LA TEORÍA POLIVAGAL APLICADA AL TRASTORNO LÍMITE DE LA PERSONALIDAD

¿Qué es el trastorno límite de la personalidad?

“Vivir una vida análoga a una telenovela es vivir la vida de una personalidad límite” [4]. Desde el punto de vista emocional, estas personas son altamente inestables, viéndose especialmente secuestradas por su ira.

El caos imperante en sus vidas se ve avivado por una intensa necesidad de relaciones interpersonales, así como inestables y polarizadas opiniones sobre los demás (en un momento pueden considerar a una persona como cariñosa e inteligente, y al poco tiempo, traidora y negligente).

Las personas con trastorno límite de la personalidad (TLP) tienen una tolerancia muy baja a la soledad y sienten una profunda sensación de vacío cuando no están acompañadas.

Ya sea como un medio para evitar el abandono de los demás o para aliviar su intenso dolor emocional, estas personas pueden llevar a cabo conductas autolesivas (cortes, quemaduras y otras mutilaciones) o suicidas.

Según Millon y cols. [4], se trata de personas incapaces de comprender que esta excesiva dependencia interpersonal, así como sus comportamientos drásticos, en realidad, son un camino directo hacia el alejamiento de los demás.

Presentan, además, sintomatología depresiva y ansiosa, acompañada de sentimientos de culpa e inferioridad y, en ocasiones, consumo de drogas y promiscuidad sexual.

Por otro lado, al carecer de un sentido maduro de su yo, su sistema de valores y persecución de metas orientadas por éstos son altamente evanescentes e inestables.

Finalmente, los períodos de estrés pueden llegar a causarles la entrada en estados psicóticos y disociativos transitorios.

En comparación a otros trastornos de personalidad, el TLP constituye uno de los retos más complejos y difíciles de abordar por los clínicos, haciendo que la intervención pueda llegar a ser una fuente de frustración y recelo [6], siendo la Terapia Dialéctica Conductual (DBT) y la Terapia Basada en la Mentalización (MBT) los principales tratamientos de elección [5].


Una perspectiva polivagal

La teoría polivagal de Porges se utiliza actualmente como base teórica para explicar el trauma y los trastornos relacionados con éste. Existe gran cantidad de informes de casos en los que el TLP correlaciona significativamente con un pasado de abusos sexuales y disfunción familiar, lo que ha llevado a desarrollar la hipótesis de que el TLP puede ser resultado de experiencias traumáticas en edades tempranas.

Otros eventos adversos, como ser abandonado o tener miedo a serlo, además de una falta de apego seguro, suelen acompañar igualmente al TLP.

Por otra parte, como hemos mencionado antes, suele aparecer acompañado de trastornos comórbidos relacionados con el estado de ánimo y la ansiedad.

Dada la prevalencia y severidad del TLP, algunos estudios se han dedicado a explorar los mecanismos neurológicos y psicológicos subyacentes. Los investigadores sugieren que conocer estos mecanismos puede dar lugar a desarrollar tratamientos más efectivos.

Impulsividad

Dado que la impulsividad es un aspecto central del TLP [2], se ha hipotetizado que debe existir una disfunción de la corteza prefrontal, algo que se infiere por las observaciones efectuadas sobre la conducta de personas que han sufrido daño cerebral en esa área, en las que se produce un aumento de la impulsividad.

Asimismo, los estudios volumétricos con neuroimagen han hallado que los lóbulos frontales de los participantes TLP están reducidos respecto al grupo control.

Del mismo modo, áreas de las estructuras límbicas, implicadas en la regulación emocional (como el hipocampo y la amígdala), se encuentran igualmente reducidas.

La reducción de volumen de estas estructuras, en especial del hipocampo, parece ser una consecuencia del excesivo estrés al que los pacientes TLP se ven sometidos.

Regulación emocional

Se han realizado otros estudios neuropsicológicos de los sistemas que median la regulación emocional, la impulsividad y la conducta agresiva

. Así, se han hallado, por ejemplo, déficits de serotonina (neurotransmisor relacionado con la impulsividad, la agresión y las conductas suicidas) en personas con TLP. El TLP puede ser asociado a una hiperreactividad del sistema hipotálamo-pituitario-adrenal (HPA), un sistema implicado en la reacción de estrés, la ansiedad y la reactividad emocional.

Regulación conductual

Dado que algunas manifestaciones del TLP están relacionadas con dificultades en la regulación conductual y emocional, la evaluación del sistema nervioso autónomo (SNA) puede ser útil como vía para comprender los mecanismos neurales del trastorno.

Por ello, se puede hipotetizar que (a) el componente simpático del SNA, que subyace al sistema de respuesta de lucha/huida, puede encontrarse hiperactivado; y (b) que el componente parasimpático, subyacente a los estados viscerales de calma y las conductas de interacción social, puede encontrarse deprimido.

Se han realizado estudios en este sentido que parecen confirmar la hiperactivación del componente simpático en los TLP, sin embargo no se ha evaluado aún el componente parasimpático [3].


Modelo filogenético

El modelo filogenético sobre el sistema nervioso autónomo que ofrece la Teoria Polivagal [7] provee un innovador marco de trabajo para estudiar la hipotética participación del SNA en el TLP. La teoría se centra en el rol que el SNA juega a la hora de mediar tanto las conductas de defensa como las de socialización.

