NEUROBIOLOGÍA DE LA COMPASIÓN MINDFUL

Introducción

En artículos anteriores hemos explorado qué es y no es la autocompasión mindful, así como cuál es su sustrato neurobiológico.

En esta ocasión, vamos a centrarnos en la compasión en su conjunto, no únicamente en la que se dirige hacia uno mismo.

En este sentido, la psicología moderna (i.e. contextualismo funcional, neurobiología interpersonal, etc.) la conceptualizan como un proceso cognitivo, emocional, motivacional y conductual, que implicaría [7]:

  1. Darse duenta de la presencia del sufrimiento desde una perspectiva mindful.
  2. Sentimiento y comprensión del sufrimiento y sus causas.
  3. Apertura al sufrimiento con la intención o el deseo de aliviarlo

Por su parte, la Terapia Centrada en la Compasión, describe ciertas cualidades o atributos constitutivos de lo que ha bautizado como mente compasiva.

Estos atributos, serían la sensibilidad (consciencia del ahora, que se focaliza de manera intencional en la presencia del sufrimiento), la motivación para el cuidado del bienestar (cuidar y tratar de aliviar o prevenir el sufrimiento), la simpatía (conexión emocional con el sufrimiento, de manera refleja y responsiva, derivada de la capacidad automática de sintonizar emocionalmente con el dolor ajeno), la tolerancia a la angustia (habilidad para tolerar las emociones difíciles, así como las sensaciones corporales que emerjan), ausencia de juicios (permitirnos experimentar ciertas emociones y eventos mentales sin caer bajo el control de la condena, el juicio o la vergüenza) y empatía (intuición y comprensión de la mente propia y ajena, tanto a nivel emocional como intelectual) [1].

Una vez que hemos delimitado conceptualmente el objeto que aquí nos ocupa, dedicaremos el resto del artículo a la exposición de datos neurobiológicos relacionados con éste.


Resultados con electroencefalograma

Hace algunos años, el grupo de investigación de Richard J. Davidson se hizo la siguiente pregunta: ¿qué sucede en el cerebro durante la práctica de la compasión?

Para dar respuesta a esta cuestión registraron la actividad neural, usando en primer lugar la electroencefalografía (EEG).

En su estudio [4] participaron diez meditadores expertos (con entre 10.000 y 50.000 horas de práctica) y novatos (con tan solo una semana de práctica).

El registro de EEG mostró un aumento de la actividad gamma (patrón de ondas relacionadas con la percatación consciente) y la sincronía neural (la coordinación de la actividad gamma en diferentes grupos de neuronas, un factor importante que determina la calidad de la percatación consciente).Además, la actividad gamma era 30 veces superior en el grupo de meditadores expertos.

En relación a los cambios en la actividad cerebral, se comprobó que existían diferencias entre los propios meditadores expertos: cuanto más habían practicado, mayor era la magnitud de los cambios.

Esto es consistente con el hecho de que los beneficios de la compasión mindful son dependientes de la práctica; cuanta más experiencia se tiene, mayores son los cambios y beneficios obtenidos.


Resultados con Imagen por Resonancia Magnética Funcional

Tras realizar el estudio con EEG, el equipo de Davidson quiso investigar los circuitos neurales relacionados con la compasión.

Para ello, utilizaron la Imagen por Resonancia Magnética Funcional (IRMf) para analizar la actividad neural de 15 meditadores expertos y 15 principiantes [3].

Como estímulo evocativo de la compasión se utilizó una serie de audios en los que se escuchaba a personas llorando o gritando.

Los cambios encontrados fueron más significativos en cuanto a la actividad de la ínsula (implicada en las emociones sociales y clave en la interacción mente-cuerpo), la amígdala (componente crítico del circuito emocional y la empatía) y la unión temporoparietal derecha (vinculada a la toma de perspectiva, por ejemplo, al representarnos cómo se siente otra persona). Al igual que en el estudio anterior, la actividad cerebral era más intensa en función de la experiencia que se tuviera cultivando la compasión mindful.

Frecuencia cardíaca y compasión

Un proceso clave en la regulación afectiva es la puesta en práctica de conductas afiliativas y cariñosas.

La Teoría Polivagal de Porges [5] detalla cómo la activación de la porción mielinizada del sistema nervioso autónomo parasimpático (también llamado sistema nervioso social) ayuda a regular de manera flexible la reacción de lucha-huida (mediada por el sistema nervioso autónomo simpático).

Esta activación parasimpática permite mantener un estado de calma y relajación al encontrarnos físicamente próximos a los demás, así como recibir u ofrecer conductas afiliativas, de cuidado y prosociales.

Esto tiene su reflejo en el equilibrio entre ambas ramas autonómicas, que da lugar a una variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC).

De hecho, la inhibición de la acción simpática sobre el corazón, a través del vago mielinizado, ha demostrado estar vinculada con la respuesta de orientación y la atención sostenida hacia el mundo externo, lo que constituye el núcleo de componentes compasivos como la sensibilidad y la simpatía.

Esto ha sido comprobado de manera consistente, tanto en adultos como en niños, usando estímulos evocativos de la compasión (p.ej. videos en los que se ve a personas sufriendo).

