¿Cómo influye la Inteligencia Emocional sobre la Resolución de Problemas en la Adolescencia?

Introducción

El término “resolución de problemas sociales” se refiere al modo en que las personas afrontan y resuelven todo tipo de dificultades en la vida diaria [3].

El Modelo de resolución de problemas propuesto por estos autores (1999) incluye la definición de “solución de problemas sociales” como el proceso cognitivo-conductual autodirigido mediante el cual una persona intenta identificar o descubrir soluciones efectivas o adaptativas para situaciones problemáticas. Este concepto engloba cinco dimensiones (incluidas en el Inventario de Solución de problemas Sociales – Revisado; agrupadas en dos grandes bloques; por un lado, un componente motivador, denominado orientación al problema; y por otro, un componente que incluye las habilidades necesarias para resolver cualquier problema, ya sea personal, interpersonal o comunitario.

Las personas que resuelven sus problemas adecuadamente suelen gestionar de un modo eficaz su vida emocional, ya que ésta puede facilitar o inhibir el proceso de solución de problemas; las emociones pueden ayudar a identificar el problema y a evaluar las diferentes alternativas disponibles así como la viabilidad de su ejecución [1].


¿Qué es la inteligencia emocional?

En este sentido, el concepto de inteligencia emocional (IE) se define como la capacidad para procesar la información que nos proporcionan las emociones [7]; las personas emocionalmente inteligentes son aquellas que saben atender a las emociones originadas en su entorno, comprenden las posibles causas y consecuencias de esas emociones y, en consecuencia, desarrollan estrategias para regular o manejar esos estados emocionales. Esto facilita el procesamiento de la información emocional de modo que se dirige la atención hacia aquello que es relevante para solucionar los problemas. Asimismo, nos permite adoptar diferentes puntos de vista y múltiples perspectivas de los problemas.

Puntuaciones elevadas de inteligencia emocional

En esta línea, las personas con elevados índices de habilidad emocional tienden a afrontar los problemas en vez de evitarlos, debido a que perciben que su solución no depende de causas externas a ellos, sino que son atribuibles a un locus de control estable e interno [6].

En concreto, altas puntuaciones en IE se relacionaron de forma significativa con estrategias de reinterpretación positiva, mayor afrontamiento activo y planeación de la acción. Estos resultados indican que una persona emocionalmente inteligente procesa y expresa las emociones de forma útil mostrando un abanico de estrategias de afrontamiento acorde con la información que le proporcionan el estado afectivo [2]

Se ha demostrado la influencia de IE en los ámbitos educativo, de la salud y de las organizaciones e Incluso se ha puesto de manifiesto su relevancia en los procesos de orientación y formación de personas desempleadas así como su papel preventivo en la ingesta de consumo de alcohol. Los estudios dirigidos a evaluar la influencia de la IE sobre la resolución de problemas en estudiantes adolescentes emplearon los siguientes instrumentos de evaluación.


¿Cómo se evalúa la inteligencia emocional?

Existen diferentes instrumentos, cuyo objetivo fundamental es evaluar la inteligencia emocional. No obstante, en este artículo destacaremos:

Trait Meta-Mood Scale-24 (TMMS-24; [5]).

Este instrumento está integrado por 24 ítems y proporciona un indicador de los niveles de IEP. La escala está compuesta por tres subfactores:

  • La atención a las emociones, que es el grado en el que las personas creen prestar atención a sus sentimientos.
  • La claridad emocional, que se refiere a cómo creen percibir sus emociones las personas.
  • La reparación emocional, referida a la creencia del sujeto en su capacidad para interrumpir estados emocionales negativos y prolongar los positivos.

 Inventario de Solución de problemas Sociales – Revisado (SPSI-R; [4]).

Se compone de 52 ítems con una escala de respuesta tipo Likert con un rango de puntuación de 0 a 4 y repartidos en cinco dimensiones:

  • Orientación Positiva al Problema (OPP): consiste en considerar los problemas como un desafío; recoge la creencia de la persona sobre su capacidad para poder resolverlos.
  • Orientación Negativa al Problema (ONP): implica la tendencia a ver los problemas como una amenaza imposible de resolver, de manera que, recoge la creencia de la persona sobre su poca capacidad de resolverlos.
  • Resolución Racional de Problemas (RRP): consiste en la aplicación racional y sistemática de los principios y técnicas de resolución de problemas. Esta escala puede descomponerse en cuatro subescalas de cinco ítems cada una: 1) definición y formulación del problema; 2) generación de soluciones alternativas; 3) toma de decisión; 4) ejecución de la solución y verificación.
  • Estilo Impulsivo/Irreflexivo (EII): hace referencia a un perfil inadecuado de resolución de problemas; la persona intenta resolver problemas de forma precipitada.
  • Estilo de Evitación (EE): se caracteriza por aplazar la solución de los problemas; son sujetos pasivos y dependientes.