También, enfatiza e integra el sistema de interacción social que regula los músculos faciales y la cabeza implicados en las conductas interpersonales (p. ej. mirada, prosodia, expresión y gesticulación) con el componente parasimpático del SNA (la ruta mielinizada del nervio vago que se dirige al corazón y da lugar a estados viscerales de calma, disminuyendo la activación simpática y la actividad del sistema HPA).

Circuitos neurales

La teoría polivagal enfatiza cómo los circuitos neurales implicados en los estados de regulación autonómica se desarrollaron para dar soporte a respuestas bioconductuales adaptativas.

Propone que las reacciones autonómicas a los cambios/estímulos son resultado de una jerarquía filogenéticamente ordenada en tres estrategias adaptativas de respuesta bioconductual.

Estas estrategias se relacionan con contextos seguros, peligrosos o amenazantes para la vida. Según esta teoría, el sistema neuroceptivo se encuentra continuamente evaluando si el contexto en el que nos encontramos es seguro o peligroso.

La neurocepción no es un proceso consciente; ocurre vía rutas inconscientes subcorticales que se encargan de activar alguno de los tres circuitos neurales (interacción social, ataque/huida, colapso).

Así, en base a la teoría polivagal, las dificultades en la regulación emocional que presentan los TLP pueden ser interpretadas como la expresión conductual de un estado fisiológico que se ha desarrollado para dar soporte a las estrategias de defensa en situaciones de peligro o amenaza vital.

Según la teoría polivagal, el fragmento mielinizado del vago, con el que cuentan los mamíferos modernos, es crítico para inhibir los circuitos límbicos de defensa, desactivando la influencia del sistema nervioso simpático sobre el corazón y disminuyendo la actividad del eje HPA.

Cuando esto sucede, el vago mielinizado funciona como un freno que mantiene los estados de calma en los contextos sociales.

Sin embargo, cuando se detecta algún riesgo, este freno deja de funcionar en un abrir y cerrar de ojos para que se movilicen las conductas de defensa. Así, el TLP puede asociarse con dificultades en la regulación del freno vagal en escenarios sociales [1].

Corazón de mamiferos

El corazón de los mamíferos se caracteriza por una influencia del vago relativamente fuerte, a través de las rutas mielinizadas de éste, sobre las neuronas marcapasos.

Funcionalmente, el impacto del freno vagal produce una tasa cardíaca inferior al ritmo normal, es decir, la frecuencia cardíaca desciende. Cuando el freno vagal no está en funcionamiento, el ritmo cardíaco vuelve a su línea de base sin necesidad de que se active el sistema simpático. Es decir, el freno del vago ejerce de modulador de la tasa cardíaca mediante sus rutas eferentes mielinizadas.

De esta manera, el freno vagal provee un mecanismo neural para cambiar los estados viscerales mediante la frecuencia cardíaca.

Neurofisiológicamente, la influencia del freno vagal se reduce o se retira para dar a poyo a los requerimientos metabólicos necesarios para la movilización conductual (p. ej. respuesta de ataque/huida) y el mantenimiento o incremento de conductas de apoyo social.

La amplitud de la arritmia respiratoria sinusal –ralentización de la frecuencia cardíaca al exhalar y aceleración de la misma al inhalar- (RSA) indica el estado del freno vagal, por lo que es un índice del efecto que la ruta mielinizada del vago está ejerciendo sobre el corazón.

Se ha comprobado que las personas con TLP tienen problemas para mantener el freno vagal en situaciones sociales. De esta manera, en respuesta a estímulos sociales, los TLP pueden pasar rápidamente de un estado de calma (con una alta amplitud del RSA) a un estado de agitación (baja amplitud del RSA) [7].


Referencias bibliográficas

  1. Austin, M. A., Riniolo, T. C., & Porges, S. W. (2007). Borderline personality disorder and emotion regulation: Insights from the Polyvagal Theory. Brain and cognition, 65(1), 69-76.
  2. Crowell, S. E., Beauchaine, T. P., & Linehan, M. M. (2009). A biosocial developmental model of borderline personality: Elaborating and extending linehan’s theory. Psychological bulletin, 135(3), 495.
  3. Lieb, K., Zanarini, M. C., Schmahl, C., Linehan, M. M., & Bohus, M. (2004). Borderline personality disorder. The Lancet, 364(9432), 453-461.
  4. Millon, T., Grossman, S., Millon, C., Meagher, S. y Ramnath, R. (2006). Trastornos de la personalidad en la vida moderna. Barcelona: Elsevier Masson.
  5. National Institute for Health and Care Excellence [NICE] (2009). Borderline Personality Disorder: recognition and management. Retrieved from: https://www.nice.org.uk/guidance/cg78/resources/borderline-personality-disorder-recognition-and-management-pdf-975635141317
  6. Palacios, A. G., Haro, M. V. N., Guillén, V., Marco, H., & Botella, C. (2010). Estudio preliminar sobre la eficacia de la terapia dialéctico-comportamental en personas diagnosticadas de trastorno límite de la personalidad y bulimia nerviosa. Psicología Conductual, 18(1), 197.
  7. Porges, S. W. (2011). The polyvagal theory: Neurophysiological foundations of emotions, attachment, communication, and self-regulation. New York: Norton.

 

Isaac Carmona

Isaac Carmona

Psicólogo. Máster Oficial en Terapias Psicológicas de Tercera Generación. Instructor de Mindfulness y Autocompasión (MSC).

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