RECOMENDACIONES PARA UN CEREBRO SALUDABLE

Introducción

Una de las preocupaciones que van surgiendo a medida que vamos cumpliendo años es saber si el funcionamiento de nuestro cerebro se mantendrá estable a lo largo de los años y a ciertos olvidos cotidianos les buscamos una explicación acerca de si son normales o patológicos.

A lo largo de la vida, nuestro cerebro va cambiando. La experiencia y el ambiente modifican los circuitos neuronales y regulan la expresión de nuestros genes. Nuestro cerebro es adaptativo, de ahí que hablemos de neuroplasticidad. Incluso en la edad adulta se pueden generar nuevas neuronas y conexiones que posibilitan nuevos aprendizajes, hecho que hasta hace bien poco se creía imposible.

También nuestro funcionamiento cerebral ha cambiado con las redes sociales y las nuevas tecnologías. Vargas Llosa llegó a afirmar que “cuánto más inteligente sea nuestro ordenador, más tontos seremos”. Si aprendemos que acceder a un dato está a solo una búsqueda en Google de distancia, decidimos no destinar nuestros recursos cognitivos a recordar la información que estamos buscando, sino a cómo acceder a la misma.


Envejecimiento normal

Lo que hay que saber es que el proceso de envejecimiento normal va acompañado de un declive natural de algunas funciones cognitivas: de memoria, habilidades visuoespaciales y velocidad de procesamiento de la información, ya que la transmisión neuronal se hace más lenta, pero la mayoría de estos cambios no interfieren con nuestras actividades diarias ni con nuestra calidad de vida.

Además, el envejecimiento provoca cambios que afectan células, tejidos y órganos. Ocurren alteraciones en la coordinación motora y en patrones del sueño, disminuyen el peso y volumen cerebral, debido a la reducción de neuronas.

También disminuyen las principales hormonas, estrógenos y progesterona en la menopausia, la testosterona y andrógenos en la andropausia. La sustancia gris se reduce a partir de la tercera década y la sustancia blanca entre la sexta y la séptima. Asimismo, hay una disminución significativa del volumen del tálamo, implicados en la velocidad de percepción.

El hipocampo es una de las estructuras más susceptibles al envejecimiento y a diferentes estímulos estresantes, así como el córtex prefrontal. Por este motivo, los fallos de memoria y las dificultades en las funciones ejecutivas son las quejas más frecuentes en los adultos mayores.

Señales de alarma

Sin embargo, hay una serie de señales de alarma a las que prestar atención:

  • Pérdidas de memoria que afectan la capacidad para trabajar
  • Dificultad al realizar tareas familiares
  • Problemas con el uso del lenguaje
  • Desorientación en tiempo y espacio
  • Juicio pobre o disminuido, por ejemplo, vestir de forma inadecuada para la estación del año en el que se encuentra
  • Problemas con el pensamiento abstracto (dificultad para realizar operaciones con números)
  • Guardar cosas en lugares equivocados y extraños
  • Cambios de humor y de conducta
  • Cambios en la personalidad
  • Pérdida de iniciativa

Hay otra serie de funciones, como el procesamiento emocional y la capacidad para ponerse en el lugar del otro, que se mantienen intactas con el tiempo; así como la memoria remota, la procedimental y la semántica.

¿Es posible detener el declive asociado a la edad?

La principal estrategia para luchar contra el envejecimiento cerebral es el tratamiento de los factores de riesgo.

Se ha observado una asociación entre un alto nivel de educación, ocupación y actividades placenteras (viajar, salir con amigos, etc.) y una disminución de la incidencia del riesgo para desarrollar demencia.


Factores que reducen el riesgo

Más concretamente, los estudios anti-edad se relacionan con los hábitos de vida de los individuos y aunque los factores genéticos son una base importante de los recursos cognitivos hay otra serie de factores que pueden reducir el riesgo de deterioro cognitivo.

El estrés oxidativo

Hoy en día es la principal fuente de envejecimiento neuronal.