Es más, los niños con alta deceleración cardíaca durante la presentación de los estímulos evocativos mostraron un incremento de las conductas compasivas subsecuentes.

Por otra parte, una alta VFC basal se relaciona especialmente con mayor disposición a ayudar a los demás y más capacidad para autorregular las emociones, así como estados emocionales compasivos y afecto positivo en general [2].

Recientemente se han llevado a cabo estudios que muestran que el aumento inducido de la VFC, mediante Estimulación Transcraneal con Corriente Directa sobre el lóbulo temporal izquierdo, está asociado a incrementos en afectos positivos de calma (i.e. percepción de seguridad y calidez, considerada la base emocional de la motivación compasiva y que está íntimamente enlazada con una alta VFC).

Así, una VFC alta correlacionaría con mayor capacidad para autocalmarse en contextos estresantes, lo que facilita la disposición a actuar en pos del alivio del sufrimiento al inhibirse las reacciones de lucha-huida [2].


Sistema inmune y endocrinología

La práctica de la compasión fomenta la liberación de oxitocina y reduce los niveles de cortisol. Ambas hormonas tienen un impacto sobre la actividad del sistema inmune, y por ende, en la salud.

La relación entre compasión y salud ha sido comprobada en algunos estudios controlados aleatorizados.

Por ejemplo, un estudio encontró que aquellos pacientes que percibían mayor empatía por parte de sus doctores, se recuperaban a mayor velocidad y tenían niveles superiores de la molécula inmunitaria interleucina-8.

Asimismo, un buen número de factores socioemocionales relacionados con la compasión han mostrado jugar un papel importante en la salud, tanto física como psicológica.

Así, podríamos decir que el ritmo de la vida moderna tiende a provocar inflamación crónica (incluso cuando no hay evidencia de infección).

Esta inflamación está relacionada con numerosos trastornos psiquiátricos, incluyendo depresión mayor, tx. bipolar y esquizofrenia, así como afecciones físicas, como patología cardiovascular, diabetes, cáncer y demencia.

En este contexto, la investigación ha mostrado que la compasión tiene efectos antiinflamatorios.

De esta forma, aquellas personas que practican regularmente la compasión mindful producen menor cantidad de interleucina-6 en respuesta al estrés psicosocial.

Adicionalmente, y en consonancia con lo que se ha expuesto en el punto anterior, la compasión se asocia a una menor reacción autonómica simpática ante el estrés [6].

Empatía y compasión

A la luz de las diversas investigaciones realizadas, empatía y compasión parecen depender de diferentes sistemas biológicos y redes neurales [6].

Cuando una persona observa el sufrimiento de otra, se activan en el observador las mismas redes neurales de dolor que en que sufre (la ínsula anterior y la zona medial del córtex cingulado anterior).

Estas regiones han sido relacionadas con la empatía, sugiriendo que las personas pueden compartir el sufrimiento ajeno mediante una representación neural de las emociones del otro.

La activación de estas estructuras ha sido comprobada en numerosos estudios relacionados con la empatía ante el sufrimiento.

Sin embargo, como hemos explicado al inicio de este artículo, la empatía forma parte de la compasión, pero ésta implica también la motivación para aliviar el sufrimiento –la empatía, a diferencia de la compasión, no implica realizar ningún tipo de acción aliviadora-.

Por su parte, los estudios con neuroimagen han comprobado que durante las prácticas de compasión (y también de bondad afectuosa), las redes que se activan implican a la corteza orbitofrontal medial, el putamen, el globo pálido y el área tegmental central/sustancia negra.


Referencias bibliográficas

  1. Gilbert, P. (2010). The compassionate mind: A new approach to life’s challenges. Oakland: New Harbinger.
  2. Kirby, J. N., Doty, J. R., Petrocchi, N., & Gilbert, P. (2017). The current and future role of heart rate variability for assessing and training compassion. Frontiers in public health, 5
  3. Lutz, A., Brefczynski-Lewis, J., Johnstone, T., & Davidson, R. J. (2008). Regulation of the neural circuitry of emotion by compassion meditation: effects of meditative expertise. PloS one, 3(3), e1897.
  4. Lutz, A., Greischar, L. L., Rawlings, N. B., Ricard, M., & Davidson, R. J. (2004). Long-term meditators self-induce high-amplitude gamma synchrony during mental practice. Proceedings of the National academy of Sciences of the United States of America, 101(46), 16369-16373
  5. Porges, S. W. (2011). The Polivagal Theory. New York: Norton.
  6. Singer, T., & Bolz, M. (2013). Compassion: Bridging practice and science. Leipzig: Max Planck Institute for Human Cognitive and Brain Sciences.
  7. Tirch, D., Schoendorff, B., & Silberstein, L. R. (2014). The ACT practitioner’s guide to the science of compassion: Tools for fostering psychological flexibility. New Harbinger Publications.
Isaac Carmona

Isaac Carmona

Psicólogo. Máster Oficial en Terapias Psicológicas de Tercera Generación. Instructor de Mindfulness y Autocompasión (MSC).

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  1. […] otro artículo nos ocuparemos de los aspectos neurobiológicos de la compasión, donde tendremos la oportunidad de conocer los sistemas de regulación emocional […]

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