Resultados derivados de los estudios

En estudios realizados con alumnos universitarios del título de Trabajo Social se concluyó que:

  • Las personas con alta Claridad emocional presentaban una mayor Orientación Positiva al Problema y una mayor tendencia a resolverlos racionalmente, de modo que no utilizaban la estrategia de evitación para solucionarlos; esta habilidad emocional les permite utilizar menos recursos cognitivos a la hora de evaluar las diferentes alternativas de acción, empleando esos recursos en el empleo de estrategias de afrontamiento más adaptativas.
  • Una excesiva atención explica parte de la varianza en Orientación Negativa al Problema; este hecho se da preferentemente en las mujeres.
  • Los jóvenes entre 17 y 20 años presentan niveles inferiores de solución de problemas que los adultos cuyas edades oscilan entre 40 y 55 años. Sin embargo el nivel de estrategias adaptativas en la resolución de problemas desciende entre los 60 y 80 años.

Adolescentes

Los adolescentes con niveles elevados de manejo de las emociones parecen mostrar mejores estrategias de solución de problemas. La mayoría de las estrategias de regulación consisten en incrementar las emociones positivas y minimizar las negativas, por ej., mediante la imaginación de cosas agradables o la generación de perspectivas diferentes; ello posibilita no desanimarse ante las dificultades ni ceder a las emociones negativas que nos hacen pensar que las situaciones problemáticas son infranqueables; al contrario, aumenta la creencia de auto-eficacia, observando los problemas como una ocasión para el crecimiento y desarrollo personal.

Los jóvenes entre 17 y 20 años presentan niveles inferiores de resolución de problemas que los adultos cuyas edades oscilan entre 40 y 55 años. Sin embargo el nivel de estrategias adaptativas en la resolución de problemas desciende entre los 60 y 80 años.

Mujeres

Las mujeres emplean en mayor medida estrategias basadas en la orientación negativa hacia los problemas. Las mujeres tienden en mayor medida que los hombres a percibir los problemas como una amenaza y por tanto aumenta la creencia de que no será posible afrontarlo satisfactoriamente; por otro lado, los varones se caracterizan por una mayor orientación positiva hacia los problemas, un estilo más impulsivo a la hora de resolver conflictos, recurriendo en mayor medida a un estilo de evitación que las mujeres.

Conclusiones

Con este estudio se pone de manifiesto que existe una relación entre la inteligencia emocional y la resolución del conflicto, pero no determina las causas. Las emociones se pueden educar y está demostrado que con ello se mejoraría el clima de convivencia tanto en los centros educativos como fuera de ellos.


Referencias bibliográficas

  1. Becoña, E. (2004). Técnicas de solución de problemas. En F.J. Labrador, J.A. Cruzado y M. Muñoz, Manual de técnicas de modificación y terapia de conducta, (pp. 710-743). Madrid: Pirámide.
  2. Ciarrochi, J., Scott, G., Deane, F.P., Heaven, P.C.L. (2003). Relations between social and emotional competence and mental health: a construct validation study. Personality and Individual Differences, 35 (8), 1947-1963.
  3. D´Zurilla, T.J. y Nezu, A.M. (1982). Social problem solving in adults. En P. C. Kendall (Ed.), Advances in cognitive-behavioral research and therapy (Vol. 1, pp. 201-274). New York: Academic Press.
  4. D´Zurilla, T.J., Nezu, A.M. y Maydeu-Olivares, A. (1997). Manual for the Social ProblemSolving Inventory-Revised (SPSI-R), North-Tonawanda, NY: Multi-Health Systems.
  5. Fernández-Berrocal, P., Extremera, N. y Ramos, N. (2004). Validity and reability of the Spanish modified version of the trait meta-mood scale. Psychological Reports, 94, 751-755.
  6. Gohm, C.L. y Clore, G.L. (2002b). Affect as information: An individual-differences approach. En L. Feldmen Barret y P. Salovey (Eds.), The wisdom of feelings: Psychological processes in emotional intelligence (pp. 341-359). New York: Guilford.
  7. Mayer, J.D., Salovey, P. y Caruso, D.R. (2008). Emotional intelligence: New ability or eclectic traits? American Psychologist, 63 (6), 503-517.
Silvia Valdivia Vasco

Silvia Valdivia Vasco

Psicóloga. Logopeda.

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