Reserva cognitiva

La estimulación intelectual. Es importante mantener la mente activa, lo cual se logra conservando una amplia gama de intereses, pasatiempos y hobbies pero que resulten un desafío para nuestro cerebro.

Actividad física

Los problemas causados por un sistema circulatorio que envejece pueden reducir la afluencia de sangre que lleva oxígeno y glucosa al cerebro. Las personas que practican ejercicio físico tienen niveles más bajos de depresión, ansiedad e ira y además un mejor funcionamiento de las funciones superiores (funciones ejecutivas), como planificación, multitarea, la inhibición de información irrelevante y la memoria de trabajo. El ejercicio libera factores de crecimiento, proteínas que contribuyen al crecimiento de las dendritas y las sinapsis, e incrementa la plasticidad sináptica y el nacimiento de nuevas neuronas en el hipocampo La actividad física puede incluso realizarse a una edad avanzada, bastan programas de caminata varias veces a la semana durante 30-60min. Además practicar actividad física con alguien hace que sea más agradable.

Estrés prolongado

Evitar el estrés prolongado, ya que tiene consecuencias negativas para la memoria y las funciones ejecutivas, disminuyendo la capacidad para enfrentarse a las demandas del medio.

Dieta

El ritmo de vida acelerado, la falta de tiempo para cocinar y la gran oferta alimentaria hace difícil, en muchas ocasiones, llevar a cabo hábitos saludables. Esto conduce a que muchas personas coman en exceso, a deshoras o que pasen muchas horas sin comer. Una dieta deficiente pone al cuerpo en un estado de estrés físico y debilita el sistema inmunológico dejando a la persona más susceptible a infecciones.

Sueño

El sueño está asociado con funciones inmunes, endocrinas y de memoria. La deprivación de sueño dispara una disminución de anticuerpos y de células inmunes del diez al treinta y cinco por ciento. Las personas deberían dormir al menos ocho horas de noche y más si están enfermas.

Optimismo

Las personas optimistas viven más que las pesimistas. De acuerdo con un estudio llevado a cabo por la Clínica Mayo durante un período de treinta años, la gente pesimista tiene diecinueve por ciento menos posibilidades de alcanzar la esperanza de vida normal.

Risa

La risa nos ayuda a manejar el dolor y las dificultades y reduce la ansiedad e inquietud del cuerpo. La risa parece incrementar los anticuerpos que combaten las enfermedades de las vías respiratorias altas y otras. Reduce el cortisol, que el cuerpo libera bajo estrés. El humor también aumenta la tolerancia al dolor.


Conclusiones

Si alguna vez ha pensado “es demasiado tarde para mejorar mi salud”, no lo es. De hecho, mejorar los hábitos puede mejorar la salud a cualquier edad.

No sirve de nada lamentarse sobre lo que no se hizo hasta ahora, porque tiene mucho más valor pensar en lo que se puede hacer en el futuro. Además, un punto de vista optimista respecto a la propia capacidad para mantener hábitos saludables es el ingrediente más importante para ponerlos en práctica.

Por tanto, debemos replantear nuestro estilo de vida, remodelar nuestras prioridades y cuidarnos más, no solo para vivir más sino también para vivir mejor.


Referencias bibliográsficas

  1. Aamodt S., Wang S (2008). Entra en tu cerebro. Por qué uno pierde las llaves del coche pero nunca olvida cómo conducir y otros enigmas cotidianos. Ediciones B, Barcelona.
  2. Manes F., Niro M (2014). Usar el cerebro. Conocer nuestra mente para vivir mejor. Editorial Planeta, Buenos Aires.
  3. Niven D. (2004). Los 100 secretos de la gente saludable. Lo que los científicos han descubierto y cómo puede aplicarlo a su vida. Editorial Norma, Colombia.
  4. Unobrain (2012). Brain Fitness: la ciencia de los cerebros en forma. Unobrain Neurotechnologies.
Macarena Sánchez Rojas

Macarena Sánchez Rojas

Psicóloga General Sanitaria (Neuropsicología)

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