológicos, traumatismos, etc. [3,4].

Las cardiopatías congénitas representan, en diferentes series de casos revisadas, la tercera parte de todos los ictus isquémicos en los niños.

Se cree que los ictus de origen cardiaco, presentan un peor pronóstico neurológico que los de otras etiologías [4,5].

Los niños menores de 2 años tienen una mayor tendencia a presentar trombosis venosas por policitemia o deshidratación y los niños mayores, a tener trombosis arteriales (espontáneas o tras cirugía) [4].

Además, cabe resaltar que los traumatismos con repercusión sobre los vasos intra y extracraneales, que producen disección de estos, son una importante causa de ictus en los niños [4].


Presentación y recuperación

Tradicionalmente se ha considerado que el ictus en la infancia, fundamentalmente el isquémico, tiene un mejor pronóstico que el del adulto, dada la teórica mayor plasticidad del cerebro infantil

. Sin embargo, esta idea está cambiando; algunos autores consideran que existiría una mayor vulnerabilidad del cerebro en edades tempranas, con menor adaptación o incluso una compensación errónea para la realización de otras funciones [5].

Un factor determinante en la evolución de un ACV es el reconocimiento precoz del cuadro. Esto favorecerá una atención especializada más temprana, consiguiendo un diagnóstico con menos retraso y consecuentemente un mejor pronóstico de los niños/as afectados por esta patología [2,3,5].

Sin embargo, la mayoría de los signos y síntomas de los AVC son inespecíficos y fácilmente atribuibles a otras causas, por lo que la sospecha inicial en muchos casos no es fácil [3].

La edad influye en el modo de presentación, a edades más tempranas los síntomas son más inespecíficos, a mayor edad los síntomas son más específicos y parecidos a los del adulto.

Además, es importante tener en cuenta que en ocasiones las manifestaciones son breves, pudiendo durar menos de una hora, es lo que se conoce como accidente isquémico transitorio (AIT) [3].

En cuanto al tratamiento, resulta alarmante la ausencia de pautas de actuación y guías de práctica clínica para el tratamiento de AVC en niños, así como la escasez de conocimientos en el área, la falta de consenso y la ausencia de ensayos clínicos en esta patología a edades pediátricas [3].


Referencias bibliográficas:

  1. Darteyre, S. (2016). Medicina basada en la evidencia en el ictus isquémico arterial infantil: nuevas ideas y desafíos. Rev. Cubana Neurol. Neurocir, 6(1): 1-30.
  2. Pascual-Castroviejo, I., Pascual-Pascual, S.I. (1993). Patología vascular en la infancia. En: Martí-Vilalta. Enfermedades Vasculares Cerebrales. Barcelona: MCR; 463-87.
  3. Sánchez Álvarez, M.J. (2017). Epidemiología y causas de la patología vascular cerebral en niños. Rev.Esp.Pediatr, 73:1-5.
  4. Vargas Díaz, J., Garófalo Gómez, N., Barroso García, E., et al. (2008). Factores de riesgo de los ictus arteriales isquémicos en la infancia. Rev. Cubana Pediatr. 80 (3).
  5. Vázquez López, M. (2015). Factores pronósticos de los ictus isquémicos en niños con cardiopatías. Madrid: Universidad Autónoma de Madrid.

 

Sandra Rodríguez Chinea

Sandra Rodríguez Chinea

Trabajadora social. Grado en Psicología.